lunes, 7 de marzo de 2016

LA ORQUESTA DEL TITÁNIC



El 14 de Abril de 1912 un transatlántico de lujo de la compañía White Star Line llamado el Titánic, también conocido como el Insumergible, o aquel que ni Dios podía hundir, y que había partido de Southampton con rumbo a Nueva York, chocó en mitad de la noche contra un iceberg en el norte del Océano Atlántico provocando el hundimiento del buque llevándose consigo  la vida de 1.500 pasajeros de un total de 2.227. En cuanto se tuvo conocimiento de  la tragedia  hubo una gran conmoción y muy pronto aquel suceso quedó envuelto en un mar de curiosidades y anécdotas funestas sin fin. Una de esas historias inmortales es sin duda alguna la que rodea a la llamada Wallace Hartley Band, más conocida como la Orquesta del Titánic. Oficialmente podemos decir que no había una orquesta al uso a bordo sino que eran un total de ocho músicos liderados por el violinista Wallace Hartley que amenizaban a base de tríos o quintetos  de cuerda tanto las comidas y cenas que se daban en primera clase como algunas zonas del barco. Parece ser que la noche del hundimiento no hubo baile y por tanto los músicos se habían retirado temprano a sus camarotes. Pero en cuanto supieron lo que había pasado se reunieron en el salón de primera clase y posteriormente se dirigieron a la cubierta A, situada muy cerca de los botes salvavidas. (Seguir leyendo La orquesta del Titánic)

domingo, 6 de marzo de 2016

¿QUÉ ERA EL MENSUR?



Durante el siglo XIX y principios del XX era común en ciertas asociaciones estudiantiles alemanas y posteriormente en fraternidades universitarias practicar un tipo de esgrima, de carácter agresivo, llamado Mensur. Al igual que la esgrima clásica se trataba de combates por el  honor, pero si en esta última los combatientes se movían según ciertas normas, en el mansur debían permanecer quietos como estatuas aceptando recibir heridas (schmiss) de manera estoica. Los estudiantes se reunían en tabernas o salones privados y tras cubrirse la mayor parte del cuerpo, a excepción de la cara, se ponían uno frente al otro y comenzaban el combate. Sin mediar ofensa alguna. Los duelistas solo movían el brazo armado y tenían como misión principal llenar de cicatrices la cara de su oponente. Para demostrar su valor los contendientes no se movían ni siquiera cuando el filo de una espada se acercaba a su rostro. Cuantas más heridas recibiera uno mejor, demostrando de esta manera que era una persona que no tenía miedo a nada. En cambio si apartaba la cara en algún momento no solo perdía el combate sino que también se le tachaba de cobarde. Finalmente  hay que aclarar que los combates no eran a muerte, y que cuando estos terminaban y se curaban las heridas estos estudiantes volvían a ser amigos y se emborrachaban juntos. Hubo grandes aficionados a la práctica del mansur, como por ejemplo el Canciller de Hierro Bismarck, y un buen número de oficiales y soldados nazis como el cofundador de la SA, Ernst Röhm, o el famosísimo Otto Skorzeny, alias Caracortada, mote que se le puso por las grandes cicatrices que tenía en su rostro y de las que estaba muy orgulloso.

jueves, 3 de marzo de 2016

EXTRAÑOS SUCESOS NAVALES - Víctor San Juan



El mar no tiene ni sentido ni piedad. (Antón Chejov)

Planeta Tierra… ¿A quién se le ha ocurrido poner este nombre a un astro que está compuesto por casi el 70% de agua? Acaso deberían llamarlo, más apropiadamente, Planeta Agua o Planeta Azul, pues es el color predominante que se observa desde el espacio. Pero bueno, ya que está puesto habrá que seguir llamándolo así. Aunque de todas maneras, el mar, los océanos, siguen atrayendo a los hombres de forma hipnótica. Como diría Jack Aubrey, alias el Afortunado, personaje principal de las obras de Patrick O´Brian “¿Qué tiene el mar que hace enloquecer a los hombres?”  . Ahora bien, viajar en un barco, o un velero, o simplemente meterse en la seguridad de una orilla dorada, muchas veces no es banal, y la mayoría de ellas es altamente desconcertante y misteriosa. Algunas veces el mar no devuelve a sus hijos y otras veces los marinos aseguran haber visto, no monstruos marinos de antaño, sino cosas extrañas e incluso haber presenciado hechos que a más de uno les pondría los pelos de punta. Una frase cinematográfica reza “Nadie puede oír tus gritos en el espacio” A lo que habría que añadir  “… y en el mar tampoco”.

En esencia, y remitiéndonos al párrafo anterior, todo esto es lo que nos ofrece Víctor San Juan en su obra Extraños sucesos navales, editado por Nowtilus en 2016. Este ensayo tan peculiar está encuadrado dentro de la colección Historia Incógnita evidenciando que no hay mejor lugar para narrarnos los curiosos incidentes que sufrieron barcos y marinos a través de los siglos XIX, XX y XXI. El trabajo de Víctor San Juan se circunscribe a hechos extraños y muchas veces sin explicación, tal vez debido al azar, ocurridos en distintos mares del mundo. A través de sus páginas podremos encontrar barcos fantasmas, en los que no solo parece ser que está manejado por una fuerza mayor no comprensible por los humanos, sino que también navegan vacios tras desaparecer de manera misteriosa sus tripulantes y viajeros. Nieblas que sugieren formas indefinidas;  muertos que hablan;  animales insumergibles que llevan su propio halo de infortunio a cuestas; tesoros que cambian de mano en mano; guerras destinadas al fracaso; e incluso alienígenas y luces extrañas tienen cabida en este repertorio de historias emocionantes.

Y aunque haya algo no definido en el continuo rugir de las olas plutónicas, el lector no ha de tener miedo de encontrarse con un libro de toques surrealistas y tintes conspiranoicos. El autor, Víctor San Juan es un especialista consumado en temas marinos (por algo es ingeniero naval, escritor y navegante) y todos los asuntos que trata en estas páginas, desde buques malditos a enigmáticos submarinos, han sido estudiados y confrontados para exponerlos sin ningún temor a través del tamiz histórico. Mediante una prosa atrayente nos lleva a un terreno que muchas veces, tal vez por temor o el desconocimiento, ha sido apartado de las crónicas marinas. Son historias que los marinos, en sus ratos de saudade o entre humo de pipas narran a sotto voce, con un ojo puesto en el humo juguetón y otras veces en la puerta de la cantina tal vez a la espera que se presente algún ser perdido en un barco maldito. Así pues les animo a abrir este curioso y a la vez excitante libro y dejarse llevar por el misterio que encierra los mares y también, por qué no, mecerse por el encanto de aquello que está escondido tras la cortina del tiempo.

sábado, 27 de febrero de 2016

EL ORIGEN DEL MAZAPÁN



Sin duda alguna los dulces más famosos en España durante las fiestas de Navidad son el turrón y el mazapán. Guste o no, no hay bandeja que en esos entrañables días no esté trufado de mazapanes. Pero ¿sabías cuál es su origen? En concreto tiene dos, siendo uno más fantástico que el otro. Comencemos por el más realista: El mazapán, ese dulce hecho base de almendras molidas y azúcar, fue introducido en España por los árabes en el siglo VIII. Entonces eran meramente unas tortas planas llamadas mantha-ban, que significa “rey sentado”, en las que se podían ver  impresa la imagen de un monarca sedente. Llama la atención que en la actualidad en el escudo de la ciudad de Toledo aparezca el mismo rey por duplicado, uno portando una espada y otro mostrando un cetro de oro. Es por ello que este dulce, el mazapán sea uno de las señas de identidad de esta bella ciudad castellana. Y ahora pasemos a la versión más fantástica y popular. Cuenta la tradición que cuando los moros estaban a punto de tomar Toledo unas monjas de San Clemente, viendo el hambre que estaba produciendo el asedio, crearon una pasta con los únicos ingredientes que tenían a mano. Para ello juntaron almendras crudas y azúcar amasándolo todo a base de golpes de maza hasta conseguir una pasta con la que alimentar a los sitiados. A esta nueva invención la llamaron “pan de maza”, y si damos la vuelta a esta denominación acabaremos con el nombre actual de este dulce: mazapán.

lunes, 22 de febrero de 2016

EL OSO DE BYRON



De Lord Byron sabemos muchas cosas. Que fue un gran impulsor del movimiento romántico, un excelente literato y una de las personas más excéntricas y controvertidas que han existido. Pero lo que mucha gente desconoce es que Byron también era un gran amante de los animales. Desde que era pequeño siempre le gustó estar rodeado de ellos. En su casa tuvo animales de todos los tipos, desde los más comunes como gatos, perros, gallinas, hasta algún pavo, zorros, águilas, halcones, e incluso una vez fue propietario de un esplendido y bello oso. Esto último ¿cómo fue posible? Pues ni más ni menos por culpa de las estrictas reglas de la universidad a donde fue a estudiar. Parece ser que cuando era pequeño le regalaron un cachorro de terranova al que puso por nombre Boatswainand, y desde el mismo momento en que se vieron se hicieron compañeros inseparables. Todos los días andaban juntos hasta que llegó el año 1805 cuando el joven Byron tuvo que acudir a Cambridge a estudiar en la afamada universidad del Trinity College. Cuando llegó allí estuvieron a punto de echarle ya que se había llevado consigo a su perro, y según las normas del lugar estaba terminantemente prohibido tener perros en las habitaciones. Y aunque reclamó varias veces volvieron a denegarle su petición de quedarse con Boatswainand. Pero lo que la dirección del centro no sabía era lo tozudo que podía llegar a ser Byron. Un buen día el futuro autor del Don Juan decidió comprar un oso y llevárselo  hasta las mismas puertas del Trinity College. Claro está no le dejaron entrar con él alegando que no se podían tener animales allí dentro pero ante el asombro de todos Byron solicitó que le señalaran dónde estaba escrito que no podía tener  un oso en el centro. Y, como no encontraron esta norma, Byron pudo quedarse con él. Es más, tiempo después incluso pidió una beca en nombre de su amigo y ¡se la tuvieron que conceder!, ya que de facto estaba matriculado en esta prestigiosa universidad.

domingo, 21 de febrero de 2016

LA BAYETA HUMANA



¿Sabías que el verdadero nombre de Buster Keaton  era Joseph Frank Keaton, y que el apelativo por el que mundialmente es conocido se debe al maltrato infantil que sufrió durante su infancia? Según parece era hijo de unos  actores de vodevil los cuales estaban continuamente discutiendo. Lo curioso es que para pelearse no usaban solamente palabras sino que utilizaban al pobre bebe como arma arrojadiza. En una de ellas el padre agarró a Keaton y como era costumbre se lo tiró a su mujer con tan mala fortuna que ésta se agachó haciendo que el proyectil humano saliera disparado por la puerta de la habitación, que en esos momentos estaba abierta, y cayera dando tumbos por la escalera justamente a los pies del jefe de la compañía, el gran Houdini, quien al presenciar esta escena no se le ocurrió otra cosa que gritar asombrado: “What a buster!” (Que más o menos se puede  traducir como ¡Vaya porrazo!) Cuando el pequeño Keaton cumplió más años pasó directamente a las tablas ayudando a sus padres en su nuevo espectáculo: La bayeta humana. Parece ser que el número consistía esencialmente en golpear, estrujar, y estirar al pobre Buster sin que este perdiera su cara de palo. Aunque ahora nos parezca una auténtica barbaridad en aquellos tiempos este tipo de espectáculos eran muy comunes, y no solo divertían al público sino que también daban mucho dinero. Así pues, cuando terminaban el número,  los espectadores les tiraban algunas monedas a escena, a lo que  los Keaton, para demostrar lo agradecidos que estaban, arrojaban el niño al publico siendo éste devueltos de la misma manera como si fuera una pelota de playa. Llama atención que Buster Keaton nunca se rompiera un hueso. Con el tiempo este tipo de maltrato se convirtió en uno de sus sellos de identidad en el cine ya que su “elasticidad” le permitió rodar un buen número de escenas sin utilizar dobles, solo utilizando su cuerpo.