Hasta el siglo
XIX el derecho al voto era exclusivamente masculino. No fue hasta la llegada de
la Segunda República (1931-1939) cuando la mujer obtuvo por fin el derecho a
dar su opinión en las urnas. La llegada del nuevo régimen trajo nuevas
esperanzas a la sociedad pero aunque parezca increíble algo tan de justicia
como es el derecho femenino no estuvo exento de polémica en las Cortes. Una
gran mayoría de los diputados estaban de acuerdo en poner en práctica el
sufragio femenino pero en lo que no se aclaraban era a que sector de las
mujeres otorgarlo: ¿a las solteras y viudas, a las casadas aunque discutieran
con su marido acerca de quién votar en las próximas elecciones, o a toda la
población femenina en general? Y lo que es más curioso, eran las propias mujeres
diputadas quienes estaban enfrentadas por este tema. Por ejemplo Margarita
Nelken y Victoria Kent no estaban, en ese momento, dispuestas a otorgar el voto
a las mujeres ya que pensaban que darles esa oportunidad era darles votos a los
elementos más reaccionarios como eran la derecha y la iglesia y que incluso podían
ser manipuladas por sus maridos. Aunque les doliera opinaban que no era el
momento de otorgarlo sino más adelante cuando la República fuera más fuerte. En
cambio, frente a ellas se encontraba Clara Campoamor que disentía al decir que
era necesario el sufragio femenino por justicia y dignidad. Al final ganó esta
segunda opción (161 votos a favor, 121 en contra y 188 abstenciones) y las
mujeres, por fin, alcanzaron el justo
derecho a votar. Llama la atención que en las elecciones de 1933 fueran a votar
seis millones de electoras y que la derecha ganase. Debido a ello las
izquierdas les echaron la culpa a las mujeres de estos resultados, aunque
actualmente se sabe que los votos femeninos fueron muy repartidos, al igual que
el de los hombres, y que hubo también un buen número de abstenciones de ambos
sexos.
sábado, 26 de enero de 2019
jueves, 24 de enero de 2019
EL DESASTRE INICIAL DE LA TRAVIATA
¿Quién no ha
tarareado alguna vez un compás de La
Traviata, la inmortal ópera de Giuseppe Verdi? Hoy día es una de las obras
líricas más famosas del mundo, aunque es curioso saber que el día de su estreno
el 6 de Marzo de 1853 en el teatro veneciano de La Fenice, fue todo un fracaso.
Esta ópera, basada en la novela La Dama
de las Camelias, de Alejandro Dumas (hijo) fue abucheada por el público
debido a que la soprano Fanny Salvini-Donatelli no se ajustaba al rol de la
joven cortesana Violetta Valery. Para empezar dicha soprano, aunque aclamada
por la crítica, era demasiado mayor para el papel principal (38 años) además de
sufrir de sobrepeso en claro contraste con la que sería una dama delgada que
muere de tuberculosis.
¿Cómo fue esto
posible? Pues porque Verdi quiso asignar el papel de Violetta a otra soprano
más joven y fina pero el gerente del teatro le obligó a aceptar a la Donatelli.
El primer acto pasó sin pena ni gloria aunque arrancó un aplauso final. En
cambio, en el segundo acto comenzaron a oírse los primero abucheos para
convertirse luego, en el tercero, en auténticas carcajadas. Nada más acabar la
ópera Verdi se sintió hundido y días después escribió a un amigo suyo
diciéndole: “qué fracaso, qué desastre”.
lunes, 21 de enero de 2019
LA HISTORIA DE ESPAÑA EN 100 PREGUNTAS - Luis E. Íñigo Fernández
La Historia de
España es una de las más ricas y antiguas de Europa. Un buen número de pueblos,
desde Fenicios a musulmanes, han creado un hilo temporal de lo más emocionante
y rico lleno de hitos culturales, políticos o bélicos que muy pocos pueblos del
mundo han conseguido tener. Nuestra historia se puede leer como una novela, con
personajes buenos y malos, grandes aventuras a través de los siglos, y
victorias y derrotas que dejan muchas veces sin aliento a cualquier lector.
Pero lo que prometen ser horas y horas de entretenimiento y conocimiento sin
límites, por desgracia, en la actualidad, suele ser descuidada (cuando no
manipulada) por mucha gente provocando por tanto el desconocimiento o
aborrecimiento, sobre todo, en la juventud. Así que para atraerlos y
engancharlos de nuevo a una de las mayores gestas de la historia universal les
traigo un libro escrito por el historiador Luis E. Íñigo Fernández titulado La Historia de España en 100 preguntas
que hará las delicias de, o bien los que se acercan por primera vez a nuestros
hitos históricos o bien para quienes quieren afianzar momentos inolvidables de
nuestro pasado.
Como si Íñigo
Fernández tuviera un grupo de seguidores junto a él, al estilo de los diálogos peripatéticos,
el libro está estructurado en continuas preguntas y respuestas que suelta al
lector y responde ciñéndose de manera fiel a una línea temporal desde la época
prerromana hasta el final de la Transición española. Como se verá un buen
número de siglos y milenios contemplan a cualquier lector que abra sus páginas.
Preguntas pertinentes y respuestas acertadas sucederán de manera didáctica desde
la Hispania romana, pasando por los numerosos reinos medievales, la
deslumbrante cultura árabe, las grandes aventuras de los conquistadores allende
los mares, el brillo del Siglo de Oro, la racionalidad de un siglo que vaticina
los vaivenes del XIX, y un tiempo de hierro que fue el XX con su guerra civil,
los años de plomo de la dictadura y el advenimiento de una nueva esperanza
llamada Transición. Puede ocurrir que en algunas preguntas sepamos ya
contestación, pero a cambio, trufada junto a ellas, encontraremos otras que nos
sorprenderán y que más de una vez ya nos hayamos hecho. A mí por ejemplo algunas
respuesta han hecho que se me afirmaran
ciertos datos que creía ya conocer.
El estilo de La Historia de España en 100 preguntas,
como ya he comentado antes, es didáctico a la vez que riguroso, muy entretenido
a veces convirtiendo este trabajo en una herramienta esencial para cualquiera
que se quiere acercara a nuestra historia. Se lee, verdaderamente, como una
novela. Os la recomiendo.
sábado, 19 de enero de 2019
EL BIGOTE DE HITLER
Si uno observa
una fotografía de Hitler durante la Primera Guerra Mundial se dará cuenta
enseguida que en aquellos años el dictador alemán no llevaba su famoso bigote
en forma de cepillo. Al revés, era más frondoso llegando incluso a tener hasta puntas.
Pero algo debió de pasar durante el conflicto para que Hitler se lo recortara
hasta quedarlo un poco más grande que la yema de un pulgar. Este enigma nos lo
cuenta uno de sus correligionarios en aquellos años llamado Alexander Frey
quien asegura en unos escritos que a la hora de ponerse las máscaras antigás la
dimensión del bigote impedía a Hitler colocársela de manera adecuada. Así pues
uno de los oficiales le ordenó que se lo recortara todo lo que pudiera. Y así
lo hizo, quedándole una mota de pelo encima del labio superior. ¿Quién iba a
decirle que años después aquel bigotito iba a hacer furor entre sus
admiradores? De todas maneras el nuevo estilo de bigote no le impidió quedarse
casi ciego en 1918 durante un ataque de gas mostaza.
jueves, 17 de enero de 2019
UNA OBRA DE ARTE “BÁRBARA”
El Baldaquín de
San Pedro, situado frente al altar mayor de la Basílica de San Pedro de la
Ciudad del Vaticano, con sus abigarradas columnas forjadas en bronce macizo, es
una de las grandes obras maestras del barroco creada por los arquitectos
Bernini y Borromini. Fuera o no casualidad, el papa Urbano VIII, que pertenecía
a la familia del primer arquitecto,
mandó expoliar las planchas de oro que había en el Panteón de Roma con
el fin de decorar los más de 28 metros
que mide el baldaquín. Los romanos se sintieron bastante indignados por esta
decisión ya que este monumento es uno de los más queridos de la ciudad debido a
su antigüedad y a su simbolismo. De ahí que acuñaran la siguiente frase: “Lo
que no hicieron los bárbaros lo hicieron los Barberini”.
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