Días después de
que falleciera el eminente político liberal Práxedes Mateo Sagasta (Torrecilla
de Cameros, Rioja, 1825 - Madrid, 1903) su hijo acudió al despacho que éste
tenía en el Congreso de los Diputados para recoger los enseres que su padre había
quedado allí, pero cuando rebuscaba en los cajones se encontró de pronto con un
sobre que contenía cinco pesetas. Extrañado se fijo en que en la parte trasera
había algo escrito con la letra de su padre que decía lo siguiente: “Por si me
tengo que volver a mi pueblo”. Se cree que eran unos ahorrillos que había ido
guardando poco a poco por si alguna vez era despedido o se producía algún golpe
de estado y tenía que poner pies en polvorosa y regresar a su pueblo de la
Rioja.
domingo, 10 de julio de 2016
jueves, 30 de junio de 2016
BREVE HISTORIA DE LOS CELTAS - Manuel Velasco
Aunque el viento se lleve las palabras,
Las historias narradas llegarán a ser tan viejas
Como la luna errante. (William Yeats, 1889)
El cine como fábrica
de ilusión. Me encantan las películas. Las devoro. Soy un auténtico cinéfago.
Me encantan cualquier género, incluido el histórico. Es por eso que no hace
mucho tiempo escuché a un buen amigo comentar si alguna vez había observado la
diferencia entre películas ambientadas en Roma y su mundo, y las que tratan
exclusivamente sobre los habitantes del norte de Europa, es decir celtas y
nórdicos. Me dijo que la diferencia estribaba sobre todo en el tiempo y en el trato
a las personas. En las que hablan sobre romanos casi siempre hace buen tiempo,
pocas veces llueve y todo es soleado. Éstos son inteligentes, tenaces y
emprendedores, mientras que en las de los “barbaros” ocurre todo lo contrario.
Allí todo es gris, embarrado, y son brutos y sucios como ellos mismos. Y eso también
se puede extrapolar a las que tratan sobre la antigüedad y las ambientadas en
la Edad Media. Aquello me hizo pensar, y llegué a la conclusión de que tenía
bastante razón, pero que no solo pasaba en el cine sino en cualquier otro género
artístico como por ejemplo la literatura, ya fuera en forma de novela o de
ensayo. Como consecuencia de ello, es normal que mucha gente desconozca
verdaderamente como eran los habitantes del norte, y que piensen que eran meras
bestias sin cultura alguna. Evidentemente no era así pues el pueblo celta, y
sus ramificaciones por buena parte de Europa es una de las civilizaciones más
ricas que existen. Poco a poco, en la actualidad, parece que las letras
comienzan a valorarlos más y a descubrir lo fascinantes que eran. El libro Breve Historia de los Celtas, de Manuel
Velasco es uno de esos ejemplares que reivindican la deslumbrante herencia de
esta cultura permitiendo al lector bucear en una época que desgraciadamente ha
sido muy castigada por la historiografía.
El autor se
remonta a sus mismísimos orígenes míticos para enseñarnos como se fundó el
pueblo celta y cuáles fueron las zonas de influencia que ocuparon en Europa.
Desde la nebulosas tierras de Albión hasta incluso el oriente más enigmático.
Rememora las gestas de sus valientes guerreros y caudillos, como la indómita Boudica,
el persistente Vercingetorix o el propio héroe lusitano Viriato. Pero no todo lo que ofrece Manuel Velasco en
este ensayo son ejemplos de guerras sin cuartel, en donde las espadas
bendecidas en sangre forjan las leyendas del mañana, sino que también hay
espacio para mostrar el arte que impregnaba su día a día, las historias increíbles
de sus dioses, o la forma en que este pueblo vivía, destacando su dedicación no
solo a sus tierras, sino también a cualquier trabajo delicado. La forja, el
ornamento, y la cultura literaria era algo que los celtas llevaban en sus
venas. Las intrincadas formas, las sinuosas tallas en cruces pétreas y estelas
dan un ejemplo del refinamiento de esta gente. Además este libro, Breve Historia de los Celtas se amplía
con un tercer capítulo y un anexo que hace que el lector quiera conocer su increíble
gesta no solo a través de sus hojas sino trascendiendo a lugares donde dejaron
su impronta inmortal. Llama la atención como el autor nos deja esas coordenadas
territoriales, sino que incluso se acerca a otros campos como la música, el
cine, juegos, festivales celtas, e incluso sabe actualizarse al mundo moderno recomendándonos
apps sobre celtas. Desde luego, un libro de lo más completo que verdaderamente
va hacer las delicias de aquellos que quieran saber que la cultura de la antigüedad
no solo era propiedad de griegos y romanos, sino que también si se mira un poco
más al norte existió otro pueblo igual de extraordinario… los celtas.
lunes, 27 de junio de 2016
LA PRIMERA BANDERA DE ESTADOS UNIDOS
Uno de los cuadros
más famosos y épicos que narran la Guerra de Independencia americana (1775 –
1783) fue el que pintó Emanuel Leutze en 1851 titulado "Washington cruzando el Delaware".
En este lienzo el autor plasma el momento en que el general continental George
Washington, en plan comando, lanzó sus tropas exhaustas a través de este rio
helado la noche del 25 al 26 de Diciembre 1776 para acabar con las tropas
enemigas en la Batalla de Trenton. Sin lugar a dudas es un cuadro precioso,
pero desgraciadamente tiene un grave error histórico. Si se observa bien, en el
centro de la barca, detrás del general, se ve un retazo de bandera americana
con las típicas barras y estrellas que conocemos en la actualidad. Pues bien en
el año que se produjo este hecho esa bandera no existía. Al comienzo de la
contienda el ejército continental (el americano) llevaba una bandera en la que estaban
las famosas barras rojas y blancas pero en vez de estrellas aparecía la
británica Unión Jack. Esta bandera, llamada Grand
Union Flag, venía a decir que aunque
estaban en guerra con los ingleses, los americanos se consideraban
descendientes de la madre patria. Pasado el tiempo, a mediados de 1777, esta
bandera fue abandonada y sustituida por la actual aunque con menos estrellas,
en total 13, que eran los estados que existían en ese momento.
(Esta historia
está dedicada al doctor Sheldon Cooper y su programa Diversión con Banderas)
viernes, 24 de junio de 2016
LAS TAPADAS CRISTIANAS
Una de las cosas
que más llaman la atención en la España de los Austrias es que junto a un gran
número de escándalos que salpicaban no solo a la sociedad sino también a las
altas esferas de poder, éstos convivían sin ningún problema junto a una moral
extremadamente rigurosa y pacata que afectaba sobre todo al mundo femenino. Muchas
de las mujeres, por el miedo al “qué dirán”, vivían casi encerradas en casa,
saliendo muy poco a la calle por el miedo que tenían los padres y maridos a
perder su famosa honra. Algunas
incluso se conformaban con ver la calle a través de una celosía mientras hacían
sus labores o rezaban. Pero como la mente humana nunca puede estar quieta, las
mujeres agudizaron el ingenio y comenzaron a salir a la calle envolviéndose la
cabeza con velos y mantos de color negro dejando solamente a la vista un ojo
con el que poder ver por dónde iba y evitar el peligro de tropezarse y caerse
posteriormente. Este nuevo tipo de vestimenta, muy parecida a las tapadas
moriscas, pronto se puso de modo e incluso fue imitada por las damas de alta
alcurnia para poder así escapar de sus oscuros palacios.
Esta forma de
vestir se convirtió en sinónimo de
aventura y galanteo, y es por eso que en 1586, tras sufrir el acoso de los
sectores más reaccionarios de la sociedad, el monarca Felipe II difundió una Pragmática
en la que se condenaba el uso de estos mantos bajo pena de pagar 3000 maravedíes
de multa. Pero esta Pragmática, aunque confirmada en las regencias de Felipe
III, Felipe IV y Carlos II, fue muchas veces ignorada por las mujeres que
preferían pagar esta multa con tal de seguir teniendo algo de libertad. Tan
grande era la costumbre de llevar esta vestimenta que incluso en la América
colonial también se usaba, destacando en Perú las llamadas Tapadas de Lima, o
Limeñas.
La visión de una mujer que llevaba la cabeza
tapada y que veía el horizonte con un solo ojo fue algo normal en la calle
hasta mediados del siglo XVIII cuando el rey Carlos III prohibió en 1770 el uso
de estos mantos bajo durísimas sanciones, pues creía que la mujer que lo usaba
no solo escondía su rostro sino que también llevaba malas intenciones morales y
criminales.
martes, 21 de junio de 2016
LOS DISTURBIOS DE LOS SOMBREROS DE PAJA
Como muy bien muestra
la película Gangs of New York (2002) la
ciudad que nunca duerme fue muy conflictiva durante el siglo XVIII y el XIX.
Esta violencia era provocada por distintas bandas rivales que tenían
atemorizados a los neoyorquinos y a cualquier persona de orden que andará por
sus calles, como por ejemplo por el mítico rincón de Five Points. Estas bandas
traficaban con alcohol, prostitutas, drogas, extorsionaban a los inmigrantes
que llegaban a la ciudad y continuamente estaban enzarzadas en disputas que muchas
veces acababan en grandes combates. Uno de estos fue conocido como los Disturbios de los Sombreros de Paja
(1922) y según parece fue provocado por una absurda ley que decía que a partir
del 15 de Septiembre no se podía llevar sombreros de paja por la calle y debían
cambiarse por los de fieltro. Si algún miembro de una banda veía a una persona
con uno de ellos puesto después de la fecha establecida tenía permiso no solo para quitárselo
sino que también podía golpearle para que no se olvidara de cumplir esta
costumbre. Pues bien, una de estas bandas quiso adelantarse a la fecha, y sin
previo aviso empezaron a quitárselos a manotazos a los trabajadores del puerto
de Manhattan. Claro está, éstos no se lo tomaron muy bien y en respuesta a ello
comenzaron a dar palizas a cualquier
banda que vieran por las calle a la vez que cortaron el puente de Manhattan. Pero
los pandilleros no se quedaron quietos y en respuesta empezaron a pegar a
cualquier persona que vieran con un sombrero de paja en la cabeza. Los
disturbios duraron casi ocho días, y terminaron cuando un gran número de
combatientes acabaron en el hospital.
lunes, 20 de junio de 2016
MARIANA PINEDA – José Luis Olaizola
En virtud de lo
pactado en el Congreso de Viena de 1814, los países firmantes de la Santa
Alianza, dictaminaron que ya era tiempo de acabar con aquel sueño que se había
instalado en España durante el llamado Trienio Liberal (1820-1823). Aquel
último año el sonido claveteado de las botas de los Cien Mil Hijos de San Luis,
ejército combinado de tropas francesas y españolas comandado por el duque de
Angulema, irrumpieron en la Península Ibérica y terminaron de destrozar a las
tropas libertarias en la Batalla del Trocadero (Cádiz). Aquel 31 de Agosto las
bayonetas francesas echaron por tierra el proyecto de llevar a España un paso
adelante e igualarlo a las libertades y oportunidades que había normalmente en
otros países europeos. Como consecuencia de ello se volvía a instaurar una
nueva regencia de Fernando VII, rey felón por excelencia, y tras abominar del
juramento que había hecho sobre la Constitución de 1812, sumerge a España en
una época oscura y represiva donde su poder será el garante de todo atropello y
villanía. Este tiempo será tristemente conocido como la Década Ominosa (1823 –
1833). Pero a pesar de que una noche de
terror se ha echado sobre esta vieja piel de toro, los rescoldos del antiguo
fuego no son apagados del todo y aquí y allá asoman de vez en cuando algún
personaje que defiende las anheladas libertades. Y sobre todos éstos destaca
uno que hará temblar los cimientos del poder omnímodo del rey Fernando. No es
un general erizado de bayonetas, ni un político esquivo con gran poder de
oratoria. Se trata sencillamente de una muchachita de Granada, que tras bordar
un símbolo, una simple bandera se convertirá en un mito de nuestra Historia. Su
nombre es Mariana Pineda y es por
excelencia la heroína y mártir del liberalismo español. (Seguir leyendo)
sábado, 4 de junio de 2016
BREVE HISTORIA DE LA GESTAPO - Sharon Vilches Agüera
(...) Una mujer le dijo a mi conocido polaco
que varios hombres de la Gestapo habían entrado en la maternidad judía, se
habían llevado a los recién nacidos, los habían puesto en un saco, habían
salido y los habían echado a un coche fúnebre. Los malvados no se conmovieron
con el llanto de los niños ni con las quejas desgarradoras de las madres.
Aunque casi no se pueda creer, fue así. (Wladyslaw Szpilman)
Desde que el
mundo es mundo, reyes, emperadores, y grandes dirigentes en general, han
necesitado un cuerpo policial que preservara el gobierno establecido, y, además,
se adelantara a los movimientos internos que pudieran desestabilizarlo. Los ha
habido de todas las clases, buenos, malos, casi invisibles, pero de entre todos
ellos destaca uno, debido sobre todo a su funesta y terrible fama, la Geheime Staatpolizei, o Policía
Secreta del Estado, comúnmente conocida como la Gestapo. Ya solo con oír su
nombre un frio glacial recorre nuestra columna vertebral y una sensación de
miedo nos hace evocar imágenes de hombres con gabardinas negras, mirada de
acero, paso marcial, y ausencia de sentimientos humanos, al igual que los que
aparecen en las películas de Indiana
Jones, quienes aterrorizaron durante doce años al mundo entero con sus
brutales formas de tortura y su cultura de violencia sin límites. Es difícil hablar
de este grupo policial sin sentir nauseas por lo que hicieron, pero por el bien
de la Historia en general, y para que la desmemoria no oculte el verdadero mal
que propiciaron, es necesario alguna vez
acercarse al precipicio y contemplar el ojo del averno de esta organización.
Así pues les presento un libro que les acercara de manera didáctica a una de las
páginas más negras de la humanidad: Breve
Historia de la Gestapo, escrito por el historiador Sharon Vilches Agüera
para Nowtilus. (Continua leyendo)
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