domingo, 6 de abril de 2014

EL ORIGEN DEL ASCENSOR MODERNO



Si alguna vez se montan en algún ascensor y al picar el número de piso se fijan que existe una plaquita con las letras OTIS sepan que se encuentran ante el apellido del inventor del ascensor como lo conocemos en la actualidad. Su nombre completo era Elisha Graves Otis (1811-1861) y además de ser inventor era mecánico en Nueva York. Antes de crear el ascensor ya había patentado una excavadora mecánica, y en 1852 pensó en dotar a las cestas de elevación que había en su empresa de un sistema de frenado automático de bloqueo por si al descender se rompiera la cuerda de tracción. Como sus trabajadores quedaron muy contentos de este artilugio Otis pensó en presentar este primitivo ascensor en el Palacio de Cristal de Nueva York. En 1859 mejoró el sistema de frenado y con el tiempo todos los rascacielos de la ciudad que nunca duerme comenzaron a demandar los ascensores que salían de la compañía Otis Steam Elevador Company.

sábado, 5 de abril de 2014

EL SALVAJE OESTE EN BARCELONA



William Frederick Cody, más conocido como Buffalo Bill, era un hombre polivalente: explorador, soldado del Séptimo de Caballería, cazador de búfalos, y, en último lugar, empresario de uno de los mayores circos de la historia: Buffalo Bill’s wild west (El salvaje oeste de Buffalo Hill). Es curioso que este excéntrico vaquero montara este espectáculo cuando el mito del salvaje oeste estaba en plena decadencia debido a la sociedad industrial, el tren, el barco de barco, la masacre de indios reconducidos a reservas o el exterminio de búfalos debido a la caza indiscriminada. Aun así, tal vez por la nostalgia que sentía la gente por aquel mundo finisecular, este circo se hizo muy famoso tanto dentro de Estados Unidos como en el extranjero. Es por ello que en 1889 toda la compañía al completo viajó con este espectáculo a la Exposición Universal de París.

Y tanto fue el éxito entre los franceses que se decidió seguir viaje a otros países. La siguiente parada fue: Barcelona. El 18 de Diciembre de ese mismo año el salvaje oeste de Buffalo Bill desembarcó, vía Marsella, en el puerto de la Ciudad Condal y acto seguido cientos de trabajadores se pusieron inmediatamente a montar el circo en el popular Barrio de Gracia. El espectáculo, del que se tiene pocas noticias, atrajo a mucho publico los cuales tuvieron la suerte de ver diferentes entretenimientos, como por ejemplo monta a caballo, ataques de indios a caravanas, asaltos de diligencias y una recreación de la famosa batalla de Little Big Horn en donde sucumbió el coronel Custer. El mayor espectáculo del mundo estuvo en la ciudad cinco semanas, hasta enero de 1890 y durante aquel tiempo se produjeron en torno a la lonas del circo un buen número de anécdotas. Por ejemplo se cree que unos diez indios murieron debido al frío, la gripe y la viruela, siendo posteriormente enterrados en la ciudad. De lo que si se esta seguro es de que murió el jefe de pista, el coronel Frank Richmond y que se embalsamó para que cuerpo fuera repatriado a Estados Unidos e inhumarlo allí.



También cuenta la rumorología que Buffalo Bill entró a tiros en un burdel del Tibidabo para rescatar a una india, que casualmente era hija ilegitima de Toro Sentado, ya que unos proxenetas la habían secuestrado y llevado allí para prostituirla. Sea verdad o no parece que la estancia en Barcelona no le fue muy grata a William F. Cody pues se sabe que incluso puso una denuncia en el ayuntamiento de Barcelona al saber que varios vecinos que vivían en el Barrio de Gracia habían agredido a varios de sus indios a los que acusaban de haber matado a varias niñas que habían desaparecido últimamente y que se las habían comido en algún ritual oscuro y hereje. Al finalizar el contrato que tenía, Buffalo Bill se marchó de la ciudad con gran alivio jurando que nunca más volvería a poner los pies en aquel lugar.

viernes, 4 de abril de 2014

LA ITALIA DE LA ILUSTRACIÓN - Jorge García Sánchez



Roma es como un libro de fábulas, en cada página te encuentras con un prodigio.
(Hans Christian Andersen)

Hubo un tiempo, allá por principios del siglo XIX, que la Península Ibérica, España en concreto, fue campo de aventuras de románticos y aventureros venidos de todas las partes del mundo. Nombres como Washington Irving, Merimee, Andersen, o Ford entre otros, dejaron su impronta y su bella literatura para describir cómo éramos y de que manera buscaron las fastuosidad medieval en las ruinas de la Alhambra o el misterio en los ojos de una Carmen gaditana. Pero es justo señalar que también hubo otro tiempo en que los españoles hicimos el viaje contrario, hacia Europa y sobre todo en dirección a ese Gran Teatro del Mundo llamado Roma. Eran otras épocas en que la carta de presentación española tenía un peso y en el que la cultura hispana era bien recibida en cualquier salón noble.

Jorge García Sánchez nos describe en su libro La Italia de la Ilustración, como fue aquella presencia artística española en el siglo de las luces italiano, y cuales fueron las huellas y vivencias que nuestros intelectuales vivieron en aquellas tierras de cesares y tizianos. El autor comienza a explicarnos que era el Grand Tour del siglo XVIII y en que consistía. Sencillamente era una especie de turismo cultural que las altas esferas hacían una vez en su vida para que ellos o sus hijos se formaran en las distintas capitales de Europa. Una especie de erasmus, que en algunos casos era subvencionado por los reyes Borbones, como por ejemplo las excavaciones con acento español realizadas en Pompeya y Herculano por el arqueólogo aragonés Roque Joaquín de Alcubierre. Estos viajeros, mitad cultos mitad aventureros, acudían no solo a las ruinas antiguas para evocar el mítico pasado sino que también frecuentaban los salones nobiliarios en donde se mezclaban con las grandes élites y participar en intercambios de ideas, lecturas y juegos de mesa.



Este libro se centra sobre todo en los viajes ilustrados que hicieron grandes personalidades españolas del momento en Italia. Allí fueron intelectuales como Goya (al igual que hizo Velázquez tiempo atrás) buscando el perfeccionamiento en su pintura, Moratín, el Duque de Alba o Godoy. Junto a ellos el lector descubrirá que también fueron un buen número de aristócratas calaveras catadores de fortuna, aventureros y arqueólogos como el mencionado aragonés que medró a la sombra del Vesubio, clérigos, anticuarios o filólogos. Todos estos dejaron su huella española en la bota italiana, tanto que incluso algunos osaron introducir costumbres españolas como por ejemplo el toreo al realizarse una corrida en el antiguo Mausoleo de Augusto en 1780.

Una de las cosas que el lector descubrirá a través de la bella prosa de Jorge García Sánchez es que el viajar en aquella época no es como ahora que nos plantamos en cualquier aeropuerto en breves instantes. Estos viajes que nos describe el autor eran una mezcla de cultura y aventura en el que muchas veces los viajeros tenían visos de dejarse el pellejo en el camino debido a inclemencias temporales o al trabuco de un forajido. Además, siguiendo a uña de caballo la estela de personajes como Goya, Moratín, Godoy o el Duque de Alba observará como estaba en aquellos momentos la Ciudad Eterna, el Vaticano, los peligros de los barrios bajos de Roma y Nápoles, la emoción eterna que se vive en las excavaciones arqueológicas o la fastuosidad de los canales de Venecia.

LA MITAD DE LA NARANJA



Para explicarles de donde viene esta expresión les voy a contar una bonita leyenda griega. Según  el poeta y dramaturgo Aristófanes en la Edad de Oro los hombres no estábamos configurados como ahora sino que nuestro cuerpo estaba hecho de distinta manera: en la cabeza teníamos dos caras una a cada lado y también poseíamos cuatro brazos y otras tantas piernas a ambos lados. Estos seres podían contener a dos hombres, dos mujeres o un hombre y una mujer, y aunque pueda parecer que se movían con dificultad la compenetración entre estas dos mitades era perfecta. Eran tan magníficos, que la soberbia les hizo levantarse contra los dioses del Olimpo comenzando así una guerra que duró milenios. Zeus, el padre de los dioses, cansado de este conflicto decidió solucionarlo por la vía rápida por lo que empezó a soltar rayos a diestro y siniestro desde las alturas produciendo que aquellos cuerpos se dividieran en dos partes. El castigo por haberse creído superiores a los dioses fue que los humanos resultantes vagaran por toda la tierra buscando su otra mitad pues aunque antes eran uno nunca habían podido verse las caras. Y es por ello que todavía hoy mucha gente anda buscando por todo el mundo a la pareja ideal con quien quieren pasar el resto de su vida.

jueves, 3 de abril de 2014

EL COLOR PULGA



Si alguna vez les preguntan de que tonalidad es el color “pulga” no duden en responder que es una mezcla de colores marrones, del más claro a más oscuro. Esta era la respuesta correcta para poder sobrevivir dentro del mundo de la moda versallesca a finales del siglo XVIII, pues la inventora de este fantasioso color fue la mítica reina María Antonieta. Un día, en uno de los muchos bailes que había en palacio, no se le ocurrió otra cosa que presentarse delante de todo el mundo con un vestido decorado de esta guisa. Cuando le preguntaron de qué color era ella, toda risueña, dijo que era de “color pulga”. Y tanto gustó a la nobleza que desde aquel día no había dama en la corte que no encargara a su sastre particular vestidos decorados exclusivamente con esa tonalidad. Fue una época de bonanza para los sastres ya que incluso en sus catálogos había distintas clases de color pulga, como por ejemplo el “pulga joven”, “pulga vieja”, “vientre de pulga”… y así un sin fin de diseños distintos.

Pero el afán modista de la reina no paró ahí pues cuando se cansó de aquel color se inventó otro combinando el marrón y el amarillo al que llamó caca de Duphin o merde d´oie (caca de oca).

miércoles, 2 de abril de 2014

UN DEDO, DOS DEDOS, TRES DEDOS



La gran mayoría de las civilizaciones conocidas han tenido un sistema aritmético decimal porque cuentan con los dedos de la mano. Pero no todas, pues los incas, aztecas y celtas tenían como base para contar el número 20 pues sumaban a los diez dedos de la mano los otros diez de los pies. Y en cambio los sumerios y babilónicos tenían una base superior, pues sin que se sepa a ciencia cierta empezaban a contar desde 60. Este dato es importante pues de esta numeración proviene la distribución del tiempo en horas y minutos en 60 minutos.

martes, 1 de abril de 2014

EL BARRIL DE LOS SAN BERNARDOS



La estampa de este can con un barrilito de brandy al cuello es una de las imágenes más típicas de Suiza. Pero hay que puntualizar que es un falso mito el que los San Bernardos ofrezcan un trago de este licor a las personas que se han  perdido o quedado sepultadas en la nieve, y no porque científicamente darle una bebida alcohólica a alguien con síntomas de hipotermia sea una gran irresponsabilidad sino porque originalmente nunca llevaron este barrilito colgado al cuello. En un principio estos perros servían a los monjes del Hospicio del Paso de San Bernardo para transportar comida entre las montañas de Suiza e Italia debido a su fuerza física, y también  como rastreadores por si alguien se perdía. ¿Entonces por qué ahora llevan ese barrilito a cuestas? La culpa de ello la tiene el pintor inglés Edwin Henry Landseer quien en 1831 pintó un cuadro llamado “Alpine mastiffs reanimating a distress traveller” (Mastines alpinos reanimando a un viajero en apuros) En el se puede ver a una persona atrapada en la nieve, con el rostro ya amoratado por el frio siendo socorrido por un par de San Bernardos de los cuales uno lleva un barril al cuello. Este pintor era uno de los artistas preferidos de la reina Victoria I y tanto le gustó este lienzo que en poco tiempo se popularizó tanto que en la memoria colectiva quedó impresa la idea de que estos animales llevaban siempre ese barril para socorrer a los despistados viajeros.



Igualmente no hay que olvidar que fue el propio Landseer quien popularizó el término San Bernardo en detrimento del verdadero nombre de esta raza: Mastín Alpino. Originalmente eran conocidos como Sabuesos Barry debido a una confusión con la palabra alemana “barën” (oso) El más grande e ilustre de todos estos perros era El Gran Barry ya que entre 1800 y 1814 salvó a más de cuarenta personas muchas veces por iniciativa propia y sin que nadie se lo mandase. Parece ser que murió en acto de servicio ya que una vez cuando iba a salvar a un soldado perdido en una ventisca éste lo confundió con un lobo y le asestó varios navajazos. Cuando encontraron su cuerpo vieron que tenía muchas heridas pues aunque el soldado le hería de continuo Barry se acercaba todo el rato intentando salvarle. Actualmente El Gran Barry se encuentra disecado en el Museo de Historia Natural de Berna, y en recuerdo a sus hazañas el primer cachorro macho de cada camada que nace en el Hospicio del Paso de San Bernardo se llama Barry.