Cuando estés en Roma, compórtate como los romanos. (San Agustín)
Hemos visto un buen número de películas, llamadas
comúnmente como “de romanos”, en las que el director y los actores pretenden
ofrecer al espectador un reflejo más o menos fiel de la época republicana o
imperial. Con emoción nuestros ojos ven las venturas y desdichas de los
emperadores, sus conquistas y sus megalomanías, pero aunque el film nos parezca
impecable siempre nos queda la sensación de que lo que los actores nos han
ofrecido es solamente cartón piedra sin trasfondo ninguno. Historias ya
conocidas pero vacías de contenido. Un mundo maniqueo en el que parece que la
población es solamente una mera comparsa para las ambiciones de sus dirigentes.
Pero parece que poco a poco, en la historiografía actual se esta abriendo una
nueva disciplina en la que se da más primacía a la sufrida población que a los
emperadores, ofreciéndonos de manera rica y diversa el modus vivendi del romano medio o pobre. Esta es la línea que ha elegido
Juan Eslava Galán en su obra Roma de los Cesares, mostrarnos un colorido
fresco de la vida más íntima de la Ciudad Eterna.





