viernes, 31 de julio de 2026

MESALINA - Honor Cargill-Martin

 

En un principio hemos de hablar de un adjetivo calificativo que ya casi no se usa. Si lo buscamos en el diccionario de la RAE, sea de forma física u online, encontramos que, acerca del adjetivo mesalina reza lo siguiente: <<Mujer poderosa o aristocrática y de costumbres disolutas>> y a continuación, en un breve apunte añade que hace alusión a la emperatriz Mesalina, esposa del otrora emperador Claudio, y finalmente incide en que también es sinónimo de libertina.  Es decir, que todo lo que posterioridad recuerda de élla, de la que fue una de las grandes personalidades femeninas de la antigua Roma, es un mero cliché que casi se puede clasificar en el apartado de anécdotas sexuales de la Historia Universal. A la que fue emperatriz entre el 41 al 48 d. C, que perteneció a la eminente familia Julio-Claudia y que reinó sobre un vasto imperio, incido, se la ha deshumanizado tanto que toda su vida ha quedado en un mero relato picante y en un sinónimo de maldad, violencia y apetito sexual sobre todo gracias a los escritores clásicos que la sucedieron y que legaron tal imagen a la posteridad. Pero en verdad su historia fue más compleja y rica de lo que parece, más extensa que los burdeles que pudiera visitar, y por eso quisiera recomendarles uno de los trabajos más recientes que hablan de ella en profundidad, acerca de sus virtudes, si las tenía, y de sus terribles faltas si las tuvo. Sin más dilación les presento: Mesalina, escrito por la historiadora y arqueóloga inglesa Honor Cargill-Martin (Edhasa, 2025).

Los testimonios oficiales acerca de los primeros años de vida y juventud de Valeria Mesalina (20 – 48 d. C) son muy escasos aunque pronto tenemos noticias de ella cuando contrae matrimonio con el futuro emperador Claudio (38 d.C). Como se puede ver ella es muy joven (por lo menos con respecto a los estándares actuales) y seguramente no le debía hacer mucha gracia casarse con un hombre cuasi discapacitado y de tan poca importancia en el escalafón imperial. De la misma manera tampoco sabemos mucho acerca de los primeros años de matrimonio pero todo eso cambia cuando debido al asesinato de Calígula (41 d. C) es catapultada a la cima del mundo convirtiéndose de facto, con poco más de veinte años,  en la nueva emperatriz de Roma. Y es a partir de aquí y hasta su muerte cuando comienza el carrusel de faltas y clichés que la harán pasar a la posteridad con los apelativos, sean falsos o no, de meretriz imperial, emperatriz prostituta o simplemente de ninfómana para arriba.

Si nos atenemos a los textos que nos han dejado escritores que vivieron posteriormente vemos a una Mesalina intrigante y manipuladora, ahíta de apetito sexual, veleidosa y que siempre se salía con la suya. Los escritos antiguos nos ofrecen varios ejemplos: por un lado tenemos el caso de Publio Valerio Asiático, que ostentaba el cargo de senador y que se negó a cederle los espectaculares jardines de Lúculo de los que se había encaprichado. Y por otro lado tenemos el caso de Popea Sabina la Mayor, una aristócrata que rivalizaba con ella en la caza de hombres. En ambos el deseo de Mesalina se impuso por encima de los de su marido y por tanto consiguió que se suicidaran. Y no podemos olvidarnos de otro asunto muy importante y por el que ha pasado a la Historia como una auténtica devoradora de hombres, insaciable. Plinio el Joven, entre otros, narra cómo además de saciar sus apetitos sexuales con todas las personas que había en palacio ya fueran patricios, soldados, criados o esclavos, como no tenía bastante algunas noches se ponía una peluca rubia y acudía a cualquier oscuro y tétrico burdel de la ciudad y haciéndose llamar Lycisca (pequeña loba) competía con otras prostitutas para ver con cuantos hombres se podían acostar. Haciendo fila, unos tras otros,  iban pasando por su dormitorio, y al amanecer, cuando ya había ganado a su competidora, volvía tan alegre a palacio para quitarse el sudor de los que habían pasado por su catre.

 

Mesalina de incógnito a punto de entrar en un lupanar para prostituirse  - Grabado, 1888

 

Esta es la historia que nos han legado, llena de anécdotas, chascarrillos y medias verdades, pero lo que sí parece cierto es el motivo de cómo ella misma provocó su trágico final. Según parece Valeria Mesalina acabó enamorándose de un tal Cayo Silio quien para estar a su altura decidió divorciarse de su esposa. En verdad todo aquello fue un escándalo. Pero el asunto fue escalando y en el 48 d. C, aprovechando que el emperador había acudido al puerto de Ostia aprovechó para casarse con Silio en el mismo palacio imperial. En estos momentos de la historia encontramos muchas dudas: ¿por qué lo hizo? ¿Fue una boda de verdad o solo una broma en una orgía que se les había ido de las manos? o quizás ¿un golpe de Estado para colmar las ansias de poder de una mujer que veía a su marido como un ser incompetente y que era mejor sustituirlo por su hijo Británico? Sea una cosa u otra, Claudio, alertado por la situación, volvió rápidamente a Roma y acto seguido mandó a ejecutar a Silio mientras que Mesalina se ocultaba en los famosos jardines de Lúculo. El liberto preferido del emperador, Narciso, temiendo que éste la perdonara decidió tomar cartas en el asunto e hizo que la mataran. He aquí el desafortunado final de aquella a la que la el devenir de los siglos la ha convertido en una de las villanas más famosas de la Historia.

Si no hiciéramos el simple ejercicio de profundizar un poco más en estos datos históricos, ofrecidos y pergeñados por mí en estas breves líneas, haría que tuviéramos una idea parcial y parcial de cómo fue aquella mujer. Por eso la escritora Honor Cargill-Martin quiere ir un poco más allá y mostrarnos a Mesalina alejada de la simple anécdota o del chascarrillo fácil y ofrecérnosla en toda sus complejidad histórica. Así pues hemos de hacernos a la idea de que no nos vamos a encontrar con un libro exculpatorio y desmitificador sino una obra que recoge las luces y sombras de esta emperatriz y las pone en el contexto de la política de su tiempo además como era la condición de la mujer romana en aquellos años. En realidad Mesalina no encajaba muy bien en el molde patriarcal de la época. Parece ser que no era una mujer que gustara de quedarse en casa, hilando la lana y cuidando castamente de los hijos que tuviera con el emperador. Es decir la imagen ideal que tenía todo romano de lo que debería ser una verdadera matrona. Además si a ello se añade que gustaba de participar en asuntos de Estado la falta era más grande pues dichos temas eran prioridad de los hombres. Éste es un tema delicado pues refleja cómo era el estado de la política del Principado en esos momentos ya que a muchos senadores, anhelaran o no la antigua República, no les gustaba que el centro del poder ya no estuviera en el Senado sino que se hubiera desplazado al corazón de las estancias palatinas donde a puerta cerrada se tomaban ya las decisiones principales. Así que entre esto último y que Mesalina era una mujer que gusta de tomar decisiones, por tanto, tenía todas las papeletas para ser enjuiciada de forma negativa.

Cuando la emperatriz fue ejecutada se le aplicó la llamada dammatio memoriae a su persona por lo que su relato vital fue escrito posteriormente por autores que vivieron después que ella y que en muchos casos utilizaron fuentes o no muy fiables o fuentes de fuentes de fuentes, por lo que evidentemente se desvirtuó en cierto grado la verdadera historia de esta mujer. Un ejemplo de escritores que se cebaron con ella fueron el citado Plinio el Joven, Tácito con sus Anales, Suetonio y su cotilla Vida de los doce Césares, Dión Casio y su Historia Romana o Juvenal con sus ácidas Sátiras. En todas ellas se nos muestra un sesgo misógino y deshumanizador de esta emperatriz habiendo auténticos momentos que sonrojarían al más atrevido. Además de molestar la intromisión de una mujer en temas privativos de los hombres, se la motejaba de utilizar el sistema judicial para su conveniencia, para sus venganzas personales o para conseguir, ya sea mediante exilios o ejecuciones, cualquier capricho que quisiera. También se decía que era manipuladora (recuérdese la sentencia latina acerca de que los hombres son siempre inocentes, en este caso su esposo Claudio, ya que las mujeres son por naturaleza corruptas y los maridos corrompidos, es decir unos cornudos) y gustaba de llevar la política al terreno de lo personal. Todos estos autores latinos, ya sean ciertas o no estas afirmaciones, son bastante machistas y tienen como único fin deslegitimizar la figura de una Mesalina que tal vez fue, en cierta manera, víctima del momento político en el que concurría el nuevo Imperio. En resumidas cuentas nos encontramos, como ya he indicado anteriormente, no con un libro desmitificador ni salvador, sino con un ensayo, además de estar muy bien escrito y apoyado sobre una fuerte bibliografía, en el que la autora va más allá de la anécdota y nos ofrece una visión más completa, con todas sus luces y sus sombras, con sus aciertos y sus incongruencias,  de una de las principales mujeres de la Historia de Roma.

Honor Cargill-Martin, Mesalina, traducción de Julieta Lionetti. Barcelona, Edhasa, 2025, 480 páginas.