lunes, 14 de enero de 2019

LA VERDADERA HISTORIA DE MATHILDE K - Adrienne Sharp


Me llamo Mathilde Kschessinska, y fui la bailarina rusa más importante de los escenarios reales. Pero el mundo en el que nací, el mundo para el que me educaron, ha desaparecido, y todos los actores que representaron papeles en él han desaparecido también…

El pueblo ruso nos ha dejado cientos de grandes recreaciones artísticas en cualquier campo de la intelectualidad. Al igual que la extensión de sus verdes estepas, el arte en la Madre Rusia esta dentro de cada ciudadano de aquella fértil tierra. Grandes compositores ha dejado en la música su huella inmortal mientras que otros grandes escritores, pintores, escultores y arquitectos han sabido dejar en el tiempo el sello de su genialidad. Pero sobre todo, por encima de todas estas clases culturales ha sobresalido, como una perla dentro de una concha la danza y el baile, muestra del espíritu creativo, sublime en su alegría y triste en su destino. Y como anillo final donde se forja ese espíritu aquellas tierras zarinas nos han dejado el Ballet Ruso Imperial donde bailarines y bailarinas se alzan al cielo con vuelos de fantasía pareciendo que desafían las leyes de gravedad y de belleza natural. Es pues en este mundo donde la delicadeza es un rasgo esencial, donde se desarrolla la novela La verdadera historia de Mathilde K, de Adrienne Sharp, que nos ofrece un gran fresco de la época imperial rusa y los azares creados por la Revolución Rusa.

¿Y quién mejor que una grácil bailarina para introducirnos en el fascinante mundo del ballet y su historia en fechas históricas tan cruciales? La autora, Adrienne Sharp se inició en el ballet cuando solo tenía siete años de edad educándose en la prestigiosa academia Harkness de Ballet de Nueva York. A la par que movía las piernas por los escenarios también se gradúo con buenas notas en seminarios de escritura obteniendo una beca Henry Hoyns de la Universidad de Virginia. A partir de ahí ha sido invitada a diferentes facultades para enseñar su estilo de escritura. Entre sus obras destaca White Swan, Black Swan, The Sleeping Beauty (como se puede observar todas obras relacionadas con el mundo de la danza) y esta última que tengo entre manos La verdadera historia de Mathilde K publicada por Roca Editorial en 2011.

En esta última novela, la autora se centra en la figura de la anciana Mathilde Kschessinska, que desde el bohemio y esperpéntico París de los años 70 evoca con su cascada voz su vida como prima ballerina del Ballet Imperial Ruso. A través de sus vivencias, esta grácil y augusta dama nos remonta en el tiempo y nos lleva de la mano a una época dorada y decadente a la vez  en donde el lujo de los zares se solapa con la pobreza de un pueblo ruso a punto de estallar. Mathilde K. comienza su narración en 1872 cuando viene al mundo cerca del nevado y brillante  San Petersburgo ingresando pronto en la afamada academia de danza de la ciudad. Allí nos narra como eran las bailarinas, como vivían, cuales eran los ejercicios que realizaban, y sobre todo las relaciones amistosas y amorosas con los otros bailarines de los que estaban separadas para evitar fugas románticas. Allí en la academia, donde tantos intereses tenían los nobles, cae en gracia a la familia imperial comenzando una relación con el joven Nicolás, heredero de la familia Romanov, lo que la llevará a codearse con las altas esferas monárquicas. Esta relación creará dos destinos distintos en los jóvenes pues mientras uno esta destinado a ser zar ella solamente será la gran bailarina rusa fundiéndose en ambos el poder y el arte.

El acercamiento a la clase dirigente por parte de Mathilde K. permite a la autora mostrarnos como era aquella Rusia que se dirigía sin saberlo a los momentos más emocionantes de su época contemporánea: los últimos coletazos del sistema imperial de los zares, los comienzos de la Revolución Rusa, y finalmente la vida triste de aquellos exiliados realistas que se alejaron de la Madre Rusia desperdigándose por toda Europa en un infausta migración. La autora, con un estilo y forma muy parecido a aquella otra novela de Arthur Golden Memorias de una Geisha, noveliza un auténtico tratado sobre el final de los zares y el mundo que se abrió por la cerrazón de Nicolás II al no atender a los requerimientos de su pueblo. Y eso es precisamente lo que lastra algo el libro pues en muchos casos el peso de la historia, casi un ensayo, resta algo de brío a la novela en sí habiendo algunas confusiones de forma. Por lo demás, la novela se deja leer de corrido, teniendo como auténtico valor la recreación de una época y un mundo ya perdidos. Un mundo que se pierde entre las brumas de las nieves de los Urales y el peso de la hoz y el martillo.

viernes, 11 de enero de 2019

LOS BARBEROS EN MESOPOTAMIA



Los habitantes de la antigua Mesopotamia le daban una gran importancia al cuidado de su cabello. Tanto que si una persona lo llevaba desordenado o sucio la tildaban de bárbaro, mientras que él que lo peinaba y lo protegía de las inclemencias del tiempo y de la edad era considerado como civilizado. A todo el mundo le gustaba ir bien aseado siendo los distintos tipos de peinado una clave para conocer la escala social del que lo portaba. No era igual el moldeado que exhibiera un rey o una reina, un noble principal o incluso un magistrado que trabajara en palacio o en un templo. Los encargados de efectuar todo tipo de peinados, de cuidar el cabello o incluso de oscurecer las canas fueron, obviamente, los barberos. Eran llamados para que fueran a cualquier sitio ya fuera a palacio, un juzgado o incluso a los mercados donde se vendían y compraban esclavos para raparlos y despojarles de su propia individualidad dejándoles solamente una especie de mechón distintivo llamado abuttum.

Pero los barberos hacían más que cortar cabellos. Tenían más funciones como por ejemplo ser verdugos, dentistas y hasta recaudador de impuestos. En total los textos sumerios distinguen cinco tipos de barberos: el común; el que se ocupaba de los nobles y las testas reales; el que solamente iba a cortar el pelo a los esclavos; los que hacían tatuajes; y finalmente los que hacían pelucas. Al final, con el paso del tiempo, sus funciones se redujeron a tres: el general (barbero común, dentista y cirujano); el encargado de rapar las cabezas de los esclavos y los de los templos. En el oficio de barbero (gallabu) se podía ganar bastante dinero pero éstos también tenían una gran responsabilidad ya que por ejemplo les podían amputar las manos si realizaban un corte de pelo indigno a una persona de la realeza o si eran denunciado por su mala praxis, o por el contrario osaban cortar la trenza o abuttum a un esclavo.

miércoles, 9 de enero de 2019

LA MALA PRENSA DE LA H HOLLYWOODIENSE



Que la famosa meca del cine se encuentre, precisamente en Hollywood, se debe a una suerte meteorológica. El 27 de Diciembre de 1913 varios directores y  productores de cine, entre los que se encontraban Samuel Goldwyn o Cecil B. De Mille, se apearon en la estación de tren de Flagstaff (Arizona) con la intención de rodar un western llamado El Mestizo. Dio la casualidad de que en ese momento estaba cayendo una fuerte tormenta de agua que estaba dejando los caminos intransitables. Es obvio que de esa manera no podían rodar ninguna película. Un lugareño que había por la zona les aconsejó que se fueran más lejos, al Oeste, pues en un lugar llamado Hollywood hacía siempre muy buen tiempo. Y así lo hicieron. Al llegar allí alquilaron una granja y en sus alrededores pudieron rodar el western sin ningún problema. El mito de Hollywood acababa de nacer.

Otro de los grandes hitos que presiden este distrito de los Ángeles es uno de los carteles más famosos del mundo: el Hollywood Sign. Este enorme letrero erigido en 1923 fue construido con motivo de una campaña publicitaria que tenía  la intención de atraer clientes que quisieran comprar una casa en una urbanización que se estaba construyendo en las colinas cercanas. El cartel original no era como el que conocemos actualmente sino mucho más grande. Se llamaba HOLLYWOODLAND y se encendía todas las noches de manera espectacular. En un principio estaba programado que se quedara allí un año y medio pero la incipiente cultura cinematográfica de la zona hizo que se quedara de manera indefinida.

Aun así el cartel sufrió a lo largo de los años un buen número de percances, deterioros físicos, y un buen puñado de actos vandálicos. Un ejemplo de ello son las vicisitudes que padeció la pobre letra H. Desde ella, en 1932, una actriz británica se acabó tirando encontrándose en su bolso una nota de suicidio. Pero lo más espectacular que le pasó a esta letra fue cuando un encargado de mantenimiento del cartel, tras haber bebido más de la cuenta se llevó por delante a la desgraciada H con su propio coche, un Ford A.
En verdad que la historia de este letrero es para hacer una película.

martes, 8 de enero de 2019

GUERRA SUBMARINA: LA BATALLA DEL ATLÁNTICO - José Manuel Gutiérrez de la Cámara Señán



La única cosa que realmente me asustó durante la guerra fue el peligro que representaron los submarinos (Winston Churchill)

La noche está tranquila. Los marinos británicos también lo están. Nada en la superficie del mar, oscuro como una mancha de vino tinto, les parece peligroso. Los vigías creen tener otro turno aburrido hasta el siguiente relevo, pero una especie de silbido a ras de agua les hace darse cuenta de su error. De pronto una gran explosión parte en dos el buque mercante y lo que prometía ser una noche anodina se convierte en una pesadilla de fuego y acero. Todo ha pasado en segundos y lo único que recuerda uno de los supervivientes rescatados al día siguiente es una especie de sombra que se alejaba en el horizonte. Seguramente un submarino alemán, un U-Boot solitario, que ha vuelto a hincar sus dientes en una nueva presa. Esta recreación, aunque ficticia, era sin lugar a dudas el día a día de uno de los conflictos más importantes que se desarrollaron durante la Segunda Guerra Mundial: La Batalla del Atlántico. Una lucha que se produjo mayoritariamente en el Atlántico Norte y que a pesar de haberse jugado en un escenario mucho más grande que otros en muchos casos parece haberse quedado en segundo plano. Es por ello que el capitán de navío y especialista en guerra submarina José Manuel Gutiérrez de la Cámara Señán, nos vuelve a recordar la génesis y desarrollo de esta enorme batalla en su obra Guerra Submarina: La Batalla del Atlántico (Nowtilus, 2018).

El origen de la guerra submarina durante la Segunda Guerra Mundial hay que buscarla en otro gran conflicto mundial: la Gran Guerra (1914 -1948). Fue entonces cuando hizo presencia un nuevo tipo de arma que haría peligrar la preponderancia de la armada británica: el submarino. Ya que los barcos alemanes pasaron gran parte del tiempo en los mismos puertos debido al bloqueo inglés, los alemanes tuvieron que tirar de ingenio y usar un arma silenciosa que en poco tiempo comenzó a hundir barcos enemigos a una velocidad alarmante. Solo la utilización del sistema de convoyes y el final de la guerra pudieron parar esta formidable nueva máquina de matar. Tan peligrosa fue para los vencedores que incluso fue prohibida totalmente en el Tratado de Versalles (1919) Aun así los alemanes no olvidarían fácilmente el poder que tenían entre manos.

Y en efecto, nada más empezar el revival de horror que fue la Segunda Guerra Mundial, los U-Boot volvieron a surcar las aguas, en este caso, del Océano Atlántico. Solo dos días después de que las fuerzas armadas alemanas penetraran en la frontera polaca. Al principio, parecía que nada había cambiado pues la Royal Navy volvía a ser la más poderosa en los mares, ante lo cual la marina del III Reich tuvo que optar por dos soluciones si quería desbancar a la armada más poderosa del mundo. Por un lado optaron por la llamada “guerra de corso”, defendida sobre todo por el comandante Erich Raeder, mientras que el almirante Karl Dönitz prefería continuar con la guerra submarina para que de este modo los ataques sorpresas de submarinos solitarios o de grupos de ellos (conocidos como manadas de lobos) fueran minando poco el potencial bélico marítimo de los británicos y sus aliados. Y como pasó en el conflicto anterior las perdidas enemigas se fueron cifrando en cientos de barcos hundidos, llegándose a convertir los submarinos en los verdaderos reyes de las aguas atlánticas. Partiendo de puertos alemanes, amigos o conquistados como por ejemplo los de Francia o Noruega las aguerridas tripulaciones se echaban a la mar para dar zarpazos sorpresivos  a cualquier buque que se pusiera a tiro de sus torpedos.

La idea era hundir todo barco enemigo, ya fuera mercante o de guerra para estrangular los abastecimientos que iban y venían desde  la fortaleza insular británica hasta las fuerzas desplegadas en el continente. Pero aunque durante los primeros años las batidas de los lobos parecían imposibles de parar, poco a poco los ingleses y sus aliados comenzaron a tomar medidas para contrarrestar esos ataques. Por un lado se volvió a imponer el sistema de convoyes utilizando corbetas, destructores o aviones como escoltas para detectar cualquier submarino que hubiera por la zona. Se perfeccionaron instrumentos que ayudaron a detectar con más precisión al enemigo como el sonar o el radar e incluso se utilizaron grupos de científicos con el fin de descifrar la famosa máquina Enigma. Gracias a ello los aliados dispusieron de un elemento con el que por fin podían saber que rutas utilizaban los submarinos alemanes y poder así desviar sus convoyes de las rutas de peligro. Todo valía con tal de ganar aquella batalla.

El libro de José Manuel Gutiérrez describe paso a paso el origen, desarrollo y final de la Batalla del Atlántico, además de enseñarnos cuales fueron las estrategias de cada bando, que tipo de submarinos fueron usados, cómo eran los aguerridos marinos (pues no todos servían) que viajaban y vivían durante meses en aquellos cilindros acuáticos, y las claves que dieron la victoria a los aliados, como por ejemplo la entrada de Estados Unidos en el conflicto, los avances tecnológicos anteriormente mencionados, o la caída de Francia en 1944. Nos encontramos con un trabajo  muy bien detallado, a la par que didáctico, que hará las delicias de todos aquellos que quieran disfrutar de un libro bélico bien escrito y documentado. Aunque eso sí, lo que no les puedo asegurar es que algún rocío salado del mar les acabe salpicando.
Buena lectura y buena inmersión.

viernes, 4 de enero de 2019

EL ÚLTIMO TESORO VISIGODO - José Calvo Poyato


Llama la atención que el periodo visigótico en España, pase, la mayoría de las veces, de puntillas por los libros de Historia y que, debido a ello, se enseñe de forma apresurada. Esto sucede debido a varios factores. Uno, que se tomen los dos siglos y medio que estuvieron los visigodos en España como una especie de bisagra entre dos acontecimientos importantes de nuestra historia como son la Hispania romana y el establecimiento de Al-Ándalus durante casi ocho siglos. Y tampoco ayuda que hace algunos años lo único que se estudiara acerca de este tiempo fueran las interminables listas de los reyes godos,  de mala memoria para muchos estudiantes que acabaron aborreciendo todo lo que tuviera ver con aquella época. Menos mal que poco a poco, tanto los ensayos como las novelas históricas van interesándose más por el mundo visigodo acercándonos más a sus hitos históricos y artísticos. Uno de éstos se titula El último tesoro visigodo, escrito por el novelista e historiador José Calvo Poyato, en él que retrata las vicisitudes que sufrió el famoso Tesoro de Guarrazar desde la caída del reino visigodo tras la Batalla de Guadalete (711)  hasta su descubrimiento a mediados del siglo XIX y la posterior codicia y mercadeo que se levantó  a su alrededor.

Cerca de la localidad toledana de Guadamur  se encuentra una zona de huertas llamada Guarrazar por las que cualquier persona poco viajada y poco leída solo vería una sucesión de campos de labrantío en mitad del campo manchego. Pero dio la casualidad que a mediados del siglo XIX, precisamente en 1858,  la Historia quiso que este lugar fuera por un tiempo protagonista de uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de España. La novela de José Calvo Poyato comienza justamente aquí cuando una familia de campesinos acomodados de Guadamur, encabezados por Francisco Morales y María Pérez, al volver de Toledo se encuentra por casualidad una tumba en la que dentro hay un gran tesoro compuesto de varias coronas votivas, cruces de oro, piedras preciosas y demás alhajas dignas de un rey. El desconocimiento acerca de qué era aquello lleva a Francisco a intentar vender dicho tesoro, pero en cuanto lo intenta comienza a fraguarse todo un laberinto de intereses y codicia entre vecinos y potentados que también intentan hacer fortuna no solo del hallazgo sino de otros que van apareciendo por la zona. Al no haber todavía una legislación fuerte con respecto al patrimonio histórico la rapiña se hizo dueña y señora de la zona comenzando un expolio del que muy pocas piezas halladas se salvaron. ¡Incluso llegó a ir hasta Francia! Con el tiempo el tesoro volvió a la Península (1941) pero la codicia y la ambición que no solo mostraron los lugareños sino también las altas esferas hicieron que actualmente el gran tesoro de Guarrazar se encuentre en tres instituciones como son el Museo de Cluny (París), el Museo Arqueológico Nacional, y el Palacio Real de Madrid. Incluso existen piezas que se perdieron en la noche de los tiempos.

La novela está enmarcada en dos fases temporales. Por un lado, tenemos la línea anteriormente mencionada acerca de los avatares que sufrió el Tesoro de Guarrazar a lo largo del siglo XIX y parte del XX. En cambio, engastada a esta historia como joya en una corona votiva, el autor nos lleva a los últimos momentos del reino visigodo (siglo VIII), precisamente a la Batalla de Guadalete (711) cuando las fuerzas expedicionarias árabes acabaron definitivamente con el ejercito del rey Rodrigo haciendo caer a la monarquía visigótica. Nos detalla cómo fue esa batalla, la resistencia posterior de ciudades como Córdoba, y el exilio al norte de muchos caballeros que esperaron con paciencia la oportunidad de volver sobre sus pasos y recuperar el reino y las riquezas escondidas que una traición les había arrebatado. El último tesoro visigodo una novela muy interesante en que la historia y el thriller se dan la mano para que conozcamos la historia singular de un hallazgo arqueológico y como la ambición estuvo a punto de que se perdiera para siempre.