Al comienzo de
la Guerra Civil Española, precisamente el 4 de agosto de 1936, un avión republicano pilotado por el alférez
Manuel Gayoso tomó rumbo hacia Zaragoza y cuando pasaba por encima de la
Basílica del Pilar arrojó un total de cuatro bombas con la idea de destrozar
uno de los símbolos católicos más importantes que existen en España. Dos de las
cuatro bombas dieron en el blanco, otra cayó
en la plaza mientras que la cuarta fue a parar a las aguas del Ebro. Pero lo
que más llama la atención es que a pesar de la buena puntería del aviador
ninguna de ellas estalló. ¿Pudo tratarse de un milagro? Pues no. Según parece
las bombas utilizadas por el alférez Gayoso estaban preparadas para estallar
cayendo desde algunos cientos de metros, pero en cambió él las arrojó solamente
desde 150 metros de altitud, y por eso no se activaron. La milenaria Basílica quedó
indemne del bombardeo, e incluso la que impacto contra la plaza solo dejó una
fractura en forma de cruz que al poco tiempo fue rellenada con mármol y una
fecha indicando el día que sucedió el hecho. El único desperfecto de relevancia
fue que una de las bombas que entraron en el templo lo hizo por el marco de una
de las pinturas al fresco titulada La
Adoración del Nombre de Dios realizado por Goya en 1772. En la actualidad pueden
verse las dos bombas expuestas en la base de dos pilares del templo.
martes, 2 de mayo de 2017
lunes, 1 de mayo de 2017
OPERACIÓN FALL BLAU - Juan Pastrana Piñero
Uno de los
elementos esenciales de un conflicto armado es sin duda la logística y el buen aprovisionamiento
del ejército. Si se tiene en cuenta este factor, sin duda alguna ya se consigue
una buena base para la victoria final. Los contingentes armados de la
antigüedad muchas veces no tenían este problema ya que la mayoría de los
soldados no eran profesionales sino meros campesinos que al terminar la batalla
volvían a sus tierras a recoger la cosecha. Eran esencialmente guerras
estacionales. Pero con el paso de los siglos y el aumento de los imperios en el
planeta esta idea se fue quedando arcaica. Los ejércitos estaban más tiempo en
el frente y por eso o bien conseguían aprovisionarse con lo que había en
territorio enemigo o bien cuidando la línea de enlace con el centro neurálgico del
ejercito. Eso sí, el problema era que cuanto más se avanzaba el cordón
umbilical de los suministros era más delgado y estaba más expuesto al enemigo y
es por eso que debía tenerse especial vigilancia para que el ejército no se quedara sin
pertrechos ante un posible ataque. Un caballo podía alimentarse de cualquier hierbajo,
pero las maquinas de guerra del siglo XX necesitaban para vivir algo más que hierba:
petróleo y carbón. Ese aceite de piedra era la savia con la que los tanques,
aviones y otros medios de destrucción podían funcionar. Es por eso que el petróleo
fue uno de los objetivos más codiciados durante la Segunda Guerra Mundial. El
que amasara más aceite negro lograría sin duda la victoria final.
Este es uno (de
muchos) de los principios básicos que trata el libro que tengo entre manos: Operación Fall Blau, de Juan Pastrana Piñero.
El autor nos lleva al momento clave de la Segunda Guerra Mundial en el Frente
Oriental, cuando los alemanes deciden atacar y conquistar la zona sur de Rusia,
el Cáucaso y así poder controlar esa rica zona. Remontemos al 22 de Junio de
1941 cuando el ejército teutón emprende uno de los ataques más grandes de la
Historia: la Operación Barbarroja. En un principio este ataque, al igual que
los realizados en el Oeste, surte efecto y destroza a las fuerzas rusas, pero
cuando los alemanes llegan a puertas Moscú se estrellan contra sus puertas. Los
rusos, repuestos del shock inicial, y tirando de su enorme masa de soldados,
consiguen repeler al enemigo y lo hacen batirse en retirada. La Wehrmacht está
acostumbrada a la guerra relámpago (Blitzkrieg)
y no a una guerra de desgaste. Es por ello que Hitler, viendo que su ejército
está atascado, y no queriendo tener dos frentes abiertos por mucho tiempo fija
su vista en el sector Sur de Rusia y más allá: los jugosos pozos petrolíferos del
Cáucaso. Con ello quiere, por un lado el colapso económico de Rusia, y por otro
los anhelados e inmensos recursos petrolíferos que le proporcionaría su
conquista para poder así luchar hasta la victoria final.
Así pues el 9 de
Julio de 1942 ordena que se abran dos líneas nuevas de ataque. Por un lado el
Grupo B bajo el mando del mariscal Maximilian von Weichs junto al VI Ejercito
bajo el mando de otro general, Friedrich Paulus; y por otro el Grupo A bajo el
mando del mariscal Wilhem von List. Y es precisamente sobre este último grupo
sobre el que centrara nuestro autor su trabajo, aunque tampoco se olvidara de
sucesos colaterales a esta operación como es la mastodóntica Batalla de
Stalingrado (1942 – 1943). Como ocurrió un año antes las fuerzas alemanas
consiguen conquistar buena parte del Cáucaso en poco tiempo, a pesar de que
algunas ciudades costeras todavía se resisten. Conquistan mucho territorio,
pero a pesar de su dimensión no es de vital importancia ya que se quedan a las
puertas de los pozos petrolíferos, como por ejemplo el de Bakú. Como
consecuencia muchas unidades se quedan en mitad de tierra de nadie, a merced de
las renacidas fuerzas soviéticas y sin combustible. Hitler, como es su
costumbre, se impacienta con este revés y el 9 de Septiembre se cansa
de la Fall Blau y fija su mirada en la ciudad de Stalingrado. Anhela
conquistarla y así rebajar la moral de su archi enemigo Stalin. La ciudad del Volga se convierte en algo más
que un enclave estratégico, es ya una cuestión de honor. El 19 de Noviembre los
rusos comienzan la cacería de las tropas alemanas que han quedado dispersas por
el Cáucaso y las empuja de vuelta hasta Ucrania. La anhelada Operación Fall
Blau había fracasado y como consecuencia de ello el ejército alemán sufrirá
posteriormente su mayor derrota en Stalingrado. Los vientos de la guerra
comenzaban a cambiar y muy pronto Hitler y sus gerifaltes sentirían en su
rostro el huracán rojo.
El libro de Juan
Pastrana Piñero, Operación Fall Blau,
nos muestra todos los pormenores de esa arriesgada jugada con la que el Führer
quiso conquistar el Cáucaso. Se apoya en un aparato crítico impresionante y lo
narra de manera apasionante para que cualquier lector pueda vibrar con esa
parte de la historia bélica que queda un poco arrinconada frente a la Batalla
de Stalingrado. Analiza de manera brillante los antecedentes, desarrollo y
consecuencias que tuvo esta operación y cuáles fueron sus momentos cruciales. Así
pues les animo a acercarse a este ensayo y disfrutar de uno de los momentos
claves de la Segunda Guerra Mundial y revivir el momento en que dos
superpotencias armadas lucharon a brazo partido por conseguir el dominio de la
sangre de la tierra, el petróleo.
viernes, 21 de abril de 2017
BREVE HISTORIA DE LAS BATALLAS NAVALES DE LA ANTIGÜEDAD - Víctor San Juan
¡Busca protección tras
murallas de madera!
(Respuesta que le da el Oráculo de Delfos a Temístocles
antes de la Batalla de Salamina)
Violento
entrechocar de maderos. Fuego que arrebata la vida a los soldados. Marineros
que tras vender cara su vida se ahogan agarrados a un simple madero flotante.
Esclavos que se desuellan los tobillos intentando quitar las cadenas que los
aprisionan. Esto es solo un ejemplo de todo lo que conocemos de las batallas
navales de la antigüedad. La mayoría escenas vistas en las múltiples versiones
de Ben – Hur. Como se puede ver el
conocimiento que tenemos, y en este campo me incluyo, es bastante pobre. Y eso que
gran parte de la vida de los antiguos se circunscribía a su pericia en el mar y
a las relaciones comerciales que se establecían entre distintos pueblos o
imperios unidos por una cadena acuatica. Conocemos de carrerilla las guerras
púnicas, las hazañas de Aníbal, Julio César o Alejandro Magno pero ignoramos
las batallas que libraron sobre el agua. Así pues no viene nada mal que el
escritor y marino a partes iguales, Víctor San Juan, nos asesore y nos haga una
puesta a punto sobre este tema tan interesante gracias a su libro Breve Historia de la Batallas Navales de la
Antigüedad, editado por Nowtilus.
El mar Mediterráneo,
en toda su extensión, es el campo de juego. Quién domine la parte occidental,
oriental o toda en su conjunto sea a base de batallas o comercialmente domina
ese mundo arcano. El autor nos muestra un total de 27 grandes batallas desde la
misma Edad de Hierro (1190 a. C) hasta la impresionante confrontación entre
romanos y una coalición latino-egipcia en Actium (31 a. C). Se remonta desde lo
que él considera la primera confrontación reseñable entre Ramsés III y los
Pueblos del Mar en el Delta del Nilo hasta la anteriormente mencionada. Es
desde luego un catálogo impresionante. El lector puede deleitarse con el
entrechocar de navíos entre etruscos y fenicios en la Batalla de Alalia; las increíbles
gestas de los griegos contra los persas en las guerras Médicas en Himera o
Salamina; ver como sucumbían los atenienses frente a los espartanos en Egos
Pótamos o viceversa en las Arginusas; o asistir a la huida de Cleopatra hacia
Alejandría en Actium mientras dejaba atrás a su desconsolado Marco Antonio… y
estas son solo una pequeña muestra de todo lo que se podrá encontrar en este
excelente ensayo.
Pero no crea el
lector que en este trabajo de Víctor San Juan va a encontrar solamente sangre y
muerte entre las cuadernas de un barco. Igualmente Breve Historia de las Batallas Navales de la Antigüedad nos muestra
cómo eran los barcos de la antigüedad, cuál era la capacidad bélica de un
trirreme griego o romano, qué tipo de embarcaciones eran los ideales para
manejarse en el Mediterráneo e incluso cuál era la mejor para recorrer grandes
distancias hasta el Océano Atlántico o en pequeñas distancias como las que se
pueden dar en el rio Nilo, y sobre todo cuáles eran las características de
aquellos barcos tan importantes en esos tiempos, sus métodos de construcción y
el tipo de marinos y soldados que lo integraban. Y todo ello trufado con
nombres de personajes que hicieron grandes epopeyas marítimas entonces. Por
ellas conocerán las gestas de Uenamon, Aderbal, Marco Atilio Régulo, Hannón,
Artafernes, Temístocles, entre otros cientos, e incluso las de valientes
mujeres como la reina Artemisia de Halicarnaso en Salamina o la sagaz Cleopatra
frente al todopoderoso imperio romano. Es desde luego un libro que recomiendo a
todo el mundo que quiera o por un lado completar la visión y conocimientos que
tiene de la antigüedad o por el otro disfrutar de un aspecto de ella, vibrante y emocionante a la vez, que
desgraciadamente hoy en día, de manera injusta, parece un tanto ignorada.
viernes, 14 de abril de 2017
EL JUICIO - GORDON THOMAS
Pilatos entonces le dijo: ¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: Tú
dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para
dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. Pilatos le preguntó: ¿Qué es la verdad? Y habiendo dicho esto,
salió otra vez a donde estaban
los judíos y les dijo: Yo no encuentro ningún delito en Él. (Juan 18: 37-38)
En las fechas
que comienzo a escribir esta reseña se acerca poco a poco el periodo clave del
calendario cristiano: La Semana Santa. Las cofradías se preparan y acicalan con
cuidado sus pasos; los cofrades sacan las caperuzas del armario y les quitan el
polvo para lucirlo en las procesiones a ritmo de corneta y saeta. Así mismo las
sartenes no solo calientan el aceite para fritar las ricas torrijas (a mí me
gustan solo de leche y canela) sino que también las cadenas de televisión
principian a calentar sus parrillas de emisión programando una buena ración de
películas religiosas que aunque vistas unas y mil veces no dejan de ser
verdaderas obras de arte. Ben-Hur, Rey de Reyes, Jesús de Nazaret de Franco Zeffirelli, o alguna miniserie entorno a
la Virgen María. Así pues, y si añadimos las retenciones de las operaciones de salida
y entrada, tendremos el caldo perfecto para una Semana Santa de corte popular
igualita que la que existe todos los años. Pero aunque eso exacerbe por unos
instantes los sentimientos religiosos, desgraciadamente muchas veces enmascara
la verdadera historia de otra semana de hace cientos de años en que el hijo de
un carpintero de Nazaret entró en Jerusalén, a lomos de un borriquillo, y fue
aclamado por sus conciudadanos, pero que pasado ese tiempo acabó siendo clavado
en una cruz cual forajido perseguido por la ley. O lo que es lo mismo la odisea
de un hombre, autodefinido como Hijo de Dios, que pasó de la noche a la mañana
a convertirse en el núcleo central de una nueva religión profesada actualmente
por millones y millones de personas: el Cristianismo. Como se dice normalmente:
La Historia más grande jamás contada.
miércoles, 12 de abril de 2017
BREVE HISTORIA DE LA BELLE ÉPOQUE - Ainhoa Campos Posada
Qué afortunados somos
de vivir el primer día del siglo XX
(Le Fígaro, 1 de
Enero de 1901)
Abril de 1900.
París es el centro del mundo, y es precisamente allí, en la Ciudad de las Luces
donde se inaugura una de los grandes símbolos de la época: La Exposición
Universal de 1900. Hasta mediados de Noviembre de ese año, y en sus 216 hectáreas
de terreno casi todos los países del mundo exhibieron sus adelantos científicos
y sus maravillas con los que asombraron a cualquier persona del globo que se
hubiera acercado allí. Y es que aquella exposición no solo era un gigantesco
gabinete de curiosidades, además era el símbolo de una época, de un tiempo de
paz en el que parecía que el fantasma de las guerras y de las sangrientas
revoluciones había pasado. La estabilidad entre los países, la nueva mentalidad
y el poderío de la clase media hacía que aquellos años se convirtieran para los
que los vivieron entonces en una era dorada. Un mundo de cambios impresionantes
en que la humanidad parecía haber dado un paso adelante. Un tiempo emocionante
que acabaría en un mar de trincheras de barro, pero que en aquel entonces valía
la pena vivir. Ahora es un mero recuerdo de estabilidad, frágil estabilidad,
pero que de vez en cuando vale la pena recordar. Así pues les presento uno de
esos ensayos que recrean de manera magistral una época y que deja a la vez una
grata impresión al lector deseoso de sumergirse en unos años donde la luz de la
ciencia arrinconó durante un breve tiempo a las tinieblas de la barbarie. Con
todos ustedes: Breve Historia de la Belle
Époque, de Ainhoa Campos Posada.
Esta expresión
francesa, La Época Bella, algunos autores la retrotraen hasta 1871 y no hasta
1890, precisamente cuando se acallaron las armas de fuego de la Guerra Franco
Prusiana. Sea entonces, o 19 años después
es innegable que aquella Europa del colonialismo, en el que parecía que el
hombre blanco era dueño y señor de todo el orbe, fue para el viejo continente
un tiempo de prosperidad. Las materias primas que fluían (o se succionaban)
desde África o Asia hacía que la despensa de Europa estuviera satisfecha, por
lo menos para la burguesía y las clases altas. Gran Bretaña, que no solo
mandaba sobre las olas, Francia y Alemania, por ejemplo, dominaban gran parte
del mundo y esto provocaba que mucha gente se enriqueciera. A esto se unía la
plena implantación de la Revolución Industrial, y aunque todo parecía ir de
fabula poco a poco se estaba produciendo que la brecha entre ricos y pobres se
fueran ahondado poco a poco. Los ricos más ricos y los pobres más hundidos en
el fango. Es por ello que una de las grandes revoluciones de esta época es el
nacimiento de partidos políticos y sindicatos que luchan por las libertades del
obrero. La guerra silenciosa entre el liberalismo y el conservadurismo había
nacido.
Ainhoa Campos
Posada nos muestra una época optimista, y a la vez muy valiente. En el aire
existe una especie de sensación de que hay que dejar atrás lo pasado y por lo
tanto la necesidad de echarse en brazos de la esperanza, de la paz y sobre todo
de los avances científicos. Los nuevos medios de transporte, cada vez más rápidos,
como el nuevo coche o el ferrocarril, la inmediatez del telégrafo, el cable
submarino, el teléfono e incluso el cine, harán que nos encontremos con un
mundo más cercano y con una economía más globalizada. Además aumenta el nivel
de vida gracias a los avances en la medicina, como los rayos X o aplicaciones
para combatir enfermedades. Esto hará que el ser humano tenga confianza en un
futuro prospero y en paz.
Y es por ello
que la sociedad empezara también a evolucionar, y con ellos sus ciudades. Urbes
como Paris, Berlín o Londres comenzaran a cambiar su fisonomía y se efectuaran
grandes obras urbanas en las que las inmensas avenidas y bulevares se impongan
por encima de los antiguos barrios de vía estrecha. Pero claro, todo esto
tendrá su inconveniente y reflejo. Si la Belle Époque es un tiempo de
prosperidad también es un tiempo de controversias e injusticias. Si antes hablábamos
de grandes bulevares, éstos no se impusieron en su totalidad pues en muchos
casos las casas y barrios de la gente baja comienzan a ser desplazadas hasta
convertirse en simples guetos en donde se hacinan las personas sin ninguna garantía
de vida. Hecho que poco a poco va calando en el espíritu de esta sociedad y
produce que germine en su interior una venganza posterior, como por ejemplo la
que ocurrirá tiempo después en la Revolución Rusa (1917). Pero es que incluso
estas contradicciones no solo se producen en la clase baja sino que también en
las altas esferas, en sus propias casas, no es oro todo lo que reluce. El
fuerte patriarcado familiar hace que la mujer sea un mero adminículo de su
marido y aunque luzca joyas en bailes, de puertas para adentro está sometida a rígidas
normas. Menos mal que el naciente movimiento de la mujer hace que esos
grilletes se vayan rompiendo poco a poco.
En definitiva,
La Belle Époque es un tiempo de cambios en todos los aspectos de la vida, desde
los ideológicos, tecnológicos, médicos, políticos, culturales… pero también de
fuerte contradicciones que harán que aquella feliz etapa se vaya resquebrajando
poco a poco hasta desembocar en su propio fin: La Primera Guerra Mundial. Y es
que los que sobrevivan al horror de entonces recordaran con anhelo la hegemonía
y la estabilidad de unos años en el que el miedo, el hambre y la guerra,
parecían haber desaparecido para siempre en un mar de champan y lujos sin par.
sábado, 1 de abril de 2017
LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO - Fernando Fernán Gómez
Sabe Dios cuando habrá otro verano
Dos niños juegan
en un solitario descampado de Madrid barrido por el viento. Como todos los
chavales de la época quieren ser soldados valientes, igual que Gary Cooper en Tres Lanceros Bengalíes. Uno de ellos,
al que familiarmente su familia y amigos llaman Luisito, se queda parado un
momento tras haber matado a un imaginario afgano, y con cierta preocupación le
pregunta a su compañero de armas: ¿Te
imaginas que aquí hubiera una guerra de verdad? Entonces el otro, con sonrisa
socarrona, no creyendo que le pregunte semejante cosa, le contesta: Pero ¿dónde te crees que estás? ¿En
Abisinia? ¡Aquí que va a haber una guerra! Luisito asiente y como la nube
que temporalmente tapa el sol, su ánimo vuelve a reflotar y prosigue jugando.
El verano promete ser largo, muy largo, y nadie en aquel mundo moderno, en
aquella España democrática del 36, cree que aquellas horrendas matanzas de años
pretéritos se puedan producir en un país que parece haber exiliado al fantasma
de la guerra. Aunque en verdad, Luisito tiene razón en algo, aquellas
vacaciones de 1936 van a ser muy largas y movidas. Un verano que va a durar en
total tres años.
Etiquetas:
Clásico,
Guerra Civil Española,
LIBRO DE LA SEMANA
Ubicación:
Madrid, España
jueves, 30 de marzo de 2017
UN ACRÓSTICO PARA UN GENERAL
Cuando en un
país el control de la prensa y de los libros por parte de la censura es muy
fuerte, los escritores y periodistas han de agudizar mucho el ingenio para
poder sacar adelante sus ideas. Y precisamente esto es lo que hizo uno de
aquellos escritores en España durante la época del dictador Miguel Primo de
Rivera (1923 -30) al dedicarle el siguiente poema al general:
(Nota: para
sacar el mensaje oculto solo han de leer la primera letra de cada verso)
Paladín de la patria
redimida,
Recio soldado que pelea y
canta,
Ira de Dios que cuando azota
es santa,
Místico rayo que al matar es
vida.
Otra es España, a tu virtud
rendida;
Ella es feliz bajo tu noble
planta.
Solo el hampón, que en odio
se amamanta,
Blasfema ante tu frente
esclarecida.
Otro es el mundo ante la
España nueva;
Rencores viejos de la Edad
medieva
Rompió tu lanza, que a los
viles trunca.
Ahora está en paz tu grey
bajo el amado
Chorro de tu luz inmortal
cayado.
Oh, pastor santo, ¿no nos
dejes nunca!”.
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