martes, 2 de junio de 2015

NO TAN ELEMENTAL, WATSON



Y es que por mucho que se repita una frase famosa no por ello deja de ser una mera falacia inventada. Una de ellas, la conocerán enseguida, se trata de la tantas veces repetida: “¡Elemental, querido Watson!”. Esta expresión, atribuida erróneamente al increíble personaje creado por Arthur Conan Doyle (1859 – 1930), Sherlock Holmes, hay que aclarar que nunca fue pronunciada en ninguno de los libros escritos por él. Se trata de una deformación literaria que se remonta a un momento en que el escritor inglés estaba hastiado de su personaje. Permitan que me explique: Hubo un tiempo en que Conan Doyle  se dio cuenta de que su propia creación estaba a punto de sobrepasarle, y que además de estar aburrido de recibir continuamente cartas de sus admiradores, deseaba con todo corazón escribir otro tipo de historias y con ello abrirse a nuevos horizontes literarios. Como no veía la forma de hacerlo un día se dirigió a la redacción de la revista Strand Magazine para hablar con su editor y de este modo acabar con la vida del genial detective. Claro está el editor se negó a ello y Conan Doyle, jugándose el todo por el todo, le propuso que ya que no podía hacerlo le duplicaran el precio de sus escritos. Y para sorpresa de éste el editor ni se inmutó, indicándole además que le pagaría lo que fuera con tal de que siguiera escribiendo las aventuras de Sherlock Holmes. Es por ello que, frustrado, Doyle tuvo que seguir escribiendo las mismas historias de detectives, aunque de manera más calmada. De este modo nacieron una serie de pequeñas historias agrupadas en un solo volumen titulado Memorias de Sherlock Holmes.

Y es precisamente en una de ellas titulada El hombre encorvado (1893) donde aparece por primera vez un remedo de la frase más famosa de Sherlock Holmes. Ya verán que no tiene nada que ver con la susodicha coletilla que repite continuamente nuestro detective-consultor:
(Sherlock llega a casa del doctor Watson con la intención de pedirle ayuda para resolver un caso)

-Ya veo que en este momento le da bastante trabajo su profesión.
-Sí, he tenido un día de mucha actividad –contesté- Puede parecerle una locura – añadí – pero no sé realmente cómo ha podido deducirlo.
Holmes se rió entre dientes.
-Tengo la ventaja de conocer sus costumbres, mi querido Watson –dijo -. Cuando tiene que hacer pocas visitas, va usted a pie y, cuando tiene muchas, utiliza un coche de punto. Al ver que sus botas, aunque usadas, no están sucias en absoluto, no me cabe duda de que en este momento está usted lo suficientemente ocupado para que el uso del coche de punto quede justificado.
-¡Bien deducido! –exclamé
-Es elemental –me contesto…

Nada que ver con la dichosa frase con la que muchas veces ridiculiza al pobre de Watson, ¿verdad?