sábado, 18 de julio de 2026

LA GRAN EVASIÓN PERO ESTA VEZ EN VERSIÓN ALEMANA


 

En 1963 se estrenó la película La gran evasión, dirigida por John Sturges, en la que se cuenta la historia real de cómo 76 prisioneros americanos e ingleses consiguieron fugarse del Stalag Luft III, en la actual Polonia, en la noche del 24 al 25 de Marzo de 1944. El largometraje se convirtió en uno de los grandes clásicos del cine bélico, pero pocos sabían entonces que también hubo otra fuga parecida, en este caso, en Norteamérica aunque esta vez protagonizada por soldados alemanes. Y es que durante la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos hubo alrededor de 540 campos de prisioneros alemanes, repartidos por cinco Estados y que llegaron a albergar un total de 370.000 reos. En uno de ellos, el Papago Park (Phoenix, Arizona) a dos días de celebrarse la Navidad de 1944, 25 de estos prisioneros se fugaron con la intención de llegar a México y desde allí embarcarse hasta Alemania.

Los prisioneros alemanes, al igual que hicieron sus homólogos aliados en Europa, se prepararon a conciencia para poder escaparse y de esta manera asegurarse el éxito final. Comenzaron a excavar un túnel que les llevara más allá de los alambres de espino y para ello, de la misma manera que en la película, iban esparciendo la arena sobrante por las zonas de recreo del campo. También elaboraron documentos falsos, tiñeron sus ropas de betún para no ser detectados por la noche y así aprovechar la oscuridad del momento; robaron varios mapas de algunos coches oficiales; fabricaron brújulas e incluso consiguieron algunos dólares vendiendo parafernalia nazi a sus captores. Así pues aprovechando que había un punto ciego en el complejo fueron saliendo al exterior, reptando por una galería de 50 metros, en turnos de dos o tres prisioneros y de esta manera llegaron a fugarse un total de 25 de ellos que enseguida se pusieron camino de México.

En cuanto los soldados americanos se dieron cuenta de la fuga dieron la voz de alarma pero ya era muy tarde. En un primer momento se culpó de lo sucedido a la administración del campo debido, sobre todo, a dos hechos. Por un lado tardaron un total de 24 horas en darse cuenta y, por otro lado, como era casi Navidad muchos de los oficiales de alto rango estaban de permiso y habían delegado la custodia de los prisioneros a oficiales o guardas menos expertos en la vigilancia. Al principio incluso se llegó a pensar que se habían evadido 60 personas, aunque eso no era así ya que muchos de los prisioneros, al pasar lista, se habían escondido en los baños con la intención de mofarse de los guardas. Tal era el nivel de vigilancia que había en dicho campo. Mientras tanto los prisioneros que se habían evadido se escondieron en distintos lugares como cuevas, alcantarillas, establos y hasta en los sótanos de una escuela secundaria. Con el paso de los días, y estando ya avisado el F.B.I fueron todos capturados menos uno el cual se granjeo la amistad de algunos ciudadanos y de ciertos exploradores indios que le ayudaron a escaparse. E incluso se dio el caso de que, el fugado capitán Jürgen Wattenberg jamás quiso volver a Alemania y hasta que se entregó a la policía de Phoenix en Enero de 1945 se dedicó a boicotear cualquier tipo de instalaciones americanas.

En cuanto se supo lo ocurrido la opinión pública y la prensa criticaron duramente lo ocurrido, no solo por el paupérrimo sistema de vigilancia del campo de prisioneros o la inoperancia del director del mismo, el comandante William A. Holden, sino también por la benevolencia y laxitud con que se trataba a los propios prisioneros de guerra alemanes en los presidios estadounidenses.