El 14 de Abril
de 1912 un transatlántico de lujo de la compañía White Star Line llamado el Titánic, también conocido como el Insumergible, o aquel que ni Dios podía
hundir, y que había partido de Southampton con rumbo a Nueva York, chocó en
mitad de la noche contra un iceberg en el norte del Océano Atlántico provocando
el hundimiento del buque llevándose consigo la vida de 1.500 pasajeros de un total de 2.227.
En cuanto se tuvo conocimiento de la tragedia
hubo una gran conmoción y muy pronto aquel
suceso quedó envuelto en un mar de curiosidades y anécdotas funestas sin fin.
Una de esas historias inmortales es sin duda alguna la que rodea a la llamada Wallace Hartley Band, más conocida como
la Orquesta del Titánic. Oficialmente podemos decir que no había una orquesta al uso a bordo sino que eran un total de ocho músicos liderados por el
violinista Wallace Hartley que amenizaban a base de tríos o quintetos de cuerda tanto las comidas y cenas que se
daban en primera clase como algunas zonas del barco. Parece ser que la noche
del hundimiento no hubo baile y por tanto los músicos se habían retirado
temprano a sus camarotes. Pero en cuanto supieron lo que había pasado se
reunieron en el salón de primera clase y posteriormente se dirigieron a la
cubierta A, situada muy cerca de los botes salvavidas. (Seguir leyendo La
orquesta del Titánic)
lunes, 7 de marzo de 2016
domingo, 6 de marzo de 2016
¿QUÉ ERA EL MENSUR?
Durante el siglo
XIX y principios del XX era común en ciertas asociaciones estudiantiles
alemanas y posteriormente en fraternidades universitarias practicar un tipo de
esgrima, de carácter agresivo, llamado Mensur.
Al igual que la esgrima clásica se trataba de combates por el honor, pero si en esta última los combatientes
se movían según ciertas normas, en el mansur debían permanecer quietos como estatuas
aceptando recibir heridas (schmiss)
de manera estoica. Los estudiantes se reunían en tabernas o salones privados y
tras cubrirse la mayor parte del cuerpo, a excepción de la cara, se ponían uno
frente al otro y comenzaban el combate. Sin mediar ofensa alguna. Los duelistas
solo movían el brazo armado y tenían como misión principal llenar de cicatrices
la cara de su oponente. Para demostrar su valor los contendientes no se movían
ni siquiera cuando el filo de una espada se acercaba a su rostro. Cuantas más
heridas recibiera uno mejor, demostrando de esta manera que era una persona que
no tenía miedo a nada. En cambio si apartaba la cara en algún momento no solo
perdía el combate sino que también se le tachaba de cobarde. Finalmente hay que aclarar que los combates no eran a
muerte, y que cuando estos terminaban y se curaban las heridas estos
estudiantes volvían a ser amigos y se emborrachaban juntos. Hubo grandes aficionados
a la práctica del mansur, como por ejemplo el Canciller de Hierro Bismarck, y
un buen número de oficiales y soldados nazis como el cofundador de la SA, Ernst
Röhm, o el famosísimo Otto Skorzeny, alias Caracortada,
mote que se le puso por las grandes cicatrices que tenía en su rostro y de las
que estaba muy orgulloso.
jueves, 3 de marzo de 2016
EXTRAÑOS SUCESOS NAVALES - Víctor San Juan
El mar no tiene ni
sentido ni piedad. (Antón Chejov)
Planeta Tierra…
¿A quién se le ha ocurrido poner este nombre a un astro que está compuesto por
casi el 70% de agua? Acaso deberían llamarlo, más apropiadamente, Planeta Agua o Planeta Azul, pues es el color predominante que se observa desde el
espacio. Pero bueno, ya que está puesto habrá que seguir llamándolo así. Aunque
de todas maneras, el mar, los océanos, siguen atrayendo a los hombres de forma hipnótica.
Como diría Jack Aubrey, alias el
Afortunado, personaje principal de las obras de Patrick O´Brian “¿Qué tiene
el mar que hace enloquecer a los hombres?”
. Ahora bien, viajar en un barco, o un velero, o simplemente meterse en
la seguridad de una orilla dorada, muchas veces no es banal, y la mayoría de
ellas es altamente desconcertante y misteriosa. Algunas veces el mar no
devuelve a sus hijos y otras veces los marinos aseguran haber visto, no
monstruos marinos de antaño, sino cosas extrañas e incluso haber presenciado
hechos que a más de uno les pondría los pelos de punta. Una frase
cinematográfica reza “Nadie puede oír tus gritos en el espacio” A lo que habría
que añadir “… y en el mar tampoco”.
En esencia, y remitiéndonos
al párrafo anterior, todo esto es lo que nos ofrece Víctor San Juan en su obra Extraños sucesos navales, editado por
Nowtilus en 2016. Este ensayo tan peculiar está encuadrado dentro de la
colección Historia Incógnita
evidenciando que no hay mejor lugar para narrarnos los curiosos incidentes que
sufrieron barcos y marinos a través de los siglos XIX, XX y XXI. El trabajo de Víctor
San Juan se circunscribe a hechos extraños y muchas veces sin explicación, tal
vez debido al azar, ocurridos en distintos mares del mundo. A través de sus
páginas podremos encontrar barcos fantasmas, en los que no solo parece ser que
está manejado por una fuerza mayor no comprensible por los humanos, sino que
también navegan vacios tras desaparecer de manera misteriosa sus tripulantes y
viajeros. Nieblas que sugieren formas indefinidas; muertos que hablan; animales insumergibles que llevan su propio
halo de infortunio a cuestas; tesoros que cambian de mano en mano; guerras
destinadas al fracaso; e incluso alienígenas y luces extrañas tienen cabida en
este repertorio de historias emocionantes.
Y aunque haya
algo no definido en el continuo rugir de las olas plutónicas, el lector no ha
de tener miedo de encontrarse con un libro de toques surrealistas y tintes conspiranoicos.
El autor, Víctor San Juan es un especialista consumado en temas marinos (por
algo es ingeniero naval, escritor y navegante) y todos los asuntos que trata en
estas páginas, desde buques malditos a enigmáticos submarinos, han sido
estudiados y confrontados para exponerlos sin ningún temor a través del tamiz histórico.
Mediante una prosa atrayente nos lleva a un terreno que muchas veces, tal vez
por temor o el desconocimiento, ha sido apartado de las crónicas marinas. Son
historias que los marinos, en sus ratos de saudade
o entre humo de pipas narran a sotto voce,
con un ojo puesto en el humo juguetón y otras veces en la puerta de la cantina
tal vez a la espera que se presente algún ser
perdido en un barco maldito. Así pues les animo a abrir este curioso y a la vez
excitante libro y dejarse llevar por el misterio que encierra los mares y también, por qué no,
mecerse por el encanto de aquello que está escondido tras la cortina del
tiempo.
sábado, 27 de febrero de 2016
EL ORIGEN DEL MAZAPÁN
Sin duda alguna
los dulces más famosos en España durante las fiestas de Navidad son el turrón y
el mazapán. Guste o no, no hay bandeja que en esos entrañables días no esté
trufado de mazapanes. Pero ¿sabías cuál es su origen? En concreto tiene dos,
siendo uno más fantástico que el otro. Comencemos por el más realista: El mazapán,
ese dulce hecho base de almendras molidas y azúcar, fue introducido en España
por los árabes en el siglo VIII. Entonces eran meramente unas tortas planas
llamadas mantha-ban, que significa “rey
sentado”, en las que se podían ver impresa la imagen de un monarca sedente. Llama
la atención que en la actualidad en el escudo de la ciudad de Toledo aparezca
el mismo rey por duplicado, uno portando una espada y otro mostrando un cetro
de oro. Es por ello que este dulce, el mazapán sea uno de las señas de
identidad de esta bella ciudad castellana. Y ahora pasemos a la versión más fantástica
y popular. Cuenta la tradición que cuando los moros estaban a punto de tomar Toledo
unas monjas de San Clemente, viendo el hambre que estaba produciendo el asedio,
crearon una pasta con los únicos ingredientes que tenían a mano. Para ello
juntaron almendras crudas y azúcar amasándolo todo a base de golpes de maza
hasta conseguir una pasta con la que alimentar a los sitiados. A esta nueva
invención la llamaron “pan de maza”, y si damos la vuelta a esta denominación acabaremos
con el nombre actual de este dulce: mazapán.
lunes, 22 de febrero de 2016
EL OSO DE BYRON
De Lord Byron sabemos
muchas cosas. Que fue un gran impulsor del movimiento romántico, un excelente
literato y una de las personas más excéntricas y controvertidas que han
existido. Pero lo que mucha gente desconoce es que Byron también era un gran
amante de los animales. Desde que era pequeño siempre le gustó estar rodeado de
ellos. En su casa tuvo animales de todos los tipos, desde los más comunes como
gatos, perros, gallinas, hasta algún pavo, zorros, águilas, halcones, e incluso
una vez fue propietario de un esplendido y bello oso. Esto último ¿cómo fue posible?
Pues ni más ni menos por culpa de las estrictas reglas de la universidad a
donde fue a estudiar. Parece ser que cuando era pequeño le regalaron un
cachorro de terranova al que puso por nombre Boatswainand, y desde el mismo momento en que se vieron se hicieron
compañeros inseparables. Todos los días andaban juntos hasta que llegó el año
1805 cuando el joven Byron tuvo que acudir a Cambridge a estudiar en la afamada
universidad del Trinity College. Cuando llegó allí estuvieron a punto de
echarle ya que se había llevado consigo a su perro, y según las normas del
lugar estaba terminantemente prohibido tener perros en las habitaciones. Y
aunque reclamó varias veces volvieron a denegarle su petición de quedarse con Boatswainand.
Pero lo que la dirección del centro no sabía era lo tozudo que podía llegar a ser Byron. Un buen día el futuro autor del Don Juan decidió comprar un oso y llevárselo
hasta las mismas puertas del Trinity
College. Claro está no le dejaron entrar con él alegando que no se podían tener
animales allí dentro pero ante el asombro de todos Byron solicitó que le señalaran
dónde estaba escrito que no podía tener un
oso en el centro. Y, como no encontraron esta norma, Byron pudo quedarse con
él. Es más, tiempo después incluso pidió una beca en nombre de su amigo y ¡se la tuvieron que conceder!,
ya que de facto estaba matriculado en
esta prestigiosa universidad.
domingo, 21 de febrero de 2016
LA BAYETA HUMANA
¿Sabías que el
verdadero nombre de Buster
Keaton era Joseph Frank Keaton, y que el
apelativo por el que mundialmente es conocido se debe al maltrato infantil que
sufrió durante su infancia? Según parece era hijo de unos actores de vodevil los cuales estaban
continuamente discutiendo. Lo curioso es que para pelearse no usaban solamente
palabras sino que utilizaban al pobre bebe como arma arrojadiza. En una de ellas
el padre agarró a Keaton y como era costumbre se lo tiró a su mujer con tan
mala fortuna que ésta se agachó haciendo que el proyectil humano saliera disparado por la puerta de la
habitación, que en esos momentos estaba abierta, y cayera dando tumbos por la escalera justamente a los pies
del jefe de la compañía, el gran Houdini, quien al presenciar esta escena
no se le ocurrió otra cosa que gritar asombrado: “What a buster!” (Que más o menos se puede traducir como ¡Vaya porrazo!) Cuando el
pequeño Keaton cumplió más años pasó directamente a las tablas ayudando a sus
padres en su nuevo espectáculo: La bayeta
humana. Parece ser que el número consistía esencialmente en golpear,
estrujar, y estirar al pobre Buster sin que este perdiera su cara de palo. Aunque
ahora nos parezca una auténtica barbaridad en aquellos tiempos este tipo de espectáculos
eran muy comunes, y no solo divertían al público sino que también daban mucho dinero.
Así pues, cuando terminaban el número, los
espectadores les tiraban algunas monedas a escena, a lo que los Keaton, para demostrar lo agradecidos que
estaban, arrojaban el niño al publico siendo éste devueltos de la misma manera como
si fuera una pelota de playa. Llama atención que Buster Keaton nunca se
rompiera un hueso. Con el tiempo este tipo de maltrato se convirtió en uno de
sus sellos de identidad en el cine ya que su “elasticidad” le permitió rodar un
buen número de escenas sin utilizar dobles, solo utilizando su cuerpo.
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