jueves, 20 de diciembre de 2018

LAS PICANTES CHICAS DEL MORRO


En muchas películas y series inspiradas en la Segunda Guerra Mundial hemos visto como los aviones norteamericanos, sobre todo los bombarderos, estaban decorados con dibujos de mujeres en bañador o totalmente desnudas en posturas muy  sugerentes al estilo de las pin ups. En verdad esta costumbre existió en aquellos tiempos de guerra y respondía a las ansias que tenían los soldados de tener lo que, normalmente, no encontraban en los acuartelamientos, es decir mujeres voluptuosas y sensuales. Al igual que es norma que a los barcos se les bautice con un nombre (si no da mala suerte) los aviadores también les ponían nombres a sus aparatos (los de volar, se entiende). Era común, por tanto, encontrarse con aviones llamados Memphis Belle, Pequeña Gema o Muñequita de Texas.  Cualquier soldado no podía dedicarse a pintar mujeres en el morro de las fortalezas volantes, de ahí lo del estilo nose art, y por ello se buscaba en las distintas bases a los mejores dibujantes, quienes después del trabajo se les solía pagar en agradecimiento por su buena labor. Muchos de estas mujeres tan sexis eran motivo de orgullo en el frente de batalla, pero cuando los aviones tenían que ser devueltos y reparados en Estados Unidos solía pasar lo contrario. Algunos grupos religiosos cuando veían estos dibujos quedaban escandalizados y protestaban enérgicamente al considerar indecentes y pecaminosas aquellas imágenes. Parece ser que sus gritos de indignación llegaron a los oídos de las Fuerzas Aéreas y como éstos no querían tener problemas con esta gente ordenaron que no se volviera a pintar a ninguna mujer en los aviones y que se borraran las que ya existían. Pero una cosa era dar una orden en un despacho de Estados Unidos y otra que se cumpliera a cientos de miles de kilómetros, pues los dibujantes nunca le hicieron caso y siguieron plasmando en el morro de los aviones sus sueños más atrevidos. 

FUENTE: Historias asombrosas de la Segunda Guerra Mundial,  de Jesús Hernández

miércoles, 19 de diciembre de 2018

NADA DE AGARRARSE LOS TESTÍCULOS EN UN JUICIO


Existe una falsa creencia que afirma que los romanos al jurar decir la verdad se agarraban los testículos con la mano derecha. De ahí, de esta leyenda tan extendida, se piensa que proviene la palabra “testificar”. Pero en verdad el origen de este vocablo es algo más difícil de precisar. Se cree que viene del latín testis que viene a significar algo así como testigo o persona que declara en un juicio contra otra persona. En cambio llama la atención que la palabra “testículo” también proviene etimológicamente del latín y se podría traducir por “pequeños testigos”. Nos encontramos por tanto con dos palabras, testificar y testículos, que tienen el mismo origen. Así pues, para no confundirlas las lenguas romances al evolucionar del latín decidieron que la primera fuera el resultado de testis + facere (hacer), o lo que es lo mismo “hacer de testigo”, mientras que en la segunda a testis se uniría el sufijo culus, quedando como resultado el término "testículo".  

sábado, 15 de diciembre de 2018

LA ORDEN QUE SE CREÓ GRACIAS A LA LENCERÍA FINA


Junto con la del Toisón de Oro, la Nobilísima Orden de la Jarretera o La Nobilísima Orden de la Liga es una de las órdenes de caballería más antiguas de Europa y la más prestigiosa del Reino Unido. Fue fundada por el rey Eduardo III en 1348 y sobre su origen existen varias hipótesis. La más famosa hace referencia a un incidente que se produjo durante una cena organizada en el Palacio Eltham en la que tras las postres los comensales pasaron al salón de baile. Allí el mismo rey comenzó una danza con la condesa de Salisbury (algunos la identifican con Juana de Kent) y mientras daban vueltas y vueltas ésta se horrorizó al darse cuenta de que la jarretera o liga de una de sus piernas se estaba escurriendo poco a poco hasta que cayó definitivamente al suelo. Eduardo III, viendo lo sucedido, mandó parar el baile y tras arrodillarse procedió a colocar la liga en su sitio. El monarca al alzar la cabeza observó que sus cortesanos estaban horrorizados por este hecho a lo que éste les reprendió diciendo: “HONI SOIT QUI MAL Y PENSE” (Que se avergüence quien de esto piense mal). Cuentan las crónicas que fue entonces cuando comenzó a gestarse la idea de crear una orden de caballería entorno a este lema que fue el que se puso en el escudo de armas.
Otras teorías menos novelescas creen en cambio que la Orden de la Jarretera se creó o bien como un recordatorio de la mítica Mesa Redonda en la que se sentaban el rey Arturo y sus caballeros, o como premio a los caballeros que habían sido leales al rey Eduardo III durante la Guerra de los Cien Años. Sea un origen u otro, a título personal he de confesárseles que me quedó con el primero por ser el más curioso.

viernes, 14 de diciembre de 2018

EL SECRETO DE LA TUMBA DE GENGIS KAN


La tumba del emperador mongol Gengis Kan (1162 – 1227) es uno de los grandes misterios que quedan de la Historia Universal. Son muchos los dirigentes, como por ejemplo Alejandro Magno, Alarico o Atila entre otros, los que, queriendo o sin querer, consiguieron mantener el secreto de su última morada bien por miedo a que fuera profanada o bien para seguir aumentando su leyenda. Éste el caso del personaje que nos ocupa. Gengis Kan murió el 18 de Agosto de 1227 mientras sitiaba la ciudad de Yinchian (China) cuando fue alcanzado por una flecha y derribado de su caballo. Otros historiadores en cambio opinan que el mítico emperador murió simplemente de unas fiebres producidas por las miasmas provenientes de la ciudad. Sea una cosa u otra, Gengis Kan previendo que le quedaban pocas horas de vida, ordenó que su muerte no fuera comunicada todavía a sus soldados hasta que hubieran obtenido la victoria y que tras ésta sus restos fueran llevados hasta la montaña de Burkan Kaldún situada en Mongolia.

Fue su hijo Tolui quien se encargó del cortejo fúnebre y siguiendo órdenes precisas, con el fin de mantener en secreto la ubicación de la tumba, hizo que los soldados mataran a la gente que saliera al paso de la comitiva. No debían quedar testigos de la dirección que tomaba el cortejo. Incluso esos mismos soldados fueron aniquilados nada más llegar junto con la persona que construyó el mausoleo y los asistentes al entierro. Es en este punto donde entra la leyenda pues se dice que para difuminar cualquier vestigio de la tumba más de tres mil caballos estuvieron pisoteando con furia el suelo durante tres días además de colocarse una guardia de mil soldados que debían estar de guardia hasta que volvieran a crecer los arboles del bosque que había sido talado al depositar la sepultura (me imagino que aquellos mil soldados se tendrían posteriormente que suicidar para que el secreto se mantuviera intacto, sino la cadena de muertes sería eterna).

La ubicación de la tumba todavía hoy es un misterio. Los propios mongoles se toman el tema como un tabú, ya que consideran que buscar el enterramiento de su gran líder es una falta de respeto. Además en poco ha ayudado que Mongolia estuviera durante muchos años bajo la órbita de la URSS quienes no concedían permisos para realizar excavaciones arqueológicas en aquella zona, aumentando por tanto el misterio de la última morada de Gengis Kan.  

miércoles, 12 de diciembre de 2018

¿POR QUÉ LOS INGLESES CONDUCEN POR EL LADO IZQUIERDO?


En primer lugar hay que aclarar que si los ingleses, además de otros países, conducen por la izquierda no es por simple capricho sino por una costumbre que se remonta a la Edad Media. En aquellos años era norma general que los caballeros montaran  a sus corceles por el lado izquierdo ya que de esta manera tenían libre la mano derecha para desenfundar rápidamente la espada en caso de lucha. Otro motivo se debe a la conducción de carruajes y al respeto que se debe a los viandantes. Los conductores tenían la costumbre de agarrar las riendas con la mano izquierda mientras que con la derecha sostenían el látigo. Y si no, imagínense que pasaría si el carruaje fuera por el lado derecho y al conductor le diera por utilizar la fusta con la misma mano … ¡más de un peatón se llevaría un latigazo sin querer! Cuando llegó la Revolución Francesa,  Napoleón, a quien le gustaba legislar sobre muchas cosas, estableció mediante un edicto (1794) que se debía conducir por la derecha. Edicto al que los ingleses, como se puede ver, no le hicieron mucho caso.