sábado, 3 de septiembre de 2016

UN HÁBITO DIFICIL DE VESTIR



Como el sastre oficial de la Ciudad del Vaticano no sabe quién va a ser elegido como Sumo Pontífice hasta que no termine el conclave papal, siempre tiene que tener preparado en un despachito tres hábitos blancos de distintas tallas, uno pequeño, uno mediano y otro grande, a la espera de ver quien abre su puerta y se presenta ante él. Casi, y digo casi, nunca ha habido problemas para poner el hábito al nuevo papa, hasta que fue elegido el cardenal Angelo Giuseppe Roncalli, quien sería conocido como Juan XXIII. Cuando el sastre lo vio, no dudó en vestirle con la talla grande, ya que Roncalli no era bajito y además era algo grueso. Pero por desgracia para ambos incluso esa talla le estaba pequeña. Tan estrecho le estaba el hábito que casi no podía levantar el brazo con el que debía bendecir a la gente que le esperaba ansiosa en la Plaza de San Pedro. Así que el nuevo Papa tuvo que presentarse ante sus fieles con un hábito tuneado. Tiempo después el mismo Juan XXIII comentó lo siguiente: “Todos querían que fuese Papa, menos el sastre vaticano”.

viernes, 2 de septiembre de 2016

UN OFICIO PELIGROSO



En verdad desconozco si el oficio de catador real todavía existe. Sin duda ha sido uno de los oficios más conocidos y peligrosos de todos los tiempos. Debieron ser cientos los catadores que fueron envenenados antes de que la comida llegara a su destino. Pero ¿sabías que hubo otro oficio parecido en la Edad Media que era casi igual de arriesgado? Pues sí, se trataba del cortador o trinchante de corte. Hay que recordar que durante aquellos años la dieta básica en las altas esferas era la carne. Cuando había un banquete la carne no se servía en platos individuales (como mucho en gruesas rebanadas de pan que se impregnaban con el caldillo que rezumaba la pieza) sino que se despiezaba entero en medio del jolgorio. El encargado de trocearlo y servir el pedazo de carne al rey era el cortador el cual era uno de los personajes principales que había en el castillo o palacio del noble de turno. El que ostentara este cargo no era solamente por lo bien que cortaba la carne sino porque se aseguraba que ésta no estuviera envenenada. Así que es por ello que no solo hacia su oficio dentro del castillo sino que también viajaba con el rey a cualquier sitio donde éste fuera. Al trinchante o cortador se le obligaba a guardar su material, cuchillos, tenedores…, dentro de un baúl cerrado con llave para evitar cualquier contacto ajeno y cuando había que cortar y servir al rey o noble primeramente cortaba una rebanada de pan y se la daba a probar al repostero real, quien tenía también el cargo de vigilar dicho baúl. Es evidente que si el cuchillo estaba envenenado moriría éste primero y después el cortador, ambos acusados de haber intentado matar al rey. Como se puede ver un oficio que solo se podía otorgar a verdaderos hombres de confianza leales al monarca.

jueves, 1 de septiembre de 2016

EL PRIMER MARATÓN DE LA HISTORIA



Existe una creencia popular que asegura que en los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia se corría la prueba de maratón. Este dato es totalmente falso. Podríamos decir que lo único que ha aportado la antigüedad a esta prueba es el nombre, es decir la carrera que hizo un heraldo desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria de los griegos frente a los persas. En verdad la primera vez que se corrió el maratón fue en Grecia pero en las primeras Olimpiadas Modernas de 1896 realizadas en Atenas. El ganador fue un griego llamado Spiridon Louis, quien antes de la carrera estuvo orando y ayunando durante dos días. La victoria de Spiridon fue toda una hazaña, y un honor para el pueblo griego el cual no había ganado ninguna medalla durante aquella olimpiada. Hay que recordar también que la distancia actual que se corre en un maratón es de 42.195 metros. Este recorrido fue fijado unos cuantos años después de la Olimpiada de Atenas, precisamente en las de Londres de 1908. Parece ser que la reina consorte del Reino Unido, Alejandra de Dinamarca, señaló que esta prueba debía correrse entre el Castillo de Windsor y terminar frente al palco del estadio White Hall. O sea 42.195 metros que es la distancia que existe entre ambos lugares.

domingo, 28 de agosto de 2016

ESTAN LLOVIENDO HOMBRES… ¿O NO?



Una de las imágenes que más ha popularizado la Historia del Cine es la de cientos de apurados accionistas e inversores que debido al crac económico de 1929 deciden tirarse desde la ventana de su despacho a la calle. Incluso existen películas cómicas en las que hasta aparecen colas de estos desgraciados arrojándose en riguroso orden. Pero hay que decir, en honor a la verdad, que esta escena ha sido exagerada al máximo, convirtiéndose en una leyenda típica de la época. Según parece entre el 24 de Octubre de 1929 y hasta el final de año de unos 100 suicidios que se produjeron solo cuatro se debieron al hecho de arrojarse al vacío desde una ventana o azotea. E incluso para ser más precisos solamente dos de esos cuatro se produjeron en Wall Street, en concreto se trató del contable Huida Borowski que se arrojó desde una planta 40, y de un empresario de productos agrícolas, G. E. Cutler que igualmente se tiró pero desde el despacho de su abogado. Aun así hubo muchos otros suicidios de toda índole, pero no como nos lo ha descrito el cine, ya que parece darla impresión de que esos días había que andar con cuidado por el centro financiero de Nueva York no fuera a ser que te cayera alguien encima.

sábado, 27 de agosto de 2016

UN TWITTER DE ENTONCES



A finales del siglo XVI, precisamente en 1589, una persona escribió en un muro esta advertencia pública, destinada,  sobre todo,  a la nobleza inglesa:
“No se permite a nadie, quienquiera que sea, antes de las comidas, durante las mismas, o después de ellas, ya sea tarde o temprano, ensuciar las escaleras, los pasillos o los armarios con orina u otras porquerías”.
Esto demuestra que alguien debía estar cansado de ciertas costumbres higiénicas que existían en las comidas de aquella época.