jueves, 6 de agosto de 2015

MISIFÚ SE VA A LA GUERRA



Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) uno de los mayores enemigos de los soldados que estaban en las trincheras no eran solamente los hombres que les disparaban desde el otro lado de la tierra de nadie, sino las ratas y chinches que les mordía y picaban de la noche a la mañana haciéndoles la vida imposible (si esto era posible).  Era sabido por todos que los soldados por el día organizaban auténticas cacerías para acabar con estos animales, así que alguien en Estados Unidos, conociendo esta situación, publicó en el New York Times el siguiente anuncio: “¡Atención a los dueños de gatos! Las ratas amenazan la salud de los soldados norteamericanos prisioneros en los campos de concentración alemanes. Por ello, el gobierno está vendiendo a Alemania gatos para exterminar a los roedores. El ayuntamiento pagará a quien tenga gatos (…) Los pagos se realizan en la Oficina Central de Correos.” Y, claro está, cuando los empleados de estas oficinas abrieron al día siguiente sus puertas, se encontraron a cientos de personas que llevaban en brazos a sus gatos para, supuestamente, donarlos al estado. Pero pasadas algunas horas, aquella gente se llevó una gran desilusión al descubrir que todo había sido una broma efectuada por un desaprensivo al cual no le importaban los soldados americanos que estaban sufriendo en el frente europeo. 

También la podeis leer en mi otro blog: También hicieron Historia