Ni por dejadez
ni por olvido, sino por la guerra y la sinrazón humana el monumento griego del
Partenón se encuentra hoy en el estado que todos conocemos. El templo
consagrado a Atenea Partenos fue construido en la parte más alta de la acrópolis
ateniense entre el 448 al 432 a. C por los arquitectos Ictinos, Calícrates y
Fidias y hasta el siglo VI d. C mantuvo su función original cuando los
cristianos la consagraron como una iglesia. Años después en 1456, en cambio, fueron
los otomanos quienes reconvirtieron el templo griego en una mezquita a la que
se le añadió al lado un minarete para que los creyentes fueran llamados a la
oración. Pero las guerras de religión que mantuvieron austriacos, polacos,
rusos y venecianos contra los otomanos entre 1683 y 1699 cambiaron por completo
la fisonomía del Partenón. Los venecianos, tras la conquista de Mórea,
quisieron ocupar Atenas y rodearon el monumento griego que por aquel tiempo
había sido reconvertido en un polvorín por los otomanos. Éstos se creían a
salvo dentro del complejo arquitectónico porque pensaban que quién iba a
disparar contra uno de los monumentos más importantes del mundo. Pero se
equivocaron porque fueron los venecianos quienes el 26 de Septiembre de 1686
bombardearon el lugar provocando que el Partenón volara en pedazos. Obviamente
el templo quedó hecho pedazos y por ello siglos después, en 1806, Thomas Bruce,
conde de Elgin, viendo el estado en que se encontraba el lugar quiso adquirir
las esculturas y mármoles supervivientes y llevárselos a Inglaterra en donde
hoy día todavía pueden ser admirados en el Museo Británico de Londres.
domingo, 8 de diciembre de 2019
domingo, 1 de diciembre de 2019
EL MISTERIOSO DESTINO DE LOS SOLDADOS DE HERSBRUCK
Uno de los
hechos más conocidos de la Segunda Guerra Mundial es que muchos de los
prisioneros alemanes capturados durante la contienda acabaron siendo alojados
en centros de detención de los Estados Unidos. Aun así, entre todos estos envíos
hemos de destacar uno en particular en el que 27.000 de estos soldados, de un
total de 50.000 capturados en Mayo de 1945 se perdieron durante su estancia en Norteamérica
sin tener ninguna certeza de dónde se habían escondido. Este hecho es, desde
luego, de lo más curioso, pero si además añadimos que estos temibles soldados
median unos 5 centímetros y que eran figuritas de plomo pintadas y hechas a
manos, hace que el interés de esta historia sea mayor. Para conocer este relato
hemos de retroceder a finales de la guerra cuando los americanos descubrieron
en el Museo de la ciudad de Hersbruck, localidad cercana a Núremberg, una excelente
colección de soldados de plomo que muy pronto, y a pesar de las protestas de
las autoridades de la ciudad, fueron requisadas como botín de guerra. Cuatro
años después, en 1952, los conservadores del museo reclamaron que les fueran
entregadas de nuevo pues no tenía ningún sentido el que se las hubieran
quitado, y aunque recurrieron al Departamento de Estados Unidos y al propio
Eisenhower, éste les respondió que no sabía nada de esta historia ni del
destino de aquellas figuritas de plomo. Con el tiempo las protestas alemanas
dieron su fruto y en 1958 el gobierno americano decidió devolver el tesoro a
sus verdaderos dueños aunque para ello tuvieron que buscar dichas figuras las
cuales estaban repartidas en colecciones particulares por toda Norteamérica. Algunas
incluso estaban en lugares tan separados como Texas, Nueva York o Massachusetts.
Aun así aquel mini ejército no volvió entero pues todavía unos 27.000 de esos
prisioneros se hallan perdidos sin saber cómo volver al hogar.
sábado, 23 de noviembre de 2019
BALZAC Y LA JOVEN COSTURERA CHINA - Dai Sijie
No éramos los primeros ni seriamos los
últimos cobayas utilizados en este gran experimento humano.
En 1966 el líder
comunista chino Mao Zedong (1893 – 1976), también conocido como el Gran
Timonel, comenzó a poner en práctica una de las ideas más surrealistas que se
han expuesto a lo largo de la Historia. Se trataba de la Revolución Cultural
Proletaria China en la que cientos de miles de intelectuales, jóvenes con
estudios, o personas con algún tufo reaccionario fueron enviadas al campo con la idea de que
se reeducaran y volvieran a las
costumbres básicas chinas y abandonasen de esta manera el confort burgués en el
que estaban instalados. Curiosamente años después otro país asiático, Camboya,
también adaptó una solución parecida con el resultado de miles y miles de
muertos. Mao quería alejar a la sociedad china de las influencias capitalistas
y con esa excusa deportar fuera de las ciudades a posibles opositores a la vez
que fomentar su propio culto. Y fue
precisamente en esos años sin sentido en donde Dai Sije, el autor de la novela
que ahora les presento, cuando fue arrastrado por esa revolución y llevado sin
ningún tipo de apelación a una de aquellas granjas especiales con la única
misión de reeducarse en los valores del Partido Comunista Chino.
Balzac y la joven costurera china es una
pequeña novela autobiográfica que narra los años en que el autor estuvo en el
campo haciendo distintos tipos de trabajos hasta que le dieran la orden de
volver a la vida normal tras comprobar que efectivamente se había alejado de
las perniciosas ideas que venían de Occidente. En 1971 Dai Sije, hijo de
médicos encarcelados durante la Revolución Cultural, y su amigo Luo, también
hijo de un famoso dentista, el cual había tenido la osadía de decir que había
arreglado los dientes a Mao, fueron enviados a un pueblo cercano al Tíbet
situado en lo alto de una montaña muy elevada conocida como el Fénix del Cielo.
Según nos cuenta el autor para llegar allí se tenía que andar por caminos
empinados muy estrechos, entre rocas, e incluso atravesar las nubes que pasaban
por aquellas latitudes. No había carreteras que los llevara allí por lo que el
camino se debía hacer a pie, cargados con sus pertenencias hasta alguna de las
aldeas que les iba a acoger.
Pero ahí no se
acabaron sus penalidades pues cuando llegaron a la aldea que les había tocado
en el proceso, ambos protagonistas observaron que era un lugar en el que sus
habitantes estaban totalmente embrutecidos, no habiendo salido casi nunca de
aquellas cumbres, y en el que muchas de las cosas de la vida diaria del siglo
XX les eran desconocidas, como por ejemplo un despertador o un simple violín
que porta el autor de la novela. Y es por eso que nada más llegar Dai y Luo se
convierten en una auténtica curiosidad, como si vinieran de otro planeta. Desde
ese momento empieza su infierno pues el jefe de la aldea, que es un verdadero fanático
del presidente Mao (además de un ignorante, ya que cree que Mozart es un íntimo
amigo de su añorado presidente), les hace trabajar de manera implacable en los
quehaceres más duros de la aldea como sembrar arroz de sol a sol, cuidar
bueyes, llevar cubos con excrementos sobre sus cabezas, o sacar carbón de unas
pequeñas minas excavadas en el suelo, entre otras cosas.
Pero entre todas
aquellas miserias, va a haber dos cosas que van a transformar su día a día. Por
un lado conocerán a una joven costurera,
hija del sastre de la localidad, por la que se enamoraran perdidamente (sobre
todo su amigo Luo), y por otro descubrirán una maleta llena de libros
prohibidos hasta los topes. Esencialmente son libros prohibidos por varias
razones: una de ellas porque son novelas occidentales; y en segundo lugar
porque la mayoría son de autores burgueses, como por ejemplo Balzac, Dumas,
Flaubert, Stendhal, Tolstoi, Dickens, Gogol, Dostoievski, Baudelaire, Kipling,
Romain Roland, entre otros. Aquella maleta, y aquel amor de juventud harán que
el mundo de semi esclavitud en el que viven se convierta en un universo de
pasión por la lectura, la poesía, y el amor sin límites. Los libros, al igual
que Fahrenheit 451, se convierten en
un secreto, en un tesoro a esconder con el que escaparse, aunque sea con la
mente, a otros lugares ajenos a aquel mundo de tribunales populares, comunas, y
miedo soterrado, además de ser también un arma con el que conseguir el amor de
la pequeña sastrecilla.
En verdad les
recomiendo esta novela, Balzac y la joven
costurera china, pues no solo conocerán de primera mano cómo fue aquella
Revolución Cultural y los suplicios a los que tuvieron que enfrentarse cientos
de miles de jóvenes intelectuales de entonces, sino que además podrán gozar de
un libro que es un auténtico canto a la libertad, al amor a los libros y a los
sentimientos más íntimos de un hombre. Aquella maleta y aquellos libros
afectaran no solo el modo de vida de Dai y Luo, o de los habitantes de las
aldeas radicadas en torno al Fénix del Cielo, sino que también ampliará los
horizontes de la hija del sastre que descubrirá que más allá de aquellas
nieblas, lluvias, y campos de arroz interminables se abre un mundo que visitar.
Es, desde luego, una de esas pequeñas novelas que con el paso del tiempo se
convierte en inolvidables.
jueves, 14 de noviembre de 2019
LA MÚSICA EN 100 PREGUNTAS - Jorge Escavias
“Vivo por ella que me da
Noches de amor y libertad
Si hubiese otra vida
La vivo por ella también: Ella se llama música…”
(Vivo por Ella, Andrea Bocelli)
Lo queramos o
no están ahí. Nada más levantarnos (y despejarnos) oímos sonidos. Éstos los
captan de inmediato nuestros oídos. Y sí además esos sonidos se juntan de forma
peculiar, armoniosa, en un orden concreto, el resultado que se obtiene es música.
Está en cualquier lugar. Pero ¿alguna vez nos hemos parado a analizar que es la música y cómo se produce, cuál es su
lenguaje y su mensaje? Pues bien, para saber todo lo relacionado con este mundo
de la musicología y sus instrumentos tenemos en nuestras manos un libro, escrito
por Jorge Escavias titulado La Música
y que recientemente ha sido publicado por la editorial Nowtilus en su colección
100 preguntas.
Para empezar esta humilde reseña
hay que precisar al lector que por primera vez toma este libro que no éste no
es un manual de historia de la música en el que se detalle de manera cronológica
los estilos y autores a través de la historia. Para ello ya tenemos otro
excelente libro titulado Breve historia
de la Música escrito por Javier María López Rodríguez en esta misma
editorial. Podríamos decir que éste que les muestro es un buen complemento para
ello. ¿Qué nos vamos, por tanto, a encontrar en este ejemplar? Pues
esencialmente, a través de 100 peguntas y respuestas saber que ese una melodía,
una armonía, los distintos tipos de instrumentos que existen, el lenguaje
musical, como suena tal o cual sonido, curiosidades de éste o aquel instrumento
o por ejemplo como suenan las músicas en distintas partes del mundo. Esto solo
por poner una breve pincelada de lo que van a encontrar entre sus páginas.
La música no es algo que solo
salga de la radio, de un aparto grande de música o de una orquesta. Es algo
perteneciente a la humanidad y que siempre ha estado ahí a lo largo de la
historia. Podremos comprobar como influyó en determinados periodos históricos,
tanto en el pasado como en el presente. Qué elementos la componen y como está
estructurada, los géneros y peculiaridades de ellos mismos y como son distintos
los tipos de música de occidente u oriente. También, a través de las preguntas
y respuestas sabremos cómo son las notas musicales, de donde provienen; para qué
sirve un pentagrama o un metrónomo y como estos puede ayudar tanto a la
composición de piezas como a toda una orquesta que tiene que ir al compás. Y lo
que más me ha gustado, a mi parecer, de este libro, son las cientos de
curiosidades y peculiaridades con las que se adorna los textos para hacernos más
llevadera esta interesante clase de música.
La música en 100 preguntas, de Jorge Escavias es el típico libro didáctico
que nos hace razonar y darnos cuestan de que hay motivos que creíamos que dábamos
por sentado acerca de la música y que eran equívocos. Este buen trabajo nos
ayuda a comprobarlos y darnos cuenta de lo grande que es el mundo del lenguaje
musical, su naturaleza y los instrumentos que dan forma y color a las notas
musicales que se introducen en nuestro cerebro. Un libro riguroso y erudito a
la vez que nos hará amar más la música sea cual fuera el género que más nos
guste. En verdad se lo recomiendo.
viernes, 1 de noviembre de 2019
BREVE HISTORIA DE LA ANTIGUA GRECIA - Rebeca Arranz Santos
¡Ah, estos griegos! Ellos sabían cómo vivir.
Para eso hace falta quedarse valientemente de pie ante la superficie, el
pliegue, la piel, venerar la apariencia. Los griegos eran superficiales pero
con mucha profundidad. (Friedrich Nietzsche)
Hace algunos
años Grecia fue una de las grandes sufridoras de la crisis económica que azotó
el planeta en el que vivimos. A pesar de que nuevos políticos de corte
tradicionalista o populista quisieron levantar al país, poco pudieron hacer
frente a las grandes deudas que tenían contraídas con medio mundo. Parecía que
aquel rincón pequeño y rocoso iba a desaparecer en la desmemoria general. Fue
entonces cuando las televisiones, periódicos y radios comenzaron a emitir
imágenes, sonidos y fotografías del país heleno y volvieron a recordarnos que
allí fue donde había nacido la democracia occidental y que debemos a los
griegos y sus hazañas ser lo que somos. Grecia y su herencia ya no solo era algo
de lo que se ocupaban los historiadores o sociopolíticos, sino que era un
pedacito de todos nosotros. Queramos o no somos hijos de la memoria de Homero,
de los pensamientos de Sócrates o Platón, tenemos la fuerza de los gimnastas
olímpicos e incluso somos descendiente de aquellos marinos que llevaron la
civilización griega por aquel mar interior ubérrimo de sueños y anhelos sin
fin. Así pues les invito a que vuelvan a recordar su enorme legado a través del
excelente ensayo escrito por Rebeca Arranz Santos titulado Breve Historia de la Antigua Grecia, que, ahora, gracias a la editorial Nowtilus podemos leerla
a todo color para que sus imágenes sean más vividas a nuestros arcanos
sentidos.
El libro que
tenemos entre manos es todo un compendio histórico, artístico, arqueológico y
literario acerca de la historia de Grecia, y aunque pueda parecer trillado que
este divido en épocas históricas la escritora nos las muestra bien ensambladas
en un todo bastante atractivo al lector. Principia, obviamente, por la
antigüedad más arcana, como por ejemplo la época de Bronce, alrededor del III
Milenio antes de Cristo, abordando cómo fueron los primeros asentamientos en la
península griega, para después pasar a la llamada edad Micénica llamada así en honor de Micenas (XVI – XII a. C), tiempo
glorioso en el que Homero, tal vez sea cierto o no, botó mil naves en pos de la
belleza de Helena que estaba retenida en la lejana Troya (VIII). Pero por aquel
tiempo no todo fueron lanzas y gestas épicas sino que la cultura fue
introduciéndose poco a poco en dichos lares. Un ejemplo de ello es la aceptación
un siglo antes, en el IX, del alfabeto fenicio que muy pronto fue adoptado en
todos los rincones de la Hélade.
Entre el 776 y
el 490, Grecia se adentró en la época arcaica en la que sus aguerridos
navegantes y exploradores decidieron ir más allá de las cañadas rocosas y
llenas de cabras que había en sus tierras. Fueron colonizando la zona de Asia
Menor, la Península Itálica, Sicilia y algunos puntos de la Ibérica en donde
pronto dieron cuenta de sus grandes dotes para el comercio. También fue en este
tiempo cuando comenzaron a alzarse las Polis, o ciudades-estado, al estilo de
aquellas otras renacentistas, que aunque eran independientes unas de otras muy
pronto supieron ser parte de un todo en el que el koiné sirvió de medio de comunicación estándar entre las distintas
ciudades. In illo tempore fueron
Esparta, en el Peloponeso, y Atenas las urbes que llevaron las riendas de la
política del momento. Y fue gracias a la unión de ambas, junto con algunas
coaliciones puntuales, la que capeo el temporal de las Guerras Medicas al
comienzo de la época clásica (490 – 323) en las que en épicas batallas como las
de las Termópilas, Salamina o Platea pudieron frenar y vencer al todopoderoso
imperio aquemenida que amenazaba con devorar la llama de libertad que iluminaba
los comienzos de la historia europea. La gran beneficiada de aquellas guerras
fue Atenas quien en poco tiempo supo crear una gran flota que la llevó a
expansionarse por el Mediterráneo y el Egeo
creando una especie de mini imperio que condujo a muchas ciudades a
pedir auxilio a la otra superpotencia del momento, Esparta. De ahí surgió la
Guerra del Peloponeso (431 – 404) en la que los hijos de Licurgo, los
lacedemonios, derrotaron definitivamente a Atenas. Éstos sabían arrasar en el
campo de batalla, pero no conservar de buena fe lo ganado por lo que pronto
tiraron por tierra lo que podía haber sido su hegemonía.
Los desastres de
la guerra, lo que el viento se llevo, fue aprovechado por una nueva potencia
guerrera venida del norte de Grecia, Macedonia, y aunque eran considerados como
bárbaros por los atenienses, muy pronto el gran Filipo los puso de rodilla provocando
de hecho la unión de casi toda Grecia. Pero fue su hijo, Alejandro Magno quien
no solo sometió los últimos focos de resistencia, como por ejemplo la tebana,
sino que fue el que supo anexionar a
Grecia el Imperio Persa y parte de la Asia Menor, Egipto e India. Para él no
había horizontes al que su lanza y genio militar no supieran llegar. Aunque al sobrevenir
su muerte, su propio imperio demostró ser efímero, ya que sus generales, los
diadocos, fueron los que se repartieron sus tierras como chacales al conquistar
una presa. Es la época Helenística (323 – 331) en la que el centro de gravedad
de Grecia ya no se encontraba en Atenas o Esparta sino en ciudades como
Alejandría, Pérgamo o Antioquía. El mundo ya no sería el igual, y en el siglo
II Roma acabó de dar la puntilla al sueño griego asimilándolo a un nuevo
imperio, más poderoso, que empezaba a nacer: el romano. Pero ¿quién conquistó a
quien? Pues estos últimos muy pronto se dieron cuenta de las grandes ventajas
militares y culturales que los vencidos podrían aportarles por lo que se
dejaron influir totalmente por el modus
vivendi de los hijos de Homero y Herodoto. Roma fue, por decirlo de alguna
manera, quien recogió la antorcha de la democracia en Occidente.
Todo esto que
les he escrito, y mucho más es lo que vamos a encontrar en este trabajo de
Rebeca Arranz Santos, Breve Historia de
la Antigua Grecia. Junto con los temas meramente políticos y militares,
también la autora nos sugestiona, siempre a través de una rigurosa biografía,
con las cuota más alta que los griegos alcanzaron en poesía, filosofía,
arquitectura, escultura y formas de vida. Personajes como Pitágoras, Pericles,
Tucídides, Homero, Sócrates, Tales, Herodoto, Parménides, Leónidas… y tantos
otros de inolvidable nombre desfilaran delante de nosotros para que en un breve
vistazo comprendamos cuánto le debemos a Grecia y por qué es tan importante
conocer su gloriosa historia. En verdad, se lo recomiendo.
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