«Árboles lloran por las lluvias y montañas por los aires, así lloran mis ojos por ti, querida amante. En tierras ajenas yo me voy a morir, frente a mí hay un anhelo que con sus ojos me mira; llorar quiero y no puedo, mi corazón suspira. Vuelvo y digo: ¿Qué va a ser de mí? En tierras ajenas yo me voy a morir» (Canción Sefardí)
Se les conoce como Sefardíes, judíos venidos y exiliados de Sefarad (palabra derivada del hebreo con el se conoce España) y guardan como oro en paño un pequeño artilugio más importante que su vida. No son joyas, manuscritos ajados o alguna sagrada mezuzá... se trata solamente de una llave. ¿Qué tiene ésta de especial? Es solamente un adminículo pero para ellos representa más que eso, pues es un recuerdo de aquellas casas que tuvieron que abandonar hace más de quinientos años en una de las deportaciones más tristes que ha vivido la Historia. Esas llaves las conservan como auténticas reliquias pasando de generación en generación como recordatorio de un tiempo en el que vivieron en el hogar de sus ancestros. Los judíos expulsados en 1492 creyeron que algún día regresarían, que antes o después volverían a meter esas llaves por la ranura de la puerta y todo quedaría en un mal sueño. Uno más de todas las pesadillas que habían vivido durante siglos... pero esta vez no fue así, esperando siglo tras siglo que acabara la infausta diáspora. Se les conoce como Sefardíes, y podemos decir que son uno de los nuestros.
Esta es la Historia de una Tragedia, como nos recuerda Joseph Pérez, la historia de la expulsión de los judíos de España. Como bien podrá haber observado el lector el tema principal de este ensayo se centra en el origen, causas y consecuencias de la expulsión. Pero no se trata de un trabajo más, entre los cientos que hay sobre la deportación de judíos españoles a finales del siglo XV, sino que ahonda más en los motivos que propiciaron ese terrible final. Joseph Pérez quiere eliminar la idea que existe en el imaginario colectivo de igualar la expulsión con la palabra Holocausto o genocidio. Sabemos que esta medida adoptada por las autoridades del momento, con los Reyes Católicos y la Inquisición a la cabeza, fue fatal y errónea pero en ningún momento equiparable a holocaustos posteriores ni que fueran medidas exclusivas en la Península Ibérica pues estas disposiciones también fueron adoptadas en otros países como Inglaterra, Francia y otros reinos de Europa. Esencialmente Joseph Pérez no lo justifica, al revés, condena la expulsión de los judíos, aunque a lo largo de este breve trabajo desea dejar las cosas meridianamente claras a la vez que desmitifica muchas ideas preconcebidas que existen sobre la expulsión tras la caída de Granada.
A pesar de ser un libro de dimensiones reducidas, Historia de una Tragedia, tiene la virtud de atesorar entre sus páginas la epopeya del pueblo judío en España desde sus inciertos y brumosos comienzos en la época de Salomón hasta el momento de su expulsión. Joseph Pérez nos hace un pequeño prólogo poniéndonos en antecedentes sobre su existencia en España. En verdad los primeros datos históricos que se conocen de este pueblo en la Península se remontan al Concilio de Elvira (300 ó 324 d.C) aunque ya sabemos que eran parte de la sociedad hispanoromana en donde ya practicaban sus costumbres religiosas. La historia de los judíos en la Edad Media es un periodo plagado de altibajos en el que con paciencia y tesón supieron sobreponerse a las circunstancias. Durante le época visigótica a partir de la conversión de Recadero en el 589 fueron victimas de persecución por lo que no es de extrañar que a la llegada de los árabes en el 711 éstos los acogieran con sumo agrado y exaltación colaborando en todo momento con los invasores. Pero estos momentos de euforia y efervescencia cultural se acabarían con la llegada de ideas religiosas más radicalizadas de la mano de almorávides y almohades. Ante esta situación los judíos en su gran mayoría optaron por emigrar al norte, a los reinos cristianos aunque estos estuvieran más desfasados que los árabes tanto cultural como económicamente. Observemos las palabras del escritor granadino Moshe ben Ezra: El destino me ha conducido a una tierra donde mis pensamientos y deseos tiemblan de temor, una gente de labios balbucientes y habla impenetrable... Son hombres salvajes necesitados de un poco de ciencia. Es en este punto donde se produce durante cierto tiempo la tan mitificada convivencia de las tres culturas, donde despunta como hito peninsular La Escuela de Traductores de Toledo. Como vemos la historia de este pueblo no traza una línea recta sino que es un sube y baja a merced de las inclemencias y circunstancias de los tiempos. A comienzos del siglo XIV los vientos empiezan a ser desfavorables y los judíos empiezan a sufrir persecuciones y a convertirse en el chivo expiatorio de los malos tiempos que corren. Para los cristianos viejos (ya comienza a trazarse una vergonzante línea entre los cristianos de toda la vida y los conversos o nuevos) los judíos son el pueblo deicida, el que ha matado a Cristo-Dios y el que con sus prácticas religiosas mancha la pureza de la fe cristiana. Se produce una auténtica cacería del judío y se le acusa de cualquier atrocidad como por ejemplo de secuestrar niños y torturarlos imitando la Pasión de Cristo (acuérdense de el Santo Niño de la Guarda). 1391 es el punto álgido de las persecuciones. Las encendidas arengas de Ferrán Martínez, arcediano de Écija, hace que se empiecen verdaderos pogromos en las distintas juderías andaluzas, extendiéndose como el aceite por las distintas aljamas de España. Ya no había vuelta atrás, la expulsión era solo cuestión de tiempo.
Y esta llegaría con la caída del último bastión árabe de la Península: Granada. Unos años antes ya se empezaba a barruntar esta decisión pues la creencia en la existencia de practicas heterodoxas y el convencimiento de que muchas de las conversiones eran falsas obligaron a la creación de la Inquisición en 1478 mediante una bula papal llamada Exigit sincerae devotionis affectus. Una tras otra las piezas de la deportación van cayendo sobre los hombros del pueblo judío. El 2 de Enero de 1492 cae Granada y un rey moro llora pues sabe que nunca más volverá a los jardines de la Alhambra. Enseguida los Reyes Católicos llevan a cabo su plan de estabilización del nuevo reino por lo que hacen público el decreto de expulsión a través del Decreto de la Alhambra o Edicto de Granada (31 de Marzo de 1492) A este colectivo se les da un plazo de 4 meses para que abandonen sus hogares y partan más allá de las fronteras, a no ser que reciban las aguas bautismales y se conviertan al cristianismo. Se concede que los expulsados puedan llevarse sus bienes, o venderlos en el plazo estipulado, aunque debido al poco tiempo se produjeron continuas extorsiones en las ventas de las propiedades dándose incluso la circunstancia de cambiar un mulo por todo un palacio.
Joseph Pérez calcula que entre 50,000 y 150,000 judíos emigraron de manera forzada a distintos destinos, como por ejemplo a ciudades o islas del Mediterráneo, Nápoles o Génova, también a Inglaterra, Flandes o Portugal (donde fueron expulsados de nuevo en 1497) o el Norte de África. Las consecuencias fueron funestas, no solo económicamente pues gran parte de las riquezas pertenecían a los banqueros judíos, sino también profesionales y, sobre todo, culturales ya que se perdieron pensadores, escritores, astrónomos o cosmógrafos. Verdaderamente podemos observar que es la Historia de una tragedia, pues aunque todavía se estudia si esta decisión fue tomada solo por intereses religiosos o políticos en busca de una unidad nacional, toda ella esta regada con las lágrimas de aquellos que un buen día de 1492 montaron en negros barcos de dudosa calidad y vieron como se alejaba en la lontananza las tierras de sus padres y las sepulturas de sus ancestros.
Joseph Pérez, Historia de una tragedia. Barcelona, Austral, 2013, 176 páginas.
