viernes, 31 de enero de 2014

EL TORERO Y EL FILÓSOFO



Cuentan las crónicas que un día presentaron a José Ortega y Gasset al torero Rafael Guerra Bejarano, alias “El Guerra”, quien entonces era un muy famoso cosechando triunfos tanto en las plazas de toros de España como de América. Se dice que el diestro preguntó a Ortega y Gasset lo siguiente: Y usted ¿a que se dedica?. El filósofo con toda naturalidad le aclaró que se dedicaba a pensar. Aquella respuesta desconcertó a Rafael Guerra que pasando del desconcierto a la risa no se le ocurrió otra cosa que decir:  

                              Desde luego, ¡hay gente pa tó!.

jueves, 30 de enero de 2014

LOS TIRABUZONES DE LA LIBERTAD



¿Quién no ha escuchado alguna vez esta alegre tonada?

Con las bombas que tiran
los fanfarrones
se hacen las gaditanas
tirabuzones.

Los “fanfarrones” eran, evidentemente, los franceses los cuales desde 1810 a 1812 sometieron a férreo sitio a la muy ilustre y heroica de Cádiz. Como la ciudad, es esencialmente una pequeña península, las tropas de Napoleón solo podían reducirla a base de un cañoneo continuado. Pero las distancias de disparo jugaban a favor de los gaditanos ya que aunque los franceses arrojaban fuego día y noche solo podían hacer llegar sus obuses hasta la mitad de la ciudad. Éste era un problema que quitaba el sueño a los artilleros enemigos los cuales ideaban inventos para que sus proyectiles fueran un poco más lejos. Uno de estas “ideas” era la de introducir dentro de la bala de cañón unas láminas de plomo para que cuando fueran por el aire se enfriaran e hiciera a la bala más pesada. Cuando tocaba tierra ésta se partía en varios trozos arrojando un buen número de letal metralla. Cuando pasaba el peligro los gaditanos se acercaban al lugar del impacto y descubrían que aquellas láminas de plomo se habían rizado, por lo que las muchachas, después de recogerlas con cuidado, las utilizaban como bigudíes para rizarse el cabello en bellos tirabuzones.

miércoles, 29 de enero de 2014

VIVOS EN EL AVERNO NAZI - Monserrat Llor



El animal más feroz de la tierra es el hombre. Qué pocas personas, qué pocos animales hay que maten para divertirse… Allí, en Mauthausen, en Gusen, eso era cada día, con las SS, con los kapos… (Luis Estañ Alfonsea)

Quién mejor lo definió fue Isaac Stern cuando al terminar de redactar la famosa lista de salvación junto a su patrón, Oskar Schindler, le dijo: El nazismo es el mal absoluto. Ha habido a lo largo de la historia regímenes de terror, ideas macabras de muerte y locuras de dictador, pero quien se lleva el premio en esta escalada surrealista de sangre y dolor es el nacionalsocialismo alemán nacido tras las cenizas de la Primera Guerra Mundial. Sus números lo avalan: más de seis millones de judíos muertos durante el Holocausto; cientos de miles de desaparecidos que hoy todavía no se sabe en que fosa están; y cientos de lagrimas vertidas en una guerra que a punto estuvo de convertirse en el Apocalipsis. Como curiosidad, y para que vean hasta que límites llegó la locura nazi hace poco se ha averiguado que Himmler, el subalterno de Hitler, mientras acababa con la vida de prisioneros políticos y judíos en los distintos campos de concentración, se sabe que al mismo tiempo mandaba cartas cariñosas a su familia y regalaba una casa a su amante decorada con muebles confeccionados con ¡huesos humanos!.(Continua la lectura)

LA CASA “HISPANA”



Si las piedras tuvieran voz, seguramente el idioma en que hoy hablaría la Casa Blanca sería el español. Parece ser que en 1785 llegó a Georgetown (futura ciudad de Washington) un español de origen navarro llamado Pedro Casanave que muy pronto, gracias a su astucia en el comercio y a los contactos con las altas esferas, se convertiría en personaje principal de aquella floreciente ciudad. Su amistad con el primer presidente de los Estados Unidos, George Washington, y su cargo como Maestro Masón de la Logia número 9 hicieron que al poco tiempo de estar allí fuera elegido Alcalde de la ciudad, pasando entonces a cambiarse el nombre por el de Peter Casanave.

Pero principalmente por lo que pasó a la historia fue por colocar la primera piedra de la Casa Presidencial, más tarde llamada Casa Blanca, en donde se tenía pensado que vivirían a partir de entonces los presidentes de aquella incipiente nación. Curiosamente, para enterrar aquella piedra, Pedro Casanave eligió el 12 de Octubre de 1792, es decir durante el 300 aniversario del Descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón. Aquel día, después de una gran fiesta en una taberna de la ciudad llamada The Fountain Inn, en donde se solían reunir la clase alta, la comitiva inaugural se acercó a un solar en donde estaría en un futuro la Casa Presidencial. Unos obreros, que anteriormente habían abierto un pequeño agujero en el suelo, le acercaron la piedra a nuestro protagonista, y éste con gran solemnidad la enterró echándole un par de paladas. Se sabe que antes de colocarla había puesto debajo una placa de bronce en la que se podía leer:

Esta primera piedra de la Casa Presidencial se colocó el día 12 de octubre 1792, y en el 17 º año de la Independencia de los Estados Unidos de América.

Así pues, si alguna vez pasean por el 1600 de la Avenida Pensilvania, y se paran delante de la bella fachada de la Casa Blanca, pueden inspirar hondo y sentirse orgullosos de saber que aquel edificio tiene acento español.

martes, 28 de enero de 2014

JUNTOS PERO NO REVUELTOS



Durante la Guerra Civil las milicianas no siempre fueron bien acogidas en el frente republicano. Muchas de ellas quisieron colaborar en la lucha con sus correligionarios mientras que otras fueron allá esencialmente para “levantarles el ánimo” (ustedes ya me entienden). Pues bien, un ejemplo de que algunos consideraron molesta la aparición de las féminas en el frente lo podemos observar en la actitud de algunos líderes del Frente de Aragón. Parece ser que cuando las columnas republicanas se dirigían a Zaragoza a liberar la ciudad se les acabó uniendo una gran cantidad de mujeres que iban junto a las milicias anarquistas. El problema es que algunas de ellas no iban por ideales libertarios sino por ganar algunas monedas favoreciendo el descanso del guerrero. En su mayoría eran mujerzuelas procedentes de malos barrios de Barcelona u otras ciudades de la zona, y lo que creían que era un buen servicio a la República acabó convirtiéndose en un gran problema pues empezaron a propagar enfermedades venéreas entre los soldados. Enfermedades que producían más bajas que las propias balas. Tan alarmante fue el problema que incluso se acabó promulgando una Orden de la Consejería de Defensa de la Generalitat, presidida por el coronel Sandino, en el que se advertía que cualquier persona que hubiera contraído alguna de estas enfermedades se convertiría en un desertor y acto seguido sería fusilado en una tapia de cementerio.

Aun así, a pesar de esta orden tan sería, la situación no mejoró ya que algunos capitanes o no pudieron ejecutar esta disposición por miedo a lo que les hicieran sus propios hombres o la obviaron totalmente, y aunque a veces se las encerraba en vagones de tren para devolverlas de vuelta a casa muchas de ellas volvían al poco tiempo haciendo que una gran cantidad de  aquellos milicianos murieran sin que hubieran intercambiado ni un disparo con el enemigo. Fue en ese momento cuando se tomó la terrible decisión de expulsarlas definitivamente del frente. Uno de los encargados de ello fue Durruti a quien no le tembló la mano al mandar fusilar a aquellas que o bien fueran pilladas in franganti en las trincheras o se negaran a abandonarlas. Por ejemplo en la plaza de Bujaraloz, sede del Cuartel General de las Columnas roji-negras fueron pasadas por las armas un buen número de aquellas mujeres.

lunes, 27 de enero de 2014

DE TAPAS CON LOS ALFONSOS



El origen de esta costumbre tan sana de la cultura hispana hay que buscarla en plena Edad Media, precisamente durante el siglo XIII, cuando una vez Alfonso X enfermó. Los médicos no sabían muy bien como tratarlo hasta que uno de ellos le recomendó (¡bendito el día que se le ocurrió!) tomar un tentempié a media mañana, antes de las comidas, acompañado de un vaso de vino. El monarca decidió seguir los consejos de su galeno y pasados unos días comenzó a recuperarse. Tan contento quedó con el resultado que inmediatamente promulgó una ley en la que se obligaba a las tabernas de todo el reino a servir junto con el vino o la cerveza un platito de comida.

Pero todavía a esta medida no se le llamaba “tapa”. Tal denominación no se le pondría a este refrigero hasta el siglo XX. La culpa de ello la tiene otro rey Alfonso, en concreto el XIII de su nombre. Una vez que estaba de visita en Cádiz se sintió algo cansado y se sentó en un bar cercano a la playa de La Caleta. Le trajeron un vaso de vino y un plato con unas lonchas de jamón. En el momento en el que se disponía a beber se levantó una ventolera muy fuerte arrastrando consigo una gran cantidad de arena de la playa. En este punto difieren las versiones pues unos dicen que fue el camarero y otros que el propio rey quien puso una loncha encima del vaso a modo de “tapa” para que no se le estropeara la bebida. De ahí el nombre.

domingo, 26 de enero de 2014

PROVEEDOR DE LA CASA REAL



A Fernando VII sus enemigos, y con razón, le llamaron traidor y felón, y la historia con todo merecimiento lo ha honrado con el título del peor rey de la Historia de España, pero a pesar de esta condición tan negativa el pueblo lo quería y lo ensalzaba debido a lo campechano y dicharachero que era con el vulgo. Un ejemplo de ello lo podemos apreciar en que una vez cuando el monarca iba a salir de Palacio, entre el gentío, se le acercó un aguador de la plaza de Oriente para ofrecerle un poco de agua. En el acto su propia guardia de Corps lo detuvo para evitar problemas pero Fernando VII, saltándose el cordón de seguridad, ordenó que lo soltaran y ante el asombro de todos los presentes bebió gustosamente del cacito que aquel hombre le servía. Al día siguiente el mismo aguador comenzó a pasearse arriba y abajo por los alrededores de Palacio llevando un cartel que decía: “Proveedor de la Real Casa”.