domingo, 11 de marzo de 2018

¿CUÁNTO PESA EL HUMO?



Uno de los cortesanos favoritos de la reina Isabel I de Inglaterra fue sir Walter Raleigh (1552 – 1618) Era el tipo de hombres que más atraían a la Reina Virgen: valiente, de aspecto desafiante, pirata, explorador, poeta, espadachín, aventurero suicida… todo un chico malo que hubiera llevado chupa de cuero y habría montado en una Harley Davidson si en aquella época hubieran existido. Pues bien este hombre tiene el honor de haber sido el que introdujo el tabaco en Inglaterra (tabaco, por cierto,  traído de Virginia) convirtiendo a todos los cortesanos de la noche a la mañana en adictos a esa sustancia. Un día, viendo que la reina estaba aburrida, no se le ocurrió otra cosa que decirle que él era capaz de pesar el humo de un cigarro. Hay quienes dicen que esta anécdota es apócrifa pero la gran mayoría opinan que es verdadera y a mi modo de ver es muy creíble ya que este era el tipo de desafíos que le gustaban a Isabel I. Así pues Walter Raleigh mandó que le trajeran una balanza y acto seguido encendió uno de sus cigarros. Con mucho cuidado, mientras se lo estaba fumando, iba echando la ceniza en uno de los platillos. Cuando terminó de fumar pesó las cenizas y la colilla y después hizo una simple resta con lo que el resultado fue el peso del humo. Actualmente se ha demostrado que aquel experimento era muy deficiente e inexacto pues hoy en día se sabe que existen más componentes, como el oxigeno,  que intervienen en la consumación de un cigarro. Pero en su descargo hay que anotar que la prueba que hizo sir Walter Raleigh delante de la reina fue de lo más ingeniosa ¿no?

sábado, 10 de marzo de 2018

BREVE HISTORIA DE CARLOS V - José Ignacio Ortega Cervigón



"La razón de Estado no se ha de oponer al estado de la razón."

Sin lugar a dudas Carlos I de España y V de Alemania (1500 – 1558) fue un rey, un emperador, un adalid, que vivió en una época bisagra entre dos tiempos, con un pie en la Edad Media y otro en el brillante Renacimiento. Incluso hay quienes le imponen el título de “último caballero” de una nueva Europa donde comenzaban a emerger naciones en donde antes todo era un conglomerado de reinos. De él se han escrito tantos estudios, al ser una figura tan grande en la Historia, que muchas veces es harto difícil escribir una nueva biografía de aquel que ciñó en su mano el cetro imperial y portó orgulloso en su sien la corona española. Pues tanto amo esta tierra que se cuenta que una vez el papa se extrañó de que hablara español en vez de su lengua materna, a lo que éste le respondió: "No importa que no me entendáis. Que yo estoy hablando en mi lengua española, que es tan bella y noble que debería ser conocida por toda la Cristiandad." Como se puede ver tenemos ante nosotros, junto a Felipe II, al rey más importante que ha gobernado en esta vieja piel de toro, y es por ello que es de recibo que la editorial Nowtilus le dedique su obra Breve Historia de Carlos V (2018), escrita por el historiador José Ignacio Ortega Cervigón, al que también le debemos la obra Breve Historia de la Corona de Castilla (2015).

El autor, como si tuviera una máquina del tiempo, nos adentra en los primeros años de vida y reinado de Carlos V, que aunque en la cuenta final de sus días se convirtiera en uno de los gobernadores más poderosos del mundo, al principio, las primeras impresiones que produjo a su llegada a España fueron del todo contrarias. La figura inexperta del hijo de Felipe el Hermoso y Juana la Loca, un tanto bobalicona y con prognatismo marca Habsburgo, suscitaron en los prohombres españoles la sensación de que iba a convertirse en un rey breve no muy querido en los reinos de Hispania. Y aquello se confirmó en los iniciales pasos que dio con respecto a la política interna española con aquella decisión polémica e incomprendida en un principio de convertirse en Emperador del Sacro Imperio Germánico a base de los dineros de los reinos, amén de ser ciego a la rapiña que sus allegado flamencos estaban perpetrando y en las prebendas que estaban consiguiendo base de imposiciones. Y aunque Carlos consiguió acudir y ser elegido por los príncipes alemanes como  emperador aquello no le evitó una especie de mini guerra civil, cuando el pueblo de ambos reinos (Castilla y Aragón) se levantó en armas en las llamadas Comunidades (1520) y Germanías (1519). A raíz de lo cual varió su política modernizando la administración, respetando los órganos de cada reino a la vez que apuntalaba su figura como rey de todos los españoles. Carlos V había madurado a marchas forzadas y había aprendido la lección de cómo ser un monarca válido para cualquiera de sus súbditos.

Como ya he indicado antes, el joven Carolus Rex fue elegido finalmente Emperador del Sacro Imperio Germánico. Coronado el 24 de Febrero de 1530 en Bolonia, en la iglesia de San Petronio, a manos del papa Clemente VII (uno de sus principales enemigos, acuérdese uno de aquel desafortunado episodio de El Saco de Roma) su política exterior, por tanto, se tuvo que dividir en varios frentes. Por un lado la defensa de su herencia territorial, con lo que se enfrentó con el rey francés Francisco I; por otro su lucha denodada contra el naciente protestantismo, en donde consiguió una victoria importante, aunque efímera, en los campos de Mühlberg en 1547; y finalmente contra el imperio turco que amenazaba a toda Europa con sumergirla en la media luna otomana. Esta política internacional tuvo sus pros y sus contras ya que mientras que mientras por un lado Carlos V colocaba a España como pieza importante y decisiva en el plano europeo y mundial convirtiéndole a él mismo como el nuevo Cesar que deseaba toda la cristiandad, en cambio, para llevar a cabo tan ingentes gestas derrochaba a manos llenas las riquezas que venía del Nuevo Mundo (¿Sino cómo iba a sostener tantas empresas?) a la vez que abría un sin fin de frentes, en la mayoría imposibles de ganar, que luego heredarían sus descendientes y que finalmente acabarían con el destino de los Austrias en España.

Pero Carlos V no fue una persona aislada del mundo. Nuestro autor, José Ignacio Ortega Cervigón, también nos lo sitúa dentro de un marco histórico, cultural y familiar que engrandece su trabajo. Además de batallas y políticas, podemos observar a un Carlos dentro de su familia, la relación que tenía con su amada esposa Isabel de Portugal, las enseñanzas que administraba a su hijo Felipe, o el trato tan peculiar que tenía con sus cortesanos y allegados, todo ello trufado con un buen número de anécdotas que harán las delicias del lector más exigente. Además uno de los puntos más importantes de esta biografía es enmarcar el semblante del emperador dentro del Renacimiento, del Humanismo, que estaba aflorando en Europa y España. A pesar de ser un rey imbuido de una gran religiosidad también era un monarca ávido de conocimientos y expectante ante las nuevas transformaciones de la sociedad. Como curiosidad indicarle que era todo un aficionado a los relojes.

Y finalmente llegamos al ocaso del emperador. En 1556, en Bruselas, y ante la sorpresa de todos los presentes, Carlos V decide abdicar. Por un lado lega el imperio a su hermano Fernando, a la vez que deja las otras posesiones a su hijo Felipe. Si uno observa el cuadro que Tiziano dedicó a la batalla de Mühlberg podemos observar como en el rostro de Carlos V ya se pueden observar signos de cansancio, pues son muchas las guerras y disquisiciones teológicas que ha sostenido durante su existencia. Así pues toma una de las decisiones más curiosas y desconcertantes de la Historia de España: retirarse al monasterio jerónimo de Yuste (Extremadura) para terminar sus días evocando sus recuerdos y analizar cómo ha dirigido el rumbo de sus días. En 1558 el gran señor de Europa exhala su último aliento, y deja para la Historia la herencia de ser no solo el primer monarca Habsburgo de España sino de haber sido también el más grande de los Reyes de la Historia Moderna.

domingo, 4 de marzo de 2018

LA ARPÍA DE CULLODEN



En las batallas de hace siglos era normal que,  pasadas éstas, hubiera gente que narrara que se habían ganado o perdido por algún extraño suceso que se había producido en la víspera. Existen muchos casos, como por ejemplo el que ocurrió en la famosa Batalla de Culloden (16 de Abril de 1746)  en la que el ejército jacobita de la Casa Estuardo (en su mayoría compuesto por escoceses)  se enfrentó a los partidarios de la Casa de Hanover por el trono británico. Se cuenta que en la víspera del enfrentamiento, durante la madrugada, se empezaron a escuchar unos gritos horripilantes en el campo escocés. Los soldados, medio dormidos y sin arreglar, salieron fuera de sus tiendas de campaña y vieron en el aire una especia de monstruo que los dejó a todos helados. Uno de los generales, lord George Murray, que fue testigo del hecho dejó escrito que aquel ser que daba terribles alaridos en el aire tenía la apariencia de una arpía de la antigüedad, pues parecía que su cuerpo estaba compuesto por unas oscuras alas de murciélago, cuerpo sibilino, cabeza de hombre o mujer y unos ojos rojos que dejaron petrificados a todo el que vió aquel ser maldito. El vuelo de aquella arpía solo duró unos minutos pero  tan funesto fue su mensaje que pareció vaticinar lo que iba a ocurrir al día siguiente: el ejército inglés aplastó al escocés alejando de esta manera el sueño de la Casa Estuardo de ocupar el trono británico.

sábado, 3 de marzo de 2018

LA OSADÍA DE CLODIO



Sin lugar a dudas uno de los políticos más caraduras de la antigua Roma fue el populista Publio Clodio Pulcro (92 – 52 a.C). Era tal su descaro que a finales del año 62 no se le ocurrió otra cosa que, vestido de matrona romana, colarse en casa de Julio César, en ese momento pretor y pontífice máximo, para espiar los ritos de la Bona Dea que se celebran allí esa noche (hay que recordar que a este rito religioso solo podían acudir las mujeres). Según parece ese año la Bona Dea estaba presidida por la esposa de César, Pompeya, y por Aurelia, madre de éste, las cuales con muy buena intuición femenina pronto descubrieron al impostor que enseguida salto por la tapia del jardín y se internó en la oscuridad de los callejones.
Mucho se ha debatido sobre el motivo que tuvo Clodio para hacer esta aventura. Unos opinan que se coló en los ritos de la Bona Dea porque mantenía un affaire con Pompeya; en cambio otros creen que solamente fue una travesura para demostrar a sus amigotes que despreciaba las leyes humanas y divinas. Sea como fuese, en cuanto las mujeres se hubieron calmado acudieron a sus maridos y tras comunicarles lo que había ocurrido, éstos denunciaron a Clodio como sacrílego y por haber entrado ilegalmente en casa de un magistrado romano. A consecuencia de ello fue llevado a juicio, pero como provenía de una familia adinerada no dudó en sobornar a los jueces y fue absuelto de todos los cargos. Curiosamente la gran perjudicada del escándalo fue Pompeya, ya que su esposo, Julio César, se divorció de ella para evitar la vergüenza de un posible adulterio. Cuando ella le imploró que no se divorciara, él le dijo lo siguiente: “La mujer de César no solo tiene que ser honesta, sino también parecerlo”.

viernes, 2 de marzo de 2018

ESPAÑOLAS DEL NUEVO MUNDO - Eloísa Gómez-Lucena



Nos hemos acostumbrado a ver solamente la figura del hombre como protagonista principal de la conquista, y posterior colonización, de América. En los libros de historia, novelas y películas, la gran mayoría de las veces oteamos en el horizonte la espigada efigie del conquistador, espada en mano, coraza herrumbrosa, botas hundidas en el fango de la selva, y ojos de codicia, a punto de morir a manos de los indios o quizás entrando con asombro en el corazón de alguna civilización con el fin de someterla. Esta es la semblanza que nos han vendido, pero si escarbamos un poco más en ella podemos darnos cuenta de que falta una  pieza importante en este puzle: el género femenino. Los libros nos presentan la conquista como algo hecho solo por hombres, como si las mujeres no hubieran atravesado el Atlántico y no se hubieran arriesgado de la misma forma que sus maridos o amantes. Es decir, como si se hubieran volatilizado. Menos mal  que en la actualidad se pueden ya encontrar libros que complementan esa parte de la historia y ofrecen un punto de vista distinto. Un ejemplo de ello lo tenemos en el libro que quisiera presentarles: Españolas del Nuevo Mundo, escrito por Eloísa Gómez -Lucena, y editado por Cátedra (2013).
Aquellos siglos de la conquista de América eran tiempos donde la misoginia era muy grande, y donde las mujeres estaban supeditadas tanto a sus maridos, padres como hermanos. Debido a ello, y como también eran tiempos de guerra, muchas de ellas se quedaban viudas, cargadas la mayoría con hijos, teniendo algunas veces como única salida ingresar en una orden religiosa. En verdad que era duro ser mujer entonces. O bien el marido moría en las guerras de religión de Europa, o bien se iba allende los mares para nunca más volver. Pero hubo una gran parte de ellas que no quisieron conformarse con lo que el destino les ofrecía, y en el caso de la colonización de América, muchas pidieron acompañar a sus maridos, a sabiendas del gran peligro que corrían. Y en esto no había distinción de clases, pues esta idea la tuvieron tanto desde la pobre modistilla como la noble nacida entre algodones. Hubo de todo tipo: mujeres que acompañaban directamente a sus maridos; mujeres que deseaban localizar a su hombre en aquel continente ignoto; otras que escapaban de algún pasado oscuro; solteras que al no encontrar marido en España lo querían buscar en América; mujeres emprendedoras, ya fuera en el campo empresarial, como en el intelectual; e incluso aventureras y religiosas que querían una  mayor libertad que la que les ofrecía este Viejo  Mundo.
Hubo épocas en la que los hombres estaban obligados a llevar a sus esposas, mientras que en otras se ofrecía una prórroga de dos años para ir a buscar a los maridos que se habían embarcado hacia tiempo. Aunque también  había mujeres que rehusaban ir a América por el denominado “miedo al mar”. De todas maneras acudir al otro lado del Atlántico debía ser duro, desde su planificación hasta su llegada y asentamiento en el nuevo continente. Para empezar una mujer debía romper con su casa, su familia en España, y dejar atrás todos sus lazos afectivos. Posteriormente, durante la travesía, las mujeres no iban ociosas en la nao, o galeón en el que estuvieran pues debían hacer las mismas funciones que un marinero, y con ello sobrellevar los mismos peligros pues hubo muchas que tuvieron como triste destino la tumba del mar. Y Finalmente al llegar a América, los maridos, como era usual, no estaban en la playa o puerto esperándolas sino que debían ir a buscarlos sufriendo todo tipo de inclemencias como largas marchas por las selvas o desiertos; calor extremo y dolorosa sed; enfermedades tropicales; e incluso ataques de indios o renegados.
Eloísa Gómez-Lucena, además de hablarnos de todas estas características nos ofrece las semblanzas de 38 mujeres icónicas en la conquista y colonización de América, como por ejemplo las valientes militares y conquistadoras Inés Suarez, María Estrada o Catalina de Erauso; las  adelantadas Mencia Calderón o Isabel Barreto; intelectuales como Sor Juana Inés de la Cruz o Isabel Flores de Oliva; gobernadoras, como las hermanas Francisca y Beatriz de la Cueva; o incluso agricultoras como María de Escobar y Beatriz de Salcedo que  llevaron los granos de maíz a América escondidos en sacos mal molidos. Estos son un breve ejemplo de las biografías que nos podemos encontrar y que se convierten en las voces de las cientos de miles de mujeres que lucharon por colonizar América.
Y es que desde un punto de vista más completo aquellas conquistadoras tuvieron que soportar doblemente sus inclemencias en el Nuevo Mundo, pues cuando llegaban allí, además de defenderse y luchar por sus tierras tenían que cuidar a sus esposos, hijos y hacienda además de tener que seguirlos muchas veces tras una quimera inalcanzable. Y es gracias a este valor y coraje aportado por las mujeres por lo que se pudo conseguir la colonización de aquellas tierras, pues los hijos de los hijos de ellas fueron ocupando y asentándose en distintos lugares. Además levantaron asentamientos  junto con los hombres viviendo primero en míseras chozas para poco a poco levantar con sus propias manos mejores edificios, colegios e incluso inaugurar iniciativas privadas comerciales. Cosa impensable en el Viejo Continente. Y es que este fue uno de los mayores acicates para que corrieran todos peligros: tener una mayor libertad.
Españolas del Nuevo Mundo, nos ofrece un fresco singular de la aventura femenina en América y complementa, como ya he indicado antes, la historia de la conquista. Reivindica el papel de la mujer en dicho evento pero no lo hace desde un punto de vista rupturista sino complementario, con el fin de obtener una visión global de lo que fueron aquellos años forjados a base de sueños, espadas y codicia sin par. La autora quiere dar voz al valor de aquellas mujeres, pues siente que han sido silenciadas por el machismo cerril de la Historia, que no soporta que alguien del género femenino también haya tenido el mismo protagonismo que ellos en la conquista y posterior colonización, y también por la literatura, sobre todo extranjera, que nos ha ofrecido una visión andrógina de aquellos años cruciales. Así pues les invito a que ojeen este libro y se sumerjan en las semblanzas que nos ofrece Eloísa Gómez-Lucena y comprendan el coraje de aquellas mujeres que se enfrentaron al destino y supieron entrar en la Historia por la puerta grande.