miércoles, 7 de septiembre de 2011

EL NUBERU



Desde la antigüedad el ser humano ha tenido muchas incógnitas sobre lo que tiene por encima de sus cabezas. La climatología siempre ha sido un interrogante para el hombre y desde la misma prehistoria ha sentido por un lado respeto y por otro miedo ante los efectos que no ha podido comprender y asimilar con el cerebro. Donde no llega la razón, está el mito para sustituirlo, y desde muy pronto, a partir de la noche de los tiempos, los humanos han atribuido los movimientos de la naturaleza a los dioses y a la religión. Si a este desconocimiento le añadimos que el clima siempre ha sido un tema muy delicado para los labradores y gente del campo que ven en las estaciones un elemento de vital importancia, no es de extrañar que la superstición, la brujería, el cristianismo y la mitología se hayan conjugado en la fantasía de los pueblos.

Uno de los seres más curiosos que pululan por nuestra geografía reside en la verde Asturias y se le conoce en muchos pueblos como El Nuberu. Algunos lo asocian con la mitología grecolatina, otros con la figura del Wotan germánico o el Tarannis celta, e incluso hay quien opina que es un ser que vino desde el misterioso Egipto. En algunas regiones de aquellas ricas tierras se le conoce también como ñuberu, reñubleiro, nubleiro o Xuan Cabrita. Las zonas de la costa asturiana en cambio lo llaman Pataricu y lo asocian con seres que desconocen el fuego y que tienen un gran sentido del olfato.

Tenga el nombre que tenga, es común que este ser mágico se caracterice por ser un generador de nubes y las conduzca a su placer de un lado a otro. La forma que tiene difiere según las leyendas de cada región, pero casi todos coinciden en que es alto, algo tuerto o ciclópeo, barbudo, con una extremidades muy largas y unas orejas puntiagudas. Lleva la ropa algo chamuscada (debe ser por la exposición a los mortíferos rayos que maneja) y un gran sombrero de piel en forma de pico con el que se cubre la voluminosa cabeza. Aunque vive la mayoría de las veces oculto a las miradas, camuflado en lo alto de riscos y mares de nubes, hay ocasiones en que le gusta bajar a las aldeas y transformarse en humano buscando hospitalidad y algo de comida. Es por ello que a los lugareños les gusta ser amable con cualquier persona que llamé a su puerta, no vaya a ser que echen a un Nuberu de su casa y los castigue con abundantes lluvias y peligrosos rayos que arruinen  la valiosa cosecha.

martes, 6 de septiembre de 2011

LOS MISTERIOS DE EL ESCORIAL



Un rey con dos caras. Un autentico dios Jano que llegó a confundir por un lado a los que lo veneraban como  Rey Prudente, y a los que lo odiaban tildándolo de Diablo del Mediodía. Felipe II no fue un monarca más en la Historia de España y del mundo sino el gran cenit que marcó el esplendor del Imperio español. Entonces, si supo echarse a sus hombros una gigantesca vastedad de estados, ¿cómo es posible que todavía nos siga confundiendo? ¿Cuáles eran sus fines y que intereses tenía de verdad? Para el mundo católico se había convertido en el adalid de la fe y la pureza cristiana frente a los embates de las ramas corruptas de la iglesia, como fueron el protestantismo, el calvinismo o el anglicanismo… pero para otros este gran monarca fue mucho más allá de lo que representaba, llegando a convertirse también en su lado más oscuro, en el rey de los heterodoxos.

Desde que era pequeño sintió una pasión secreta por todo lo oculto, pero no con ánimo perverso sino como un fin para conseguir enaltecer la fe católica. Es decir buscaba una magia blanca que le llevara a instaurar la Ciudad de Dios en la tierra. Para ello ideó la construcción de la mayor obra humana de carácter histórico-mágico de la cristiandad: El Real Monasterio de San Lorenzo el Real (posteriormente sería de El Escorial). Este edificio, considerado como la Octava Maravilla del Mundo, comenzó a construirse el 23 de Abril 1563, en conmemoración de la Victoria de San Quintín frente a las tropas francesas de Enrique II, ocurrida el 10 de Agosto de 1557, día de San Lorenzo. Ésta magna obra que fue iniciada primeramente por el arquitecto Juan Bautista de Toledo, y terminada posteriormente por su compañero Juan de Herrera (cosmógrafo, matemático e iniciado en hermética) en 1584. En tan solo 22 años se habían construido 35.000 metros cuadrados de arquitectura sagrada, un auténtico templo del Sol que rivalizaría con cualquier tumba antigua de cualquier rey de la historia. Toda una hazaña.

La elección del lugar no fue casual. Se comisionó a una serie de expertos en diversos temas para que buscaran un sitio ideal para construir el palacio-monasterio-tumba donde  el rey pudiera manejar al mayor Imperio de la tierra en esos momentos. Se eligió un lugar de poder muy fuerte donde las corrientes telúricas del orbe se cruzaban continuamente. Bajo la falda del Monte Abantos y al lado de un bosque llamado La Herrería, antiguo lugar sagrado desde tiempo inmemorial, los expertos comisionados fijaron el punto exacto donde se construiría el Real Monasterio. Incluso dice la leyenda que cuando aquellos buscadores hollaron el suelo del futuro emplazamiento se levantó de repente un fuerte viento que los tiró al suelo y un trueno, como salido del suelo, casi les deja sordo, pareciendo que el mismísimo Diablo sintiera peligrar sus dominios en la tierra. Pero, quitando cualquier fábula, nada en el monasterio esta construido al azar sino siguiendo unas pautas matemáticas, astronómicas y religiosas precisas. Por ejemplo las coordenadas astrológicas son muy claras solamente teniendo una desviación de dieciséis grados respecto a los puntos cardinales.

Andar por el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es caminar por todo un mundo de misterios e interrogantes. Se necesitarían volúmenes y años de profundo estudio para desentrañar los múltiples enigmas que encierran esas piedras de poder. Pero para empezar a comprenderlo les sugiero que se dejen llevar por la soleada lonja y principien su paseo por el llamado Patio de los Reyes. Nada más entrar nos encontramos con 6 auténticos reyes de la antigüedad judía, destacando dos colosales estatuas por encima de todas. Separados podemos ver en medio a David y Salomón. Los dos grandes monarcas sobre los que pivota el ideal de esta gran construcción. Si aguzan la vista verán que el mismo rostro de David es… ¡Carlos V!, y por tanto Salomón, su hijo es, por eliminación el mismísimo Felipe II. Es decir el vástago del Emperador se cree ungido con el poder de la Sabiduría y se siente obligado, como rey bíblico que encarna, no solo a superar a su padre sino a trazar de nuevo en la tierra un nuevo Templo de Salomón. Si se estudian los planos y la composición coinciden al milímetro con los patrones arquitectónicos y conceptos que se tenían del segundo Templo de Salomón en el siglo XVI. Los trazos de la heterodoxia comienzan a filtrarse por todo el entramado del monasterio.

Personajes como los arquitectos anteriormente mencionados, Fray Antonio de Villacastín o Fray José de Sigüenza son los encargados de imprimir en la obra toda la simbología posible para que el Monasterio sea un crisol de hermetismo para restaurar la fe pura en un mundo que se va corrompiendo poco a poco. Pero todas estas personas no podían haber trabajado juntas sin un hombre clave en la vida de Felipe II: el hebraísta Benito Arias Montano, un hombre que aunque estaba protegido por el propio rey siempre estaba a un paso de caer en las garras de la inquisición. No hemos de olvidar que perteneció a una extraña sociedad secreta cristiana llamada La Familia de la Caridad (Familia Charitatis). Cuando vivía en Amberes se unió a ellos y no dudó en participar de su credo. Esta secta heterodoxa basaba su doctrina en la identificación personal con la divinidad.

Nuestro monarca quería que se convirtiera en el mayor centro de conocimiento del mundo y a fe que lo consiguió. Cientos de personas pasaron por allí, reyes, aventureros, damas y reinas, alquimistas… todos querían gozar de aquel entramado de sabiduría que se había construido en tan poco tiempo. 4.000 estancias (todas ellas con una cruz), 2.673 ventanas, 1.250 puertas, 15 claustros, 11 aljibes, 88 fuentes, 45.000 libros impresos, 5.000 códices, 1.600 cuadros, 540 cuadros, dan cuenta de la enormidad que era el Monasterio. Andar por allí es caminar por el misterio. Y es en ese lugar donde el mismo monarca, que por un lado era el príncipe del catolicismo y por otro lado era defensor de fuerzas contrarias,  también se llevo sus fobias y obsesiones. Destacan varias de ellas: a) Los cuadros del Bosco; b) Las reliquias; c) Los libros de saber; y d) la alquimia

a)      A Felipe II le apasionaban los cuadros de este pintor flamenco. En 1570 compró El Carro de Heno y lo colgó en las estancias de El Escorial, al igual que El Jardín de las Delicias y la Mesa de los Pecados Capitales. Este último lo puso incluso en su dormitorio. Su obsesión era tal que mandaba continuamente emisarios por toda Europa para comprarlos a cualquier precio. ¿Qué es lo que veía en ellos? Es un misterio pues curiosamente el Bosco pertenecía a una sociedad contraria a los designios de la Santa Madre Iglesia. Esta secta herética se llamaba los Adamitas. Siempre andaban desnudos creyendo que de esta manera se rezaba mejor y se conseguía un mayor contacto con Dios. No admitían la propiedad privada… ni tampoco respetaban la de los demás, ocasionando de esta manera muchos trastornos. Se dice que en los cuadros del Bosco se encierran las enseñanzas de esta secta e incluso visiones que se tienen de experiencias cercanas a la muerte.


b)      Si hablamos de las reliquias, decir que solamente el monasterio albergó 7.000 y que pudo haber llegado a 7.422. Allí había de todo, desde cabezas, piernas, manos, e incluso grasa del mismo San Lorenzo quemado en la parrilla. Todo ello en relicarios colocados estratégicamente en diferentes altares y repartidos por todas las estancias a modo de talismanes. Se dice que si se juntaran todas las reliquias se podían hacer 10 cuerpos de santos enteros, 144 cabezas y 306 brazos y piernas. Las dos reliquias estrella que todavía se pueden observar son la hostia milagrosa incorrupta que solo se enseña dos veces al año, y una copia de la Sabana Santa de Turín de 1590 con la que a veces se arropaba Felipe II al observar por la ventana de su habitación la misa diaria que hacían los frailes jerónimos


c)      En cuanto a los libros, si al entrar en el Patio de los Reyes gira a la derecha podrá observar la mayor biblioteca de temas ocultistas que existe si no la comparamos con la del Vaticano y la Sorbona. El suelo esta hecho de rico mármol y las estanterías son de madera de estilo dórico, en donde los libros están colocados de una manera muy curiosa. El lomo esta orientado hacia adentro en vez de lo que normalmente se hace en las bibliotecas actuales. Los bibliotecarios dicen que es solamente para que las hojas se aireen, mientras que otros opinan que es esencialmente para que la gente no vea los títulos de los libros y así se preserve el contenido mágico a miradas curiosas. En total existen unos 40.000 impresos y unos 2.600 manuscritos de los siglos V-XVIII. También hay códices muy importantes como un ejemplar de Las Cantigas de Santa María de Alfonso X y otras obras de Santa Teresa de Jesús. Gran mística del siglo XVI. Este templo del saber estuvo regentado por Arias Montano que se encargó en 1570 por orden del Duque de Alba de establecer un catálogo con el título Index Librorum Prohibitorum de los libros confiscados en toda Europa. Tras hacer el encargo y recopilar y acumular mucha información se hizo cargo de la biblioteca en 1577. En verdad que aquel encargo fue muy oportuno.


d)      La alquimia fue uno de los hechos en que más se involucró Felipe II. Aunque siempre la tomó como algo material para conseguir sus fines tanto monetarios como médicos, el hecho de que acogiera a cualquier alquimista en las estancias del monasterio es bastante significativo. Mandó construir un laboratorio que fue alojado en la llamada Torre de la Botica. Allí no solo se procedió a los más fantásticos hallazgos sino que ésta también fue utilizada para usos médicos tanto en beneficio propio de la regia figura como para el reino, introduciéndose de esta manera grandes logros médicos y saberes químicos. Pero aquella aventura acabó en desgracia pues en el aciago año de 1577, año de grandes tormentas y perros negros del infierno, aquel laboratorio en donde se perseguía la Piedra Filosofal estalló provocando un gran incendio y graves destrozos en la estructura. La versión oficial dice que fue por un rayo, muy propio de aquel año de tormentas, pero otras fuentes afirman que se trató de una explosión interna dentro de la zona donde los alquimistas preparaban sus mezclas. Otro misterio que el tiempo enterró entre sus arenas.

Como les he indicado antes, desentrañar y explicar todos los misterios del Monasterio de San Lorenzo de El escorial sería labor de toda una vida. Muchas personas los estudian con detenimiento sacando a relucir continuamente nuevos datos, como la extraña conexión de la cruz oculta del Patio de los Reyes con los puntos cardinales; la terrorífica Boca del Infierno que se halla en el interior del edificio religioso y que algunos dicen que la construcción del monasterio sirvió para sellarla a modo de talismán; las enigmáticas bolas situadas en cada torre y que albergan, como no, reliquias para evitar males tanto terrenales como ultraterrenales… Un auténtico mundo de misterios que vale la pena descubrir y que les hará ver aquella magna obra con otros ojos.

Antes  de acabar no me quisiera olvidar de hablarles de otra peculiaridad que se halla a lo lejos del Monasterio. Es la llamada Silla de Felipe II. Mucha gente cree la historia legendaria de que era allí donde se sentaba el rey a observar como iba la marcha de las obras. Ésto en verdad es falso, pues aunque tiene buenas vistas, la colocación de instrumental y enseres era bastante imposible, impidiendo la correcta apreciación de la construcción. En verdad La Silla es meramente un altar de sacrificios vetón, de origen celta del siglo IV a.C. Aun así, si alguna vez paran en aquellos lugares, déjense llevar por la imaginación y crean que alguna vez estuvo allí un rey que quiso aunar tanto el bien y el mal en un edificio que se recordara por los siglos de los siglos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

LOS ENANOS INFILTRADOS



Por: José Antonio

Si yo les dijera que durante el franquismo hubo comunistas en las instituciones desempeñando cargos de representación me dirían que estoy loco o que me he tomado unas cuantas copas de más. Sin embargo fue así.
Después de la Guerra Civil una de las instituciones más importantes del sistema político del Generalísimo fue el Sindicato Vertical. En él estaban unificados tanto obreros (llamados productores) como a patronos, todo ello encaminado a evitar la lucha de clases y el enfrentamiento entre los últimos y los primeros. Era uno de los pilares del franquismo. Tanto trabajadores como empresarios estaban obligados a afiliarse a dicho sindicato y en él se realizaba toda la gestión del sistema laboral español. En este Sindicato u Organización Sindical Española (OSE) se negociaban los convenios colectivos y se tenía todo el control del trabajo en España. Evidentemente, con esta institución la huelga quedaba prohibida y la libre sindicación de los trabajadores.
Evidentemente, existían sindicatos libres en España que funcionaban ilegalmente: la histórica UGT de ideología socialista, la anarquista CNT, la USO, de tendencia católica y las CC.OO., unidas ideológicamente al PCE. Las dos primeras funcionaban en lucha frontal contra la OSE. Los dos últimas mantuvieron una estrategia de infiltración en las instituciones del Régimen. Esta estrategia estaba encaminada a que fueran elegidos en las elecciones sindicales de la OSE miembros de estas organizaciones ilegales para ser ellos quien negociaran los convenios colectivos.
Ya a mediados de los años 60 comenzaron a verse en las empresas españolas grupos de trabajadores que se declaraban en huelga, sobre todo en los cinturones industriales de Madrid, Barcelona y Bilbao y en las minas asturianas. Famosa fue la huelga de los trabajadores de SKF en Getafe.
El año 1974 fue clave. Había elecciones sindicales y las organizaciones sindicales ilegales, sobre todo CC.OO. echaron el resto. Había que infiltrarse en el Vertical como fuera. Había que llevar a lo institucional lo que en la actividad normal de las empresas era habitual, ya que muchos empresarios negociaban ya los convenios colectivos directamente con los sindicatos clandestinos antes que pasar por la OSE y evitar de este modo el conflicto obrero y garantizar la producción.
En estas elecciones fueron mayoritarios los representantes de la base encuadrados en CCOO y USO que fueron elegidos para representar a sus sectores de actividad. Esto quiere decir que dentro de la OSE comunistas estaban dentro de las instituciones con cargos representativos. Se les llamó los enanos infiltrados por una portada de una revista en la que se ve a tres personajes de la película Blancanieves y los siete enanitos, pintando el edificio de la OSE de rojo con el titular Ha ganado el equipo colorado.

domingo, 4 de septiembre de 2011

DOS GIGANTES ESPAÑOLES



Los gigantes no han sido solamente seres mitológicos y de fantasía. A pesar de pervivir en nuestros recuerdos más infantiles a través de cuentos y leyendas, hay que constatar que no hace tanto tiempo existieron en nuestra Península dos personas a las que vecinos, amigos y conocidos conocieron como gigantes llenándolos de asombro por su increíble estatura.

El primero de ellos nos lleva a las ricas tierras de Extremadura, a la bonita localidad de Puebla de Alcocer. En una familia de extracción humilde venía al mundo en 1826 Agustín Luengo Capilla. Pronto empezó a deslumbrar a sus padres pues veían que su hijo, a lo largo de los años, no paraba de crecer y crecer, llegándose incluso a abrir agujeros dentro de la casa para que este titán pudiera andar libremente por el hogar y permitir que su cama albergara el gran tamaño de su cuerpo. Pero aunque sus padres fueran permisivos con Agustín, y supieran convivir con él con toda tranquilidad, aquello no fue del agrado de los vecinos que veían en aquella persona una amenaza, siendo continuamente objeto de escarnio, insulto y vergüenza pública. Por ello, cuando cumplió los doce años decidió dejar a sus padres e ingresó en un circo en donde conocería a más personas como él.

Allí pasó muchos años entreteniendo a la gente que se quedaba extasiado viendo el tamaño de sus manos (unos 40 cm) y como éstas cubrían de una sola vez una barra de pan de 1 kilo. Ya no era un extraño entre sus congéneres pues los había de distinto tipo y condición. Su fama era tal que incluso el mismísimo Alfonso XII decidió acudir al espectáculo, siendo tan de su agrado que decidió regalarle un par de botas de buen cuero (calzaba un 52 de pie). Pero su estrellato no solo alcanzó los oídos reales sino también los del eminente doctor D. Pedro González que enseguida se puso en contacto con el gigante de Alcocer. Por aquella época se estaba construyendo en Madrid el Museo Antropológico y el doctor no dudó en hacerle esta curiosa oferta: le compraba el esqueleto entero, pero no cuando muriera sino durante todo el tiempo que estuviera vivo, es decir 2,50 pesetas diarias. Agustín como no tenía nada que perder aceptó y esto le permitió vivir holgadamente todo el tiempo que se mantuviera con vida. Pero aquella alegría le duro poco pues poquitos años después, a los 28, murió de tuberculosis ósea. Actualmente su esqueleto puede ser observado en el Museo Nacional de Antropología en Madrid.

Pero esta persona no ha sido la más alta de España (medía unos 2,35 m) sino que por aquella época también vivió otro gigante que ostenta el record de altura en nuestro país. Se llamaba Miguel Joaquín Eleicegui Ateaga, más conocido como el Gigante de Alzo (1818-1861). Este hombre que llegó a medir 2,42 m estaba aquejado de gigantismo y siempre estuvo sometido a continuo crecimiento.


Al igual que Agustín Luengo Capilla, también fue muy popular y fue exhibido por media Europa llegando a conocer a figuras reales como Isabel II de España, Luis Felipe de Francia, o a la mismísima Reina Victoria de Inglaterra. Curiosamente, su gran estatura, era un problema para agachar su cuerpo ante los reyes y por ello les daba un dedo con el fin de entrechocar la mano en señal de respeto. Este gigantismo desmesurado le produjo la muerte siendo enterrado en una gran fosa de la localidad de Alzo. Lo que le dio fama también le consiguió la muerte e inexplicablemente su esqueleto, con el paso del tiempo desapareció del pueblo. Algunos testigos de la época dicen que vieron a unas personas sacar el cadáver entre las brumas de la noche y llevarlo a una carreta con destino desconocido. Pero otros en cambio opinan que su destino fue un museo de Inglaterra donde ahora mora el Gigante de Alzo.

sábado, 3 de septiembre de 2011

EL ENIGMA DE LAS MENINAS



Una de las joyas del actualmente remozado Museo del Prado de Madrid es el eterno cuadro de Velázquez Las Meninas, terminado de pintar en 1656 y que representa una escena familiar en el que la infanta Margarita de tan solo cinco años irrumpe en los aposentos familiares junto con sus meninas y bufones cuando el Sevillano estaba pintando un retrato de los reyes Felipe IV y su segunda esposa real la reina Mariana de Austria. El resultado del óleo fue tan satisfactorio al rey que lo colocó en su propio despacho y aceleró las disposiciones para que le fuera concedida a Velazquez en 1658 la ansiada Cruz de la Orden de Santiago que tanto deseaba el pintor.

Esta escena tan entrañable ha sido estudiada hasta la saciedad durante siglos, desde diversos puntos de vista tanto estéticos como históricos. Este cuadro primeramente llamado La Familia de Felipe IV, y después Las Meninas en 1843, de 3,21 metros de alto, por 2,81 metros de ancho se ha observado por rayos X, infrarrojos, y en él se han vistos numerosas correcciones que hacia el pintor a propósito para que su obra maestra pasara a la posteridad. A pesar de los borrones que pudiera hacer Velázquez el resultado fue increíble: en el centro vemos a la Infanta Margarita que acaba de interrumpir la sesión de posado de sus padres. Junto a ella podemos ver a dos meninas, a la derecha Doña María Agustina de Sarmiento y a su izquierda Isabel de Velasco que con actitud solicita ayudan a su señora a estar presentable ante los reyes. Más a la derecha nos encontramos con la curiosa figura de dos enanos de corte, Mari Barbola y el juguetón Nicolasín Pertusato que se distrae con la serena figura de un mastín en el rincón del lienzo. Detrás de estos bufones vemos a la dueña doña Marcela de Ulloa y al guardadamas don diego Ruiz de Ascona. A lo lejos, por encima de todos estos personajes vemos al mayordomo de palacio, José Nieto Velazquez en el mismo momento que abandona la estancia por una pequeña puerta, y junto a él un espejo nos muestra los rostros de los reyes Felipe IV y Mariana de Austria que supuestamente son los protagonistas del retrato real. Y finalmente dominando la parte izquierda del cuadro vemos a Velázquez que asoma la cabeza por encima del misterioso cuadro que en esos momentos pinta, interrogándonos con la mirada y con una gran Cruz de Santiago en el pecho. Ésta fue pintada posteriormente a su concesión por parte del rey.

He aquí la disposición que presenta el cuadro a nuestros ojos y que nos han enseñado desde que éramos pequeños. Pero desde hace poco tiempo esta presentación está empezando a ser cuestionada por numerosos expertos en arte, viendo en el lienzo algo más. ¿Una simple escena familiar? Difícil de aceptar si nos atenemos al contexto en que se hizo la obra. Permítanme que me explique: Mucha gente ha sostenido que Diego Rodrigues da Silva Velázquez fue un pintor un tanto inculto y que solo sabía las cuatro reglas y pintar obras maravillosas. Pero en verdad fue un hombre interesado en muchas ramas del saber, desde estudios de la antigüedad clásica, matemáticas, filosofía, mitología... y curiosamente astronomía y astrología. Cuando murió en 1660 numerosas personas de la corte irrumpieron en sus estancias y vieron con asombro multitud de libros sobre este tema como por ejemplo la Suma astrológica de Antonio de Nájera (1632) o las Isagogica astrologiae judiciarae, de Juan Tarnier (1559). E igualmente observaron que por las ventanas de la habitación había unos “anteojos de larga vista” que es como se conocían entonces a los rudimentarios telescopios.

Si nuestros ojos quieren ir más allá de la típica y convencional visión que aparece en los manuales de arte podemos ver en Las Meninas un pequeño camino estelar muy apreciado en el momento que se pintó el cuadro. Apoyándome en el estudio de uno de los eminentes miembros de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Fernando Ángel del Campo y Francés, titulado La Magia de Las Meninas, podemos observar que Velázquez formó con la disposición de las figuras en el lienzo el dibujo esquemático de la constelación Corona Borealis. Ésta es un semicírculo estelar situado en el hemisferio norte compuesto de 5 grandes estrellas y otras más pequeñas. Si trazamos una línea imaginaria desde la menina Sarmiento, la infanta Margarita, la menina Isabel, Velazquez y finalmente el mayordomo José Nieto podemos verlo en su claridad. Y si además sabemos que la estrella principal de esta constelación se llama Margarita Coronae el resultado se convierte en espectacular.

Pero no nos quedemos solamente en el dibujo de la constelación del norte. Ésta es solo la base del cuadro. Velázquez quiso ir más allá y conseguir mediante su obra otro fin que el pictórico. En su afán por agradar a los reyes y en agradecimiento por ser el principal pintor de corte, dentro de Las Meninas encerró un potente talismán. ¿Cómo es eso posible? Es muy sencillo, si seguimos utilizando la línea de dibujo podemos cerrar el circulo imaginario de la Corona Borealis y extraer dos trazos más que unen por un lado las cabezas de los dos personajes del fondo, Marcela de Ulloa y Diego Ruiz de Ascona, y por otro a los enanos junto al mastín, Mari Barbola y Nicolasín... formando con todo ello el increíble símbolo astrológico de Capricornio. Ninguno de los personajes del cuadro responde a ese signo zodiacal, entonces ¿por qué ese símbolo oculto?


Si nos atenemos a la época en que se culmino el cuadro 23 de Diciembre de 1656, pleno invierno, la corte de los Austrias estaba alterada. Se temía que la reina no pudiera concebir un varón para que pudiera suceder al Rey Planeta. No hacia mucho que la reina había tenido una niña epiléptica que había muerto y un año después un pequeño niño que solo duro 24 horas, amén de otros abortos que había sufrido. A finales de año parecía que la reina estaba de nuevo preparada para conseguir el ansiado príncipe y por ello todos los cortesanos observaban oscuros nubarrones en el horizonte si no había heredero varón en el futuro. Para ello Velázquez ocultó tras su obra este símbolo-talismán de Sagitario para reforzar el feliz desenlace de un futuro embarazo. Las meninas serian el símbolo de Hebe, hija de Zeus que representa la vida y la fertilidad, y el caballero de la puerta, José Nieto igualmente representaría el paso a otra vida. Si el talismán funcionó no se sabe con claridad, ya que por un lado el rey si tuvo con los años un hijo que se alzaría con la corona pero con un final bastante desastroso para los intereses de la Familia Austria. Aquel triste rey fue Carlos II, llamado El Hechizado.

viernes, 2 de septiembre de 2011

EL PERRO NEGRO DE EL ESCORIAL



El año 1577 no fue uno de los peores en el reinado del Rey Prudente, Felipe II. Las desgracias se sucedían unas a otras y se centraban sobre todo en la construcción del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. En Mayo se produjo una rebelión de canteros que dejo paralizada las obras durante cierto tiempo. En Julio, un rayo impactó contra una de las torres del Monasterio, conocida como La Torre de la Botica, produciendo un incendio de enormes proporciones que amenazó con arrasar todo lo que encontrara a su paso. En Agosto cayó desde el cielo una enorme granizada que acabó con la cosecha de vid de Robledo de Chavela y San Martín de Valdeiglesias llenando de pavor a los monjes jerónimos que veían como el infortunio se cernía sobre sus rasuradas cabezas. Tanto fue el granizo que se acumuló en los patios que sirvió durantes meses para mantener frías las bebidas y fruta de la cocina. Pero lo que lleno de miedo no solo a los religiosos y aparejadores, sino incluso al mismísimo rey fue el incidente del Perro Aullador.

Después de la gran granizada parecía que todo volvía a la realidad. Los monjes estaban tranquilos hasta que la noche del 25 de Agosto, durante los maitines, se oyeron desde el coro unos aullidos que helaban los corazones más valientes. Durante días se repitieron los mismos sonidos y algunos creyeron ver entre las obras y los andamios a un perro negro y con ojos rojos que correteaba aullando como un poseso. Pero otros quisieron ir más lejos y dijeron que era un espíritu venido del infierno que representaba al pobre pueblo de Castilla oprimido por las alcabalas que el rey Felipe obligaba a pagar para costear la faraónica obra de El Escorial.

Por ello, y para acallar los rumores el prior del Monasterio decidió enviar al obrero mayor Villacastín a encontrar al perro de la discordia. Durante días lo rastreó y como buen sabueso lo atrapó en la capilla que hay en las escaleras al lado del jardín. Lo agarró del pescuezo, le anudó el cinturón alrededor del cuello y lo ahorcó en el claustro delante de  todos los religiosos, acabando de esta manera con cualquier espíritu supersticioso que todavía tuviera dudas del poder sobrenatural de aquel animal de la noche. Pero hubo alguien que no se quedó contento con el resultado. A Felipe II la caza del perro le hizo recapacitar sobre las causas del incidente  y decidió reunir a los procuradores del reino. Vinieron ante el rey los de Salamanca, Toledo, Zamora y Sevilla y rebajaron los impuestos para que la sociedad española estuviera más tranquila y dejaran de correr vientos de rebelión.

Aun así, aunque aquel animal estuvo colgado varios días de un triste madero, reza la leyenda que tiempo después se encontró el cinturón vacío y que nunca se halló el cuerpo de aquel can. Lo que sí es significativo es que cuando Felipe II agonizaba en su habitación del Monasterio rodeado de reliquias y cuadros del Bosco oyó a un perro aullar delante de su ventana. Un sonido que le hizo abrir los ojos al rey y apartar, durante unos instantes, a la Muerte de su cama. Ordenó con mano sarmentosa que se descorrieran las ventanas y vieran lo que pasaba. Uno de los monjes oteó la negrura de la noche y detrás de un árbol creyó ver a un animal oscuro que con ojos encendidos como el carbón miraba fijamente la ventana donde el Rey del Mundo moría lentamente.

jueves, 1 de septiembre de 2011

LA TRAICIÓN DE ARIAS



Por: José Antonio
Finalizando el franquismo todas las familias políticas tomaban posiciones a la hora de la sucesión del dictador. Los reformistas del Régimen, encuadrados en el Grupo Tácito tenían la idea de que la sucesión se hiciera a través de un militar liberal que llevara a España hacia un Estado de Derecho a través de un gobierno de unidad nacional en el que entraran todas las familias políticas del Régimen y las ideologías que estaban este momento prohibidas. Todos pensaban en un hombre, el General Díez Alegría, Jefe del Estado Mayor de la Defensa. Incluso los comunistas.
Santiago Carrillo hizo un movimiento para poder entrevistarse con este hombre. A través de Ceacescu, dictador de Rumanía, se organizó una reunión de éste con Díez Alegría. El General fue contactado por un funcionario rumano en una recepción en la embajada del país centroeuropeo. Hay que tener en cuenta que España tenía relaciones comerciales con Rumanía a pesar de estar éste en la órbita soviética.
Díez Alegría comunicó a Arias Navarro la posibilidad de esta reunión. Arias lo autorizó con la frase de …a ver qué quiere el rumano. El viaje se realizó enmascarándolo como viaje de placer y Díez Alegría se acompañó de su esposa y de amigos.
Tras realizar la visita turística se produjo la entrevista con Ceacescu. Se habló de temas varios y finalmente el dictador rumano le propuso a Díez Alegría una reunión con Santiago Carrillo. El General se negó en redondo y regresó a Madrid, vía París, ¡en el mismo avión que Carrillo!
Al llegar a Madrid la noticia del encuentro del General con CEacescu se filtró y Franco montó en cólera. Preguntó a Arias si él había autorizado el viaje y la reunión y el presidente lo negó. Díez Alegría fue cesado por la traición de Arias Navarro.